VOLCANO Libros, nuevo sello editorial sobre literatura y naturaleza.

 

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Como decíamos ayer (en el post anterior), una vez superado el escollo de la búsqueda de un distribuidor y reorientado el proyecto en su conjunto, VOLCANO Libros es finalmente el nombre del sello editorial que, si nada se tuerce, verá por fin la luz en otoño. Y a todo el que se lo cuento se alegra mucho, aunque enseguida asoma la pregunta inevitable: «¿pero de qué van los libros?». Yo ya estoy preparado y lo digo/escribo (para no andarme por las ramas) de una forma bastante sucinta:

Libros de literatura y naturaleza. O ambas [cosas] a la vez.

Soy capaz incluso de decirlo con una sola palabra empleando un término que he acuñado para el género que me propongo desarrollar: «litenatura». ¿No es brillante? Crear una editorial que edita y publica litenatura. Lo reconozco, no tengo abuela, y si nadie me anima en esta aventura que por cierto ya no tiene vuelta atrás, tendré que ser yo mismo el que crea y me diga que es una propuesta original, atractiva y, sobre todo, «que puede funcionar» y hacerse un hueco entre las pequeñas editoriales independientes.

Aún así, veo caras de extrañeza y de no entender exactamente qué tipos de libros serán esos por mucho que hable de literatura, de naturaleza o de litenatura. Y es que estoy convencido de que solo se entenderá cuando quien pregunta los pueda manosear y por supuesto leerlos.

Tratando de formular la propuesta editorial de una forma un poco más científica, creo que podría ser algo así:

VOLCANO Libros quiere ofrecer una muestra amplia de la representación literaria que ha hecho el hombre de la naturaleza, e indagar en su relación. Obras sobre la naturaleza, pero también sobre nosotros mismos, esa otra «naturaleza olvidada» de la que habla Nietzsche: el hombre como parte de la naturaleza y, por tanto, naturaleza él mismo.

Libros dirigidos a un lector cada vez más receptivo e interesado por la naturaleza y el medioambiente, y que vuelve la mirada al entorno natural en busca de un mundo mejor y más humano.

Una única colección de ficción y no ficción. Con especial atención al género de nature writing, el ensayo filosófico, memorias, autobiografía, aventura y viajes, siempre en estrecha relación con la naturaleza. Pero también narrativa literaria donde la naturaleza tiene un papel determinante, bien como protagonista o como escenario privilegiado. Autores clásicos y contemporáneos.

Espero que así se entienda un poco mejor y, sobre todo, que pueda resultar una propuesta interesante, aunque sin duda serán el tiempo, las ventas y los posibles lectores quienes se encargarán de juzgarlo.

Lo que ya pueden juzgar ustedes sin necesidad de leer todavía ninguno de los libros es tanto el nombre como la imagen que pondrá cara a la editorial. Para gustos los colores, pero en este extremo puedo confesar sin sonrojo que estoy encantado con ambas cosas. VOLCANO es el naming —tremendo palabro— pensado por el propio editor, mientras que la imagen —en este caso el «imagotipo»—, es obra de Mikel Escalera, ilustrador y diseñador gráfico. Algo tienen los volcanes que les hace atractivos. Esto leí en algún sitio:

Los volcanes provocan tanto miedo como satisfacción: son una obra maestra de la naturaleza, capaces de destruir y brindar un espectáculo mágico.

Nombre e imagen identificarán y ayudarán a visualizar la idea central de la editorial: ¿recuerdan aquello de literatura, naturaleza o litenatura? Confío en que dentro de unos meses, cuando entren en una librería, sean capaces de preguntar por los libros de VOLCANO, los compren, los lean, los disfruten y los recomienden. Mientras todo eso llega, y si les interesa, sigan atentos a esta pantalla.

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«La buena reputación», y los líos de familia

La buena reputación

Una de las medidas que se me ocurren para determinar el éxito de una novela, no ya en términos de ventas sino de satisfacción para su lector, es la perdurabilidad de su recuerdo.

