VOLCANO Libros, nuevo sello editorial sobre literatura y naturaleza.

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Como decíamos ayer (en el post anterior), una vez superado el escollo de la búsqueda de un distribuidor y reorientado el proyecto en su conjunto, VOLCANO Libros es finalmente el nombre del sello editorial que, si nada se tuerce, verá por fin la luz en otoño. Y a todo el que se lo cuento se alegra mucho, aunque enseguida asoma la pregunta inevitable: «¿pero de qué van los libros?». Yo ya estoy preparado y lo digo/escribo (para no andarme por las ramas) de una forma bastante sucinta:

Libros de literatura y naturaleza. O ambas [cosas] a la vez.

Soy capaz incluso de decirlo con una sola palabra empleando un término que he acuñado para el género que me propongo desarrollar: «litenatura». ¿No es brillante? Crear una editorial que edita y publica litenatura. Lo reconozco, no tengo abuela, y si nadie me anima en esta aventura que por cierto ya no tiene vuelta atrás, tendré que ser yo mismo el que crea y me diga que es una propuesta original, atractiva y, sobre todo, «que puede funcionar» y hacerse un hueco entre las pequeñas editoriales independientes.

Aún así, veo caras de extrañeza y de no entender exactamente qué tipos de libros serán esos por mucho que hable de literatura, de naturaleza o de litenatura. Y es que estoy convencido de que solo se entenderá cuando quien pregunta los pueda manosear y por supuesto leerlos.

Tratando de formular la propuesta editorial de una forma un poco más científica, creo que podría ser algo así:

VOLCANO Libros quiere ofrecer una muestra amplia de la representación literaria que ha hecho el hombre de la naturaleza, e indagar en su relación. Obras sobre la naturaleza, pero también sobre nosotros mismos, esa otra «naturaleza olvidada» de la que habla Nietzsche: el hombre como parte de la naturaleza y, por tanto, naturaleza él mismo.

Libros dirigidos a un lector cada vez más receptivo e interesado por la naturaleza y el medioambiente, y que vuelve la mirada al entorno natural en busca de un mundo mejor y más humano.

Una única colección de ficción y no ficción. Con especial atención al género de nature writing, el ensayo filosófico, memorias, autobiografía, aventura y viajes, siempre en estrecha relación con la naturaleza. Pero también narrativa literaria donde la naturaleza tiene un papel determinante, bien como protagonista o como escenario privilegiado. Autores clásicos y contemporáneos.

Espero que así se entienda un poco mejor y, sobre todo, que pueda resultar una propuesta interesante, aunque sin duda serán el tiempo, las ventas y los posibles lectores quienes se encargarán de juzgarlo.

Lo que ya pueden juzgar ustedes sin necesidad de leer todavía ninguno de los libros es tanto el nombre como la imagen que pondrá cara a la editorial. Para gustos los colores, pero en este extremo puedo confesar sin sonrojo que estoy encantado con ambas cosas. VOLCANO es el naming —tremendo palabro— pensado por el propio editor, mientras que la imagen —en este caso el «imagotipo»—, es obra de Mikel Escalera, ilustrador y diseñador gráfico. Algo tienen los volcanes que les hace atractivos. Esto leí en algún sitio:

Los volcanes provocan tanto miedo como satisfacción: son una obra maestra de la naturaleza, capaces de destruir y brindar un espectáculo mágico.

Nombre e imagen identificarán y ayudarán a visualizar la idea central de la editorial: ¿recuerdan aquello de literatura, naturaleza o litenatura? Confío en que dentro de unos meses, cuando entren en una librería, sean capaces de preguntar por los libros de VOLCANO, los compren, los lean, los disfruten y los recomienden. Mientras todo eso llega, y si les interesa, sigan atentos a esta pantalla.

La prueba del algodón para un nuevo proyecto editorial

Almacén Les Punxes

Almacén logístico de Lex Punxes en Sant Feliu de Llobregat

Les dije que permanecieran atentos a la pantalla. Si he tardado mucho en escribir este nuevo capítulo no ha sido precisamente por estar cruzado de brazos sino porque pensé que las cosas se desarrollarían a mayor velocidad. Pero, ¡ay! ingenuo de mí. Lo que era un comienzo prometedor (la constitución de una sociedad para desarrollar el proyecto editorial) tan solo era un pequeño accidente. La chispa que prendía la mecha… pero una mecha que estaba algo húmeda.

Quiero decir que el camino hasta aquí, seis meses después, ha sido algo tortuoso. Principalmente porque había una gran piedra en el camino que me impedía continuar. Sabía que la piedra iba a estar ahí, pero no de tal volumen. Me refiero a encontrar un distribuidor, «una empresa que –en palabras de uno de sus responsables— actúa como comercial, logístico y cobrador». En definitiva, quien debe llevar («colocar» en el argot del sector) los libros a las librerías; el eslabón imprescindible entre autor y editor y los libreros y lectores. Porque como algún editor me dijo: «da igual que tus libros estén muy bien hechos y sean muy bonitos, que si no se ven en las librerías nadie los comprará». Y para eso hace falta una empresa de distribución; en mi caso ambicionaba una de las que forman parte de la primera división para las pequeñas y medianas editoriales (*).