Por supuesto, un recuerdo placentero que nos haga añorar los buenos ratos pasados e, incluso, a sus personajes, cuyo espectro suele acompañarnos durante algún tiempo después de cerrar el libro. Pues esto mismo, que a muchos de ustedes ya les habrá sucedido en alguna ocasión, es lo que me ha ocurrido a mí después de leer «La buena reputación» (Seix Barral. Barcelona, 2014), de Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960).

Claro que en este caso el resultado jugaba con ventaja pues la novela mereció recientemente el Premio Nacional de Narrativa 2015, obra que el jurado definió como:

Un retrato del mundo judeo-español en Melilla en la época del Protectorado y el complejo desarrollo de una red de relaciones familiares en el marco de un relato extenso muy fiel a la tradición novelesca.

Es cierto que algunos premios literarios han dejado de ser garantía de calidad literaria pero no así el Nacional de Narrativa, del que me fío desde hace ya muchos años, cuando en 1990 me llevó a leer Juegos de la edad tardía, la magnífica novela de Luis Landero que también obtuvo el Premio de la Crítica ese mismo año.

Nunca antes había leído a Martínez de Pisón, y mi intención era comenzar por su más conocida Carreteras secundarias (1996). Pero descubrir que su última novela premiada también estaba disponible en Nubico, y que precisamente venía de leer otro de los premios importantes del año, el Nadal –otorgado a Cabaret Biarritz-, me hizo cambiar de opinión.

La buena reputación es una larga novela de familia que –entre los años cincuenta y los años ochenta del siglo pasado-, y en tres escenarios –las ciudades de Melilla, Málaga y Zaragoza- nos presenta las vidas y las complejas relaciones de cinco de sus miembros mientras como telón de fondo transcurre la historia de aquellos años en los que España se incorporaba a la modernidad. Así se manifestaba el autor respecto a la familia como tema:

Me gustan mucho los temas atemporales y universales, los grandes temas, y la familia es uno de ellos. La Biblia y la tragedia griega están llenas de historias de familia. Imagino que dentro de tres mil años, si sigue habiendo escritores, hablarán de conflictos entre padres e hijos y maridos y mujeres.

Es a través de sus cinco protagonistas entre los abuelos, una madre y los dos nietos, como Martínez de Pisón divide la narración en otras tantas novelas hasta completar un pentágono de lados y ángulos perfectos. Es, esencialmente, una novela de personajes (Samuel, Mercedes, Miriam, Elías y Daniel) completamente de carne y hueso, a los que al final añoramos porque durante algunos días se han convertido en parte de nuestra propia familia. Ese es el mérito del autor, situarnos en el centro y hacernos testigos directos de sus vicisitudes y miserias, recordándonos cuan fuertes son los lazos de sangre y que no hay familia que se libre de estas por más que en la superficie todo sea un mar brillante y en calma. Martínez de Pisón escribe, aparentemente, de una manera muy sencilla. Como señaló el crítico de Babelia:

Con un vigoroso estilo casi invisible, muy apreciado por los maestros del XIX, a cuya estirpe tardíamente se acoge Ignacio Martínez de Pisón con este caudaloso novelón familiar, confiado en obtener de aquellas sombras una aceptación absolutoria.

Han sido 640 páginas que, aunque leídas en formato digital, nunca se hicieron largas. Pero alcanzado el final, y con un magnífico sabor de boca, es hora de pasar a otras historias que esperan ahí fuera su oportunidad de ser leídas.

Para saber más:

Crítica que Babelia publicó de la novela en 2014.

Entrevista a Ignacio Martínez de Pisón en Letras Libres, en abril de 2013.

Lisboa y la vida

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Portugal y España, que comparten 1214 kilómetros de frontera (conocida de forma coloquial como La Raya, o A Raia en portugués), fueron una vez parte de la monarquía hispánica en aquel imperio en el que no se ponía el sol. En la actualidad, cuando ambos países forman parte de la Unión Europea y comparten la misma moneda (adiós a escudos y pesetas), y dos de los más famosos futbolistas del mundo juegan cada uno en campo contrario (sí, Cristiano Ronaldo en el Real Madrid e Iker Casillas en el Oporto), el sueño de unir Madrid y Lisboa con un tren de alta velocidad sigue siendo eso, solo un sueño. Quizá una señal de que somos dos vecinos bien avenidos pero que prefieren seguir viviendo de espaldas.

Por eso creo que a pesar de que a los españoles nos gusten sus vinos, sus playas, sus ciudades o sus fados, la conexión entre ambos países –como la del AVE– no es todavía plena. Me refiero a una conexión emocional sin complejos, que descarte recelos y prejuicios en los dos lados.

Algo así intuía ya Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935) –que por cierto solo viajó a España una vez para visitar las Islas Canarias–, cuando hacía referencia al mito de Iberia:

Se diría que los dos países se han dado cuenta por fin del hecho aparentemente evidente de que una frontera, si separa, también une, y que si dos naciones vecinas son dos por ser dos, pueden moralmente ser casi una por ser vecinas.

Para activar al menos esa conexión emocional valdría al menos algo tan simple como leernos los unos a los otros. Una buena forma de hacerlo, seguro que hay muchas más, es empezar por el «Libro de crónicas» de António Lobo Antunes (Lisboa, 1942), el escritor que afirma que sus libros «nacen de la basura».

Crecí en los suburbios de Lisboa, en Benfica, por aquel entonces pequeñas quintas, travesías, casas bajas, oyendo a las madres que llamaban a la hora del crepúsculo.

Este ha sido mi bautizo lector con Lobo Antunes antes de sumergirme en alguna de sus novelas (creo que empezaré por la primera, Memoria de elefante, publicada en 1979). El libro, que recoge los artículos publicados por el escritor desde 1993, y durante cinco años, para el diario O Publico portugués, está constituido por piezas de no más de dos o tres páginas, como teselas de un bello mosaico que cobran mayor belleza en su conjunto. Leer sus crónicas es ver pasar Lisboa y la vida a través de los ojos de un auténtico orfebre de la escritura.

Nunca me di cuenta de cuando se deja de ser pequeño para convertirse en mayor. Probablemente cuando la pariente rubia comienza a ser mencionada, en portugués, como la desvergonzada de Luísa. Probablemente cuando sustituimos los paraguas de chocolate por bistecs bárbaros. Probablemente cuando nos empieza a gustar ducharnos. Probablemente cuando nos ponemos tristes. Pero no estoy seguro: no sé si soy mayor.

En espera del AVE, la literatura también sirve para tender puentes, invisibles pero sólidos y muy duraderos.

Lectores reos de la actualidad

Alabanza_Alberto Olmos

Termino de leer Alabanza (Literatura Random House, 2014) de Alberto Olmos (Segovia, 1975), una interesante novela sobre literatura, que en el año 2019 ya se da por desaparecida. Sebastian Bel, seudónimo del protagonista y alter ego del autor, es un escritor literario que se traiciona a sí mismo escribiendo un best seller (El misterio del mapa o El mapa del misterio, nunca lo recuerda) que se convierte en un tremendo éxito editorial, pero que recibe el engolado y venenoso desprecio del crítico de turno:

«Los que aún confiamos en la condición artística de la palabra escrita, en su valor como conocimiento y legado, no podemos callar ante un atentado contra la dignidad creadora como ha sido la aparición de El mapa del misterio, no podemos no señalar con el dedo a su autor y perderle literal y literariamente todo respeto, ni podemos amilanarnos ante la pequeña vileza que se nos adjudicará si afirmamos que Sebastian Bel es ya un autor al que no hay que tener en cuenta».