La idea romántica sobre los libros se evapora cuando, además de producto cultural, son una mercancía como otra cualquiera que hay que diseñar, producir, llevar a los comercios y vender.

Esa búsqueda, la de un distribuidor, es lo que ha dilatado todo el proyecto. Pero también, y debo ser honesto, lo que me ha permitido recapacitar sobre ciertas cosas para reorientarlo y mejorarlo. Por ejemplo, la línea editorial —aquello que define el ADN de la editorial—, que debería haber estado perfectamente definida desde el minuto uno, pero (error de principiante) no lo estaba en absoluto. Era una propuesta muy generalista donde cabía de todo pero que no se caracterizaba por nada. Lo que alguien me insinuó que era «más de lo mismo». Y aunque eso me llegó al alma, no le faltaba razón. Y, por otra parte, el diseño editorial. Creí que había hecho algo interesante, y lo era, pero no lo suficiente para ser además realmente potente y atractivo.

Y rectificar esas dos claves, línea y diseño (hasta el punto de buscar un nuevo nombre para el sello editorial: VOLCANO Libros), ha sido definitivo para «pasar la prueba del algodón» –así me dijo el distribuidor para mi perplejidad— y aceptar el proyecto. «No cogemos más de tres o cuatro nuevas editoriales al año», añadió…

Sí, fue un enorme respiro, y por eso supongo que debo de estar contento. Porque el proyecto ahora sí podrá ser una realidad. Lo contrario, lo reconozco, me hubiera hecho abandonar. Pero la alegría dura poco porque si el futuro aparece despejado, los días se convierten ahora en una carrera contrarreloj para estar en las librerías no ya en esta primavera, pero sí en el próximo otoño y, por lo tanto, hacer lo que un editor y una editorial tienen que hacer: buscar autores, leer las obras y negociar sus derechos para adquirirlas, contratar traductores, revisar textos, diseñar las cubiertas, visitar la imprenta, hacer llamadas y enviar correos electrónicos…

La moraleja me la llevo puesta: el camino es largo y las cosas únicamente se aprenden haciéndolas. Aunque en algún momento te equivoques y toque rectificar, que es de sabios. O como bien decía Augusto Monterroso, mejor y más breve:

La única manera de vencer el miedo a hacer algo es haciéndolo.

Seguiremos informando.

 

(*) La asociación, en este caso, formada por Machado Grupo de Distribución S.L. (Madrid, Toledo, Cuenca, Ciudad Real y Guadalajara) y Les Punxes Distribuidora S.L. (resto de España).

Nace PÅPEL K Editorial

 

Papel K Editorial

 

PÅPEL K Editorial S.L.

Las lluvias del otoño han barrido finalmente los nubarrones que se cernían sobre el nacimiento de este nuevo proyecto editorial. Y como el recién nacido ya está aquí hacía falta darle un nombre y vestirlo para presentarlo en sociedad. Pues bien, les aseguro que elegir el nombre y la imagen para una editorial puede ser tan sencillo o tan complicado como uno quiera, porque siendo de algún modo accesorio –la verdadera razón de una editorial es publicar libros que gusten a sus lectores— es, a la vez, tremendamente importante. O así me lo parece a mí.

En este caso la elección del nombre ha sido fruto de un proceso bastante más largo que la elección de la estética de la editorial, aunque aparentemente debiera haber sido al revés. Desde hace mucho tiempo hubo varios nombres en la lista: por razones concretas o por su sonoridad, por su peculiaridad o por ninguna razón en especial. Sin embargo, PAPEL K se fue instalando poco a poco en mi cerebro como la opción que mejor representaba el concepto de editorial que se había ido formando a la vez en otro rincón del mismo cerebro. Parecía que nombre e idea caminaban juntos, y decidí que me gustaba. Era (es), además, un nombre fácil, corto y sonoro.

Nos gusta el papel. No hay duda. Lo llevamos en el nombre. Y los libros son un dispositivo perfecto que siempre funciona.

La editorial toma su nombre del papel kraft, un tipo de papel basto y grueso de color marrón, fabricado con pasta química, sin blanquear y sometido a una cocción breve, «muy resistente al desgarro, tracción o estallido». El nombre de este papel deriva del proceso de fabricación kraft, una palabra que en alemán y sueco significa «fuerza». Me pareció que creer en los libros y la lectura como herramientas poderosas para transformar el mundo, era una buena razón, al menos tan interesante como cualquier otra.

En PÅPEL K creemos en la fuerza de los libros y la lectura para transformar el mundo.

Página web de bienvenida.

Editorial boutique

Ya he dicho que el nombre acompañaba a un concepto en el que creo –editorial boutique—, para referirme a una editorial con un estilo y una personalidad muy marcada cuya propuesta de valor reside en tres pilares: una cuidada selección de las obras, una estética muy atractiva y una relación cercana con los lectores. Un concepto que se apoya además en la combinación de tres palabras:

Boutique (voz de origen francesa), que es una tienda de productos selectos.