Sebastian Bel se retira con su novia a un pueblo casi abandonado y sin conexión a internet, para recobrar la inspiración y la cordura literaria y escribir Las amadas, una colección de relatos sobre las mujeres que han jalonado su biografía (incluidos los escarceos sexuales) antes de conocer a Claudia.

En un momento de la novela, recordando su paso por la universidad durante la década de los noventa, el autor relata cómo Sebastian privilegiaba lo nuevo frente a lo consabido:

«Reo de actualidad, sus querencias lectoras reiteraban su deseo de participar en la conversación del presente. Prefería leer la novela de la que todos estaban hablando que la novela de la que todos seguirían hablando dentro de dos siglos. Si la cultura era un tren al que uno se subía, resultaba que muchas estaciones importantes ya habían quedado atrás cuando se iniciaba el propio viaje; pero qué desgana le daba preocuparse por esas estaciones ya pasadas cuando se sentía en marcha, anhelando la llegada de lo próximo».

¿Se puede expresar mejor el vano deslumbramiento que muchas veces provoca en los lectores esa querencia irrefrenable por la última novedad publicada?

Para gustos, los colores. Como siempre digo, lo importante es leer. A los muertos, a los vivos o a los que acaban de nacer al superpoblado mercado editorial.

Sin embargo, Alberto Olmos y/o su protagonista no se resiste a la esperanza y cree que no todo está perdido:

Y pensó también que quizá la literatura no había muerto, no había sido destruida, sino que sólo estaba replegada, acogida en el regazo de un lector único para un escritor único, que tenía algo importante que decirle.

Para saber algo más:

♦  Entrevista con Alberto Olmos en ABC: Mi jefa de prensa me ha dicho que no diga burradas.

♦  Reseña de Alabanza en el blog La medicina de Tongoy.

Literatura paliativa

Fotografía: Carolina Cebrino © 2015

SERGIO DEL MOLINO Fotografía: Carolina Cebrino © 2015

Para quien lee con asiduidad -pero también para quien escribe- la literatura, y los libros en general, pueden tener un efecto terapéutico: el disfrute que recibimos de la lectura puede ayudar al tratamiento de ciertas enfermedades o, al menos, a entretener o hacer olvidar sus perjuicios sobre la salud. Y en ocasiones son un remedio paliativo, una forma de superar -o al menos intentarlo- el enorme dolor por la pérdida de un ser querido. Este último podría ser un caso de literatura paliativa, cuyo protagonista es Sergio del Molino (Madrid, 1979) y La hora violeta (Literatura Random House, 2013). Su relato comienza exactamente así:

Este libro es un diccionario de una sola entrada, la búsqueda de una sola palabra que no existe en mi idioma: la que nombra a los padres que han visto morir a sus hijos. Los hijos que se quedan sin padres son huérfanos, y los cónyuges que cierran los ojos del cadáver de su pareja son viudos. Pero los padres que firmamos los papeles de los funerales de nuestros hijos no tenemos nombre ni estado civil.

Eso es la Hora violeta, la crónica de un padre que escribe sobre el dolor y la angustia del matrimonio que ve morir a su hijo. Es un libro duro, claro, pero donde la literatura encuentra el modo de paliar -si eso es posible- el horror de la pérdida para quien lo escribe, y también para quien lo lee conteniendo la respiración.

Mi hijo Pablo tenía diez meses cuando ingresó en el hospital, y estaba a punto de cumplir dos años cuando arrojamos sus cenizas.

«La muerte de un hijo atenta contra los principios biológicos de la vida», señala otro escritor, Ricardo Menéndez Salmón, autor de Niños en el tiempo (Narrativa Seix Barral, 2014). «Es algo realmente difícil de tolerar, una injusticia casi cósmica».