Eclecticismo, que se refiere a la combinación de elementos de diversos estilos, ideas o posibilidades.

Conmover (del latín commovēre) que significa perturbar, inquietar, alterar, mover fuertemente o con eficacia a alguien o algo.

Con estos mimbres, la línea editorial estará marcada por la singularidad de cada título individual y, por tanto, por la diversidad del conjunto de las propuestas. Publicaremos obras de narrativa y ensayo de calidad literaria, con especial énfasis en historias y vidas también singulares. Obras recuperadas o de nueva factura sin reparar en coordenadas geográficas, temporales o de género: «Libros singulares. Lectores curiosos».

Isologo

Pero faltaba la imagen que, acompañando a nombre y concepto, ayudara a crear la marca de la editorial. Aquí conté con la ayuda de Mikel Escalera, ilustrador y diseñador gráfico afincado en Vitoria. Hablamos, nos cruzamos documentos y comenzamos a trabajar. Aunque partíamos de una idea distinta, concluimos en optar por un isologo, una imagen en la que texto e icono se encuentran agrupados y donde uno no funciona sin el otro: el «PÅPEL» incrustado en vertical en su cartucho y las aspas de la «K» en forma de libro abierto. Para la «Å» tomamos prestado el circulito que la corona en el alfabeto nórdico (kraft es una palabra sueca) y que se denomina ångström. En opinión de Mikel, recogía todo lo necesario:

La imagen de la editorial respira elegancia y sutileza, aunque transmite al mismo tiempo un carácter fuerte y maduro. En esa atmósfera, el isologo surge de la abstracción icónica de un libro y se presenta como una gran letra K reconocible en la distancia.

Teníamos por tanto una marca sencilla, visible y fácilmente reconocible. Pero continuamos trabajando con las texturas, transparencias, tipografía y colores; en general sobre todos los elementos que servirán para aplicar al propio diseño de los libros, la página web u otros materiales (tarjetas, catálogos, etc.) y que queríamos que formaran parte de la estética de la editorial y, por tanto, de su personalidad. Entonces Mikel mencionó la idea de incorporar un «personaje» –que no funcionara exactamente como isotipo (una marca reconocible sin el texto)–, pero que de alguna manera reforzara la personalidad de la editorial. Así fue como nos encontramos con nuestro «lector curioso», el oso con el libro en el regazo que simboliza perfectamente –así lo entendimos enseguida– la fuerza irresistible de los libros y la lectura.

En PÅPEL K buscamos lectores curiosos que lean con nosotros.

Papel K

Ahora la teoría ya la conocen ustedes. Precisamente «el papel lo aguanta todo», y si hay que dar muchas explicaciones, malo… Lo sé. Confío en que, olvidándose incluso de todo lo que han leído (si es que han llegado hasta aquí), les guste tanto el nombre como la estética de la editorial. Yo puedo decir que estoy muy satisfecho con el resultado, y aunque ya lo pensaba antes, ahora estoy absolutamente convencido de que era un paso no solo necesario sino fundamental.

Los primeros títulos de PÅPEL K verán la luz dentro de unos meses, bajo el sol de la primavera. Entonces será el momento de la verdad. Pero para llegar hasta allí nos queda primero cruzar un invierno que adivino intenso y apasionante en parecidas proporciones.

Espérennos. Buscamos lectores curiosos. Y usted (ojalá) puede ser uno de ellos.

To be continued / Continuará.

Stay tuned / Atentos a la pantalla.

 

Pequeñas editoriales: entre la independencia y la cuenta de resultados

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Donatella Iannuzzi, editora de Gallo Nero.

Mientras parece que el papeleo termina y avanzo en la constitución y definición de la editorial (espero poder revelar el nombre y la imagen la próxima semana), creo que viene al pelo recuperar algunas de las opiniones que he leído durante los últimos días en boca de los responsables de algunas pequeñas editoriales.

Editoriales o «sellos independientes» que según el Informe del comercio interior del Libro en España, editan cerca del 40% de los libros publicados en el mercado español. Aunque el adjetivo «independiente» es bastante relativo pues, como reconoce Donatella Iannuzzi, editora de Gallo Nero en un artículo firmado por @karinasainz en Voz Populi, «tenemos un criterio asociado a la calidad literaria y cierta independencia, pero en realidad no lo somos o no todo lo que quisiéramos: dependemos de nuestra cuenta de resultados, nosotros no podemos pagar adelantos por un bestseller».

A la pertinente pregunta de si un editor nace o se hace, responde Diego Moreno, responsable de Nórdicalibros, en una entrevista de @pa_dg en ABC que, desde su punto de vista, «un editor se hace pero para tener el espíritu de emprendimiento necesario hay que nacer. Mucha gente piensa que un editor solo es una persona que tiene un gran amor por los libros y un gusto claro que define su proyecto. Esto es así, claramente, pero un editor también es un empresario. Hay que conseguir unir esas dos almas para que una editorial funcione». Y añade:

Si un editor solo es un buen lector, con un gusto exquisito, posiblemente su proyecto de empresa fracase.

Con un argumento similar, y refiriéndose a un mercado donde según @karinasainz «el pez grande y el chico dan círculos en el mismo cubo de agua empozada», Donatella Iannuzzi no dice que esté de moda montar una editorial. «La gente nos ve felices y tranquilos, pero la verdad sea dicha: en un sello independiente cada libro te puede hundir. Y tienes que saber en qué mercado te mueves. Las empresas no funcionan sólo con lo que a uno le gusta».

Aún con todas las dificultades anteriores, Jacobo Siruela, editor de Atalanta, en una entrevista de Enric González en Jot Down, pone una nota de optimismo: «Las editoriales pequeñas son un fenómeno totalmente de esta década y, sobre todo, un fenómeno español. Ocurre justo lo contrario a lo que me decían en los años ochenta: que ya no había espacio para los editores independientes y que todo esto iba a desaparecer y solo iban a quedar las multinacionales…»

Se equivocaron por completo, hay muchas nuevas editoriales con propuestas interesantes.

Yo, por si acaso, tomo nota: del necesario equilibrio entre gusto y cuenta de resultados, de la anhelada felicidad y la necesaria precaución para evitar el hundimiento del Titanic pero, sobre todo, de ser capaz de realizar una propuesta editorial lo más interesante e irresistible posible para los lectores.

To be continued / Continuará.

Stay tuned / Atentos a la pantalla.

Pensar y visualizar la editorial

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Javier García (editor) y Mikel Escalera (diseñador gráfico) en su primer encuentro en El Bistró de La Central, en Madrid.

La decisión de crear una editorial no se toma –obviamente– de la noche a la mañana, y en mi caso es la consecuencia de cerca de dos años de idas y venidas hasta que parece que todo encaja e incluso las dudas (contadas por centenares) se diluyen o quedan arrinconadas por el entusiasmo. Y al final emprendes, o te lanzas o te arrojas (verbos más propios del ámbito cultural) en este caso al abismo de un negocio que no es tal sino más bien un oficio, aunque nadie te libre de destinar un capital en el proyecto. Ahí es donde residen muchas de las dudas al emprender —en lo que pones y en lo que esperas recibir—aunque como me decía Dani Osca, editor de Sajalín, al desearme suerte:

Los números no lo son todo, y para lanzarse a la piscina editorial hay que estar un poco loco y tener la ilusión de un niño.

En definitiva, una variante más sobre la figura del editor que ya explicaba Esther Tusquets de una forma bastante más contundente: «uno se mete a editor como si se metiera a cura». Es decir, cuestión de vocación, pero al parecer también de resignación, como si uno tuviera que pedir perdón por dedicarse a la ingrata, aburrida y poco rentable tarea de fabricar libros. En definitiva, cosas de niños, de locos o de curas.

Pero me he distraído del asunto principal. Si ya me he decidido a arrojarme a la piscina editorial ha sido solo después de pensar qué tipo de editorial quería y qué apariencia tendrían los libros a publicar. Lo primero puede parecer más importante y lo segundo secundario (claro, de segundo) pero para mí formaban un único asunto con dos caras. Ya escuché decir a alguien que te puedes diferenciar por contenido o por estética. O por ambas cosas, añado yo.

Respecto al tipo de editorial y la línea que seguirá, solo puedo decirles de momento que se trata de una «editorial boutique», algo que explicaré más adelante, no sean impacientes. En cuanto a la estética comparto al cien por cien la rotunda recomendación de Diego Moreno, editor de Nórdica libros: «Yo no montaría una editorial si no diera muchas vueltas al diseño editorial». Y tantas vueltas di que las horas de sueño se acortaron muchas noches, hasta que un día –y como en una aparición repentina– todas las nieblas se despejaron y surgió lo que buscaba, aunque aparentemente no supiera con exactitud qué era ni dónde estaba. «Ahora sí, por fin lo he visualizado», me dije entonces. Desaparecieron las dudas y ya tengo claro qué estética quiero para la editorial y cómo van a ser sus libros. Un objeto sobre cuya importancia reflexionaba en una entrevista Emilio Gil, pionero del diseño gráfico en España:

Un objeto creado por el hombre difícilmente superable. La expresión de lo mejor que puede conseguir el ser humano. El contenedor de todo. La capacidad de cambiar el mundo. Y como diseñador, un ejercicio y un reto que nace inédito cada vez que te enfrentas a él.