Sergio del Molino, y también Francisco Umbral en Mortal y rosa (escrito igualmente durante la agonía y muerte de su hijo), han podido utilizar la literatura para sacudirse el dolor o apartarlo al menos gritando a través de la escritura. Dice Sergio del Molino que «Mortal y Rosa es, con mucho, el libro más bello, hondo y suicida que he sufrido». Y añade: «Nunca imaginé que fuera a entender tan intensamente Mortal y rosa sin recurrir a la literatura, ni que algún día lo usaría como un espejo demasiado claro y profundo para mirarlo mucho rato sin sentir las retinas inflamadas».

Sin embargo, otros escritores como James Salter (Nueva York, 1925) no han podido escribir sobre ello: «Yo, desde luego, no puedo usarlo como material narrativo. No puedo escribir de la muerte de mi propia hija [Allan falleció electrocutada en la casa del escritor en Aspen. Salter encontró su cuerpo]».

P.D.- Puedes seguir el Blog de Sergio del Molino aquí.

El arte que necesita de las palabras

La escritora brasileña Nélida Piñon.

Nélida Piñon nació en Brasil pero desciende de emigrantes gallegos.

En una entrevista en ABC Cultural, la escritora brasileña Nélida Piñon (Río de Janeiro, 1937) -Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2005- realiza una reflexión quizá obvia pero no menos interesante al referirse a lo que distingue a la literatura de otro tipo de artes. Además, lanza una pregunta muy oportuna en referencia a la literatura brasileña.

«La música, la pintura, la escultura, por poner algunos ejemplos, no precisan la intermediación de la palabra. Son artes que atraviesan el muro de la sensibilidad prescindiendo de la traducción verbal. Al contrario que la literatura, que no existe sin una lectura realizada en una lengua comprensible. La literatura trata de las emociones y el pensamiento hechos palabra. La palabra, con sus múltiples acepciones, es mágica, produce mil interpretaciones en sus mil lectores que son libres de inventar.

Afirma además Nélida Piñon que la literatura brasileña ha sufrido una penosa marginación: «Al no ser leída, no puede ser apreciada».

¿Acaso el europeo culto sabe que Machado de Assis, escritor brasileño del siglo XIX, rivaliza en grandeza con Flaubert y Stendhal?

P.D.- «Libro de horas» es el último título publicado en España por la autora brasileña. Pueden leer sus primeras páginas aquí.

Un best seller que no lo parece

Leonardo Padura, autor de Herejes, es un novelista y periodista cubano nacido en La Habana en 1955.

Leonardo Padura, autor de Herejes, es un novelista y periodista cubano nacido en La Habana en 1955.

Termino de leer «Herejes» (Tusquets, 2013), del cubano Leonardo Padura, y tengo la sensación de haber leído un best seller sin saberlo.

La confusión, la mía al menos, viene de haber leído un texto en el que creo que están contenidos los elementos que pueden hacer de un libro un «éxito de ventas de larga duración» -si es que esta puede ser la definición de lo que entendemos por best seller-, sin que otros elementos formales acompañen esta percepción. Me refiero en primer lugar a lo más obvio: la cubierta del libro no responde a los cánones del género superventas, donde lo habitual es utilizar la tapa dura y una ilustración o fotografía muy llamativa, impactante, tanto por su colorido como por la tipografía (generosa) empleada para el título y autor. Quizá también porque la propia editorial (Tusquets) y la colección donde está publicada la novela (Andanzas) no son una editorial y una colección que publiquen bestsellers y, por lo tanto, no puedan permitirse esas alegrías en el diseño.

¿Quién se ha equivocado entonces? ¿Tenía que haber llevado el editor el texto a otra colección? ¿Debería haber publicado el autor con otra editorial que sí admitiera best sellers?