Una vez visualizado el objeto, necesitaba del trabajo de un profesional que me ayudara a convertir esa idea en una realidad, en un producto físico con un formato y características que —es uno de los principales objetivos que me he marcado—, diferencie nuestros libros de los libros de otras editoriales, llamen la atención y sean reconocidos por los lectores. Ese profesional es Mikel Escalera, un joven ilustrador y diseñador gráfico de Vitoria que, desde su estudio gráfico Okkoto, va a desarrollar el diseño gráfico, editorial y web. La primera sesión de trabajo que celebramos fue en El Bistró de La Central, en Madrid, donde con la ayuda de algunos cafés, sentamos las bases de nuestra colaboración y las líneas de trabajo a desarrollar. Como las ideas derivaron en múltiples afluentes continuamos nuestra «reunión» tomando unos vinos en el Mercado de San Miguel y un bocadillo de calamares en la Plaza Mayor, porque no solo de ideas se alimenta el hombre, y con sustancia en el estómago el cerebro trabaja mejor.

Cuando vean el resultado final ustedes juzgarán si les gusta y si hemos conseguido los objetivos que nos proponemos. No se marchen.

To be continued / Continuará.

Stay tuned / Atentos a la pantalla.

Código 5811: edición de libros

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Titular este post como Borrón y cuenta nueva me parecía muy simple. Serviría para casi cualquier cosa, en este caso incluso para indicar que el propio blog cambia de rumbo, algo que por cierto tampoco estuvo nunca muy claro. En realidad no cambia de rumbo el blog sino quien lo escribe. Y es que lo que he hecho hoy –3 de octubre de 2016– ha sido pasar por la notaría y firmar la escritura de constitución de una nueva empresa de cuyo objeto social y el capital aportado puede ahora dar fe el notario .

La sociedad tiene por objeto el desarrollo de las actividades correspondientes a los siguientes códigos y descripciones de la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE): código 5811. Actividad principal Edición de libros.

Algo similar reza también en los estatutos de la editorial recién creada cuyo nombre y otros detalles permitirán que me reserve de momento, y de la que ahora (se me suben los colores) soy administrador único. Más paradójico resulta aún pensar que con este simple acto legal me he convertido oficialmente y de un plumazo en empresario-editor.

El otoño ha traído estas novedades. De acuerdo, sí, borrón y cuenta nueva. Pasar página (otro frase gastada) y emprender (¿seré un emprendedor, entonces?). Editar es una cosa muy seria, pero ya lo escribí aquí mismo hace algún tiempo: Yo quiero ser editor.

Editar

Del fr. éditer.

1. tr. Publicar por medio de la imprenta o por otros procedimientos una obra, periódico, folleto, mapa, etc.

2. tr. Pagar y administrar una publicación.

3. tr. Adaptar un texto a las normas de estilo de una publicación.

El paso ya está dado y aunque algún talento tengo deséenme suerte, por favor. La necesitaré.

To be continued / Continuará.

Stay tuned / Atentos a la pantalla.

La propaganda de un libro

 

Christy Turlington

Christy Turlington. Instagram: @cturlington

[…] Lo trivial ha anegado la vida literaria contemporánea hasta cobrar, a lo que parece, más importancia que los libros. La propaganda de un libro es más importante que el libro en sí; tal como la foto del autor en la solapa es más importante que el contenido, y la apariencia del autor en los diarios de gran tirada y en la televisión es más importante que lo que el autor haya escrito realmente.
[…]
El mercado literario exige de las personas que se adapten a las normas de la producción. Por lo general, no tolera a los artistas desobedientes, así como no tolera la experimentación, las subversiones artísticas, o a los partidarios de las estrategias extrañas en un texto literario. Recompensa a los diligentes, a quienes respetan las normas literarias. El mercado literario no tolera la idea anticuada de una obra de arte como algo único, irrepetible, como un acto artístico hondamente individual. En la industria literaria, los escritores son obreros sumisos, un mero eslabón más en la cadena de producción.
[…]
Cuando a Robert Mitchum le preguntaron qué pensaba de sí mismo como estrella de cine, su respuesta fue: «Nada. Sobre todo cuando pienso en que Rin Tin Tin también es una estrella». Si hoy se me ocurriera preguntar a un escritor qué piensa de sí mismo como escritor, la respuesta podría ser: «Nada. Sobre todo cuando pienso que si Rin Tin Tin siguiera vivo, sus memorias se convertirían en un superventas.»

Gracias por no leer (fragmento)
Dubravka Ugresic

Lectores reos de la actualidad

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Termino de leer Alabanza (Literatura Random House, 2014) de Alberto Olmos (Segovia, 1975), una interesante novela sobre literatura, que en el año 2019 ya se da por desaparecida. Sebastian Bel, seudónimo del protagonista y alter ego del autor, es un escritor literario que se traiciona a sí mismo escribiendo un best seller (El misterio del mapa o El mapa del misterio, nunca lo recuerda) que se convierte en un tremendo éxito editorial, pero que recibe el engolado y venenoso desprecio del crítico de turno:

«Los que aún confiamos en la condición artística de la palabra escrita, en su valor como conocimiento y legado, no podemos callar ante un atentado contra la dignidad creadora como ha sido la aparición de El mapa del misterio, no podemos no señalar con el dedo a su autor y perderle literal y literariamente todo respeto, ni podemos amilanarnos ante la pequeña vileza que se nos adjudicará si afirmamos que Sebastian Bel es ya un autor al que no hay que tener en cuenta».

Sebastian Bel se retira con su novia a un pueblo casi abandonado y sin conexión a internet, para recobrar la inspiración y la cordura literaria y escribir Las amadas, una colección de relatos sobre las mujeres que han jalonado su biografía (incluidos los escarceos sexuales) antes de conocer a Claudia.

En un momento de la novela, recordando su paso por la universidad durante la década de los noventa, el autor relata cómo Sebastian privilegiaba lo nuevo frente a lo consabido:

«Reo de actualidad, sus querencias lectoras reiteraban su deseo de participar en la conversación del presente. Prefería leer la novela de la que todos estaban hablando que la novela de la que todos seguirían hablando dentro de dos siglos. Si la cultura era un tren al que uno se subía, resultaba que muchas estaciones importantes ya habían quedado atrás cuando se iniciaba el propio viaje; pero qué desgana le daba preocuparse por esas estaciones ya pasadas cuando se sentía en marcha, anhelando la llegada de lo próximo».

¿Se puede expresar mejor el vano deslumbramiento que muchas veces provoca en los lectores esa querencia irrefrenable por la última novedad publicada?

Para gustos, los colores. Como siempre digo, lo importante es leer. A los muertos, a los vivos o a los que acaban de nacer al superpoblado mercado editorial.

Sin embargo, Alberto Olmos y/o su protagonista no se resiste a la esperanza y cree que no todo está perdido:

Y pensó también que quizá la literatura no había muerto, no había sido destruida, sino que sólo estaba replegada, acogida en el regazo de un lector único para un escritor único, que tenía algo importante que decirle.

Para saber algo más:

♦  Entrevista con Alberto Olmos en ABC: Mi jefa de prensa me ha dicho que no diga burradas.

♦  Reseña de Alabanza en el blog La medicina de Tongoy.

Emprendimiento cultural

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El periodista y poeta Antonio Lucas en un acto organizado por Cooltural Plans.

No me gusta esa palabra, ‘emprendimiento’. Sin embargo, el diccionario de la Real Academia Española la ha recogido recientemente para definir la «acción y efecto de emprender», así como la «cualidad de emprendedor». No me gusta por lo desgastada que está en boca de políticos, empresarios, tecnólogos y gurúes varios, y porque se ha elevado a los primeros puestos de los rankings de profesiones mejor consideradas y con más futuro. Una profesión que, obviamente, ejercen los emprendedores. En este caso, sí, me gusta más la palabra y la definición del diccionario para ‘emprendedor’:

«Que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas».

Emprendimiento, no se habla de otra cosa, y todos nos entendemos. Aunque parece que el emprendimiento estuviera reservado únicamente al ámbito tecnológico y a los jóvenes Millennials (los hijos de la generación del Baby Boom que nacieron entre 1981 y 1995), no me parece que la acción de emprender sea privativa de ningún sector ni rango de edad. Como si fuera el coto exclusivo de cientos de start-ups que terminan desarrollando una app (aplicación) para resolver cualquier faceta de nuestra vida desde un smartphone (teléfono inteligente) o tableta.

Afortunadamente también en el sector editorial y en el sector de la cultura en general puede haber, y me consta que los hay, quienes de forma heroica practican el  emprendimiento y la innovación cultural. Lo que sucede es que no cuentan con el glamour que fácilmente nos deslumbra de los que programan con ceros y unos para crear negocios millonarios en el mundo virtual.

Hay emprendedores que se juegan su dinero, su ilusión y su salud en proyectos de un valor cultural indiscutible.

Sólo (con tilde) mencionaré algunos que yo conozco, pero hay muchísimos más:

Ardicia Editorial: editorial literaria independiente fundada en Madrid en 2013.

120 Pies: editorial independiente de ebooks.

Cooltural Plans: diseño, organización y difusión de planes culturales.

Billar de Letras: talleres y tertulias literarias.

Sala-Mandra: espacios y salas de alquiler para organización de actividades.

The Spanish Bookstage: World Spanish & Latin American book rights platform.

Comba Editorial: editorial literaria independiente creada en Barcelona en 2014.

No tengo ninguna duda. Todos ellos «emprenden con resolución acciones dificultosas o azarosas». Larga vida a sus promotores y a sus proyectos.

Libros de verdad o libros de mentira

The New Yorker

Viñeta de Sippres publicada en The New Yorker.

Hace algunos días que me sorprendí a mí mismo empleando un término sobre el que no había pensado nunca antes. Mi madre, que ha cumplido ya los ochenta, lleva unos meses en cama por una dolencia de espalda. Ella, que supera con creces el perfil de «lectora frecuente» (aquellos que leen un mínimo de una vez por semana), y que hace tiempo que está habituada a leer e-books en un dispositivo electrónico, había dejado de hacerlo porque no le gusta leer en la cama.  Sin embargo, desde que ha podido sentarse en una butaca, ha recuperado poco a poco el hábito lector. Pero lo que llamó mi atención el otro día fue ver lo que vi en su mesilla de noche. Entonces dije lo que dije:

– Mamá, estás leyendo un libro de verdad… Y según lo decía me resultó extraño.