La realidad, obviamente, no es tan simple, como tampoco las respuestas a esas preguntas. Decía que en Herejes se dan algunos elementos, no todos, de los que hacen un best seller: una buena historia (el misterio sobre el origen y la búsqueda de un pequeño lienzo de Rembrandt que porta una familia judía en su intento de desembarcar en la Habana en 1939), un posible crimen cometido en el pasado, un personaje peculiar en el investigador (Mario Conde) creado por Padura, saltos en el tiempo (hasta el siglo XVII) que nos permiten conocer a la saga familiar protagonista y meternos en el taller del pintor flamenco, o los enigmas de una religión como la judaica. En definitiva, como se puede leer en la web del autor«una impresionante fusión del género policíaco e histórico». Algo de lo que puedo dar fe.

El problema -o la virtud en este caso de Herejes- es que se trata de un texto que podría encasillarse en lo que llamamos narrativa comercial de calidad y, esto último, su calidad literaria, es lo que lo aleja del concepto tradicional de betseller. Y sé que aquí estoy abriendo otro frente: ¿Es que vender muchos libros está reñido con la calidad? Obviamente, no, pero también es cierto que la calidad literaria es una cualidad menos exigible y también menos frecuente en el género superventas. Herejes se hubiera adaptado mejor al canon del best seller si por ejemplo Padura (o su editor) -además de introducir los elementos formales que ya he mencionado- hubiera rebajado el texto de tantas descripciones y referencias sobre el judaísmo o la pintura en el siglo XVII (sin duda resultado del ingente trabajo de documentación realizado por Leonardo Padura), para hacer más ligera su lectura.

En cualquier caso, en este punto de embarullamiento viene a mi auxilio un reciente y revelador post –¿Es posible fabricar best sellers?– en el blog del agente literario Guillermo Schavelzon, cuya lectura recomiendo vivamente. Si no lo hacen por pereza, aquí les dejo su conclusión:

Si los best sellers fueran fabricables no habría fracasos editoriales, no habría almacenes repletos de libros invendidos, no habría un 40% de devoluciones de las librerías, no habría venta de saldos ni destrucción de sobrantes, y el negocio editorial sería tan magnífico y rentable, que las grandes editoriales solo publicarían media docena de títulos al año, en lugar de mil o dos mil.

Pues eso. Pero no se dejen distraer por todo lo anterior, que quizá les haya interesado poco o nada. Simplemente lean Herejes, una magnífica novela de Leonardo Padura. Disfrutarán mucho con su lectura.

Pueden ver la reseña de la novela en el diario El País aquí, y lo que escribió el semanal El Cultural aquí.

P.D.- El caso de Herejes me recuerda mucho a otras dos novelas de éxito como son «Yo confieso», de Jaume Cabré,  (Premio Palabra Infinita 2013) y «La vieja Sirena», de José Luis Sampedro.

Una extraña casualidad literaria

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Fotograma de ‘Lolita’ basada en la novela de Vladimir Nabokov | Gettyimages

Una extraña casualidad podría ser –a mí me gusta- el título para una novela, pero lo es únicamente de esta entrada. Y lo es además literaria por evidenciar un extraño fenómeno: que mis cuatro últimas lecturas consecutivas compartieran (¿casualidad o destino?) el mismo tema. Ustedes lo comprenderán enseguida si digo que fueron de alguna forma cuatro Lolitas -sí, las de Nabokov- donde los protagonistas, de edad y sexo distinto, mantienen una «extraña» relación.

Las cuatro novelas fueron, por orden de llegada:

La comparación con «Lolita» puede parecer forzada pero es cierto que en todas ellas hay mucha sensualidad y algo perturbador, aunque los enfoques sean muy distintos y por supuesto aparezcan también otros temas. Algo así como la misma música pero con distinta letra. Sin embargo todas ellas son altamente recomendables (palabra de lector): disfruté muchísimo con Irving (un descubrimiento para mí), igual que con Eugenides– ambos norteamericanos-. La primera novela de la alemana Krien -la que más se acerca a la Lolita de Nabokov– se lee -yo la leí así- con la boca abierta y el alma en vilo; por cierto, de