– Sí –respondió ella-. Tenía ganas de leer un libro como tú dices: un «libro de verdad».

Si hablamos de libros de verdad –libros en papel frente a libros digitales o electrónicos-, es que hay libros de mentira. Como si estos fueran imitaciones de los libros auténticos, los libros que conocemos de toda la vida. Y es que la aparición de los nuevos formatos de libros ha hecho que tengamos necesidad de poner apellidos para diferenciar unos de otros. Antes, cuando decíamos «libro» no había que dar más explicaciones.

Ahora, incluso para hablar de ese libro, el de siempre, tenemos que especificar que es un libro «en papel» o un libro «tradicional». Algo que por cierto suena a feo, antiguo y pasado de moda.

Curiosamente, el mismo día en que esto sucedía, recibí en casa por correo un libro de verdad. Lo adquirí sin embargo utilizando medios modernos: seleccionando un título entre millones a través de una simple búsqueda en Internet y pagando la compra en apenas unos minutos sin moverme de la silla. Es decir, utilizando las posibilidades que la tecnología digital pone también a disposición de los lectores aunque fuera, esta vez, para recuperar un libro publicado hace 49 años en Argentina. Llegó a casa en perfecto estado, con el único pero de que las páginas han amarilleado algo.

No voy a poner yo la conclusión a esta diatriba veraniega, probablemente fruto del calor y la falta de sueño. Ahí lo dejo para su reflexión o para que simplemente lo olviden. En cuaquier caso, lo importante es leer, sean libros de verdad o libros de mentira.

P.D.- Algún día les contaré qué libro es ese que llegó del pasado para ser leído hoy con nuevos ojos.

Pioneros del diseño gráfico español

Cubierta del diseñador Joaquín Pertierra para la editorial Penguin.

Cubierta del diseñador Joaquín Pertierra para la editorial Penguin.

Descubro «Pioneros Gráficos» gracias a su creador. Se trata del blog de Emilio Gil (fundador de TAU Diseño) que muestra el trabajo de los pioneros gráficos españoles. El periodo histórico de las imágenes recogidas en el blog se extiende desde 1939 (final de la Guerra Civil española y comienzo de la Segunda Guerra Mundial) hasta 1975 (año de la muerte del General Franco y comienzo de la democracia en España), unos años en los que «no se daban las circunstancias materiales más favorables, ni existían unos mínimos sociales que propiciaran las propuestas de los diseñadores».

No se lo pierdan. Pioneros Gráficos es un escaparate gráfico para conocer, tanto en España como internacionalmente, el trabajo de esta generación de profesionales de la comunicación visual española, y un lugar de referencia del diseño gráfico donde descubrir -entre otros trabajos- curiosos y extraordinarios diseños de cubiertas de libros. Es el caso de diseñadores como Joaquín Pertierra, Manolo Prieto, Diego Lara y otros muchos.

Es verdad que «el hábito no hace al monje» y que, en el caso de los libros, sucede lo mismo: una cubierta no hace, por sí sola, bueno o malo a un libro; pero yo sí soy un convencido de que un buen diseño editorial y de cubierta hace un mejor producto y, por lo tanto, más atractivo para quien lo compra y para quien lo lee.

Por eso me quedo con la definición que de diseñador gráfico hacía Enric Huguet, cartelista y diseñador catalán, en la revista del Colegio de Diseñadores Gráficos de Cataluña:

Un diseñador gráfico es un poeta y un lingüista de las imágenes visuales del mundo. La poesía aporta emoción y calor al mensaje. La lógica del lingüista introduce claridad a través de la correcta articulación del mensaje. En toda obra debe haber emoción, sentimiento y claridad.

Pero el diseño gráfico español no vive solo de su historia, sino que sigue cosechando éxitos. Es el caso de uno de sus diseñadores más importantes, Manuel Estrada, que recibió a principios de año el Premio Good Design 2014 gracias a las cubiertas de La Odisea y La Iliada, de Homero, para Alianza Editorial. El premio fue en la categoría de «Graphics and Packaging» y lo concede el Museo Athenaeum de Arquitectura y Diseño de Chicago desde 1950.

cubiertas de La Odisea y La Iliada, por Manuel Estrada.

Cubiertas de La Odisea y La Iliada, por Manuel Estrada.

 

P.D.- No lo olviden. Pasen y vean: http://pionerosgraficos.com/

El Tour, la piscina y la autopublicación en ABC Cultural

ABC Cultural

Nº 1197. Sábado, 25 de julio de 2015.

Tras ver el Tour en la televisión –la épica etapa de ascensión al Alpe D’Huez- leo el suplemento de ABC Cultural (@ABC_Cultural) en la piscina. Entre chapuzón y chapuzón, en una cadencia que el sol abrasador marca de forma implacable, aprovecho para ver qué hay de interesante. El reportaje de portada sobre el fenómeno de la autopublicación, «La revolución de los ilustres desconocidos», promete, pero una vez que comienzo a leer la expectativa de aprender algo nuevo se desinfla. Lo que hace su autora, Laura Revuelta (@laamigade), redactora jefe del suplemento, es coger el rábano por las hojas. Es decir, extraer  un dato de la encuesta realizada por Kindle que dice que «al 67 por ciento de los españoles les gustaría escribir un libro» (el porcentaje podría ser el mismo o mayor si nos preguntaran si nos gustaría viajar a las islas Seychelles) y, con esa excusa, rellenar tres páginas del último suplemento antes de las vacaciones. Todo lo demás es anécdota y ceder un espacio gratuito a Koro Castellano, directora de Kindle en español, para relatar los casos de éxito de algunos «ilustres desconocidos», como ella los define, que han triunfado en la red: un infórmático, un abogado o una madre. Bueno, y también clasificar en tres las razones que mueven a tanto esfuerzo:

«Hay autores a los que simplemente les importa llegar al mayor número de lectores. Otros buscan ganar dinero y otros quieren que les fiche una editorial al uso».

Sin embargo, lo que más interés tiene, en mi opinión, es la idea que vierte Antonio Fontana (@afontanagallego), coordinador de Libros del mismo suplemento, en el artículo que a modo de faldón acompaña al reportaje: «La literatura no es democrática». Lo explica muy bien en muy pocas líneas:

No, la literatura no es democrática. No, no todo lo que se publica es literatura. Y no, no todos los que publican son escritores, aunque se lo crean, se llamen a sí mismo escritores y vayan presumiendo por ahí (y por aquí). Que quede claro: una cosa es considerarse escritor (o guapo o graciosos o inteligente, ya que estamos); otra muy distinta, serlo.

Y remata Fontana: «El hecho de publicar, pagándoselo uno de su propio bolsillo o no, no es una varita mágica. Con otras palabras: el hecho de publicar tampoco convierte a nadie en escritor».

Otro chapuzón y aún con el cuerpo mojado leo otro artículo. Esta vez una interesante entrevista de Inés Martín Rodrigo (@imartinrodrigo) al escritor argentino César Aira. Y sorprendentemente parece que hubiera leído el reportaje anterior y quisiera meter baza reivindicando su propia manera de escribir:

Publicar se ha vuelto mucho más fácil. Escribir también, a juzgar por la cantidad de gente que escribe y publica. Por eso predico la escritura manuscrita: va más lento, y así se escribe menos, y mejor; da más tiempo para pensar, permite el placer de tachar. Y en lo posible escribir en cafés, donde uno puede levantar la vista, distraerse, darle aire al pensamiento. El que se encierra en un cuarto frente al ordenador puede despachar 20 páginas en media hora, con lo que no hará más que contribuir al anegamiento literario que nos está desalentando tanto.

El calor aprieta de nuevo y tengo que abandonar la silla para zambullirme otra vez. Ya más fresco leo las recomendaciones de lectura para las vacaciones que hacen los redactores, críticos y colaboradores del suplemento para pasar página y encontrarme con el artículo de Juan Gómez Jurado (@JuanGomezJurado): «El “ludita” frente al “e-book”». Gómez Jurado nos explica que luditas son aquellos que se oponen al progreso, y que en nuestros tiempos «el neoludita es un individuo opuesto a la industrialización, automatización, computerización, digitalización o a las nuevas tecnologías». Una bonita introducción para lanzar un dardo envenenado a los editores:

Tenemos la actitud ludita básica de editor, la de no lanzar el libro en e-book al mismo tiempo que el libro en papel, creyendo que la maravillosa obra que acaban de publicar es tan poderosa y atractiva que vencerá por sí misma todas las objeciones de precio, formato e incomodidad, y que como está maravillosamente editada, no habrá lector que se resista a ella –y evitará que Jeff Bezos se haga más rico en el proceso.

Claramente Gómez Jurado no es un neoludita sino todo lo contrario, es el gran adalid de las nuevas tecnologías y el e-book. Y yo me pregunto: ¿Por qué no le pide a los bodegueros que además de embotellar un buen vino en botella de cristal lo hagan al mismo tiempo en una de plástico?

En fin, saquen ustedes sus propias conclusiones sobre las oportunidades de la autopublicación y las nuevas tecnologías en el mundo editorial. Créanme al menos si les digo que el ciclismo, el sol, el baño y la lectura fueron una magnífica combinación para disfrutar de una calurosa tarde de verano en Madrid. Lo que no sé es que haré ahora para entretener otras muchas tardes hasta que regresen el ciclismo con la Vuelta a España y las páginas de cultura del suplemento de ABC. Siempre me quedará la piscina…

P.D.- Por cierto, que no se me olvide confesar -ahora que como dice Aira, escribir y publicar es mucho más fácil- que yo también me he autopublicado: «Apóstoles intrépidos». Aunque no tengo ninguna duda de que lo que dice Fontana es rigurosamente cierto, que no todos los que publicamos somos escritores.

Y felices vacaciones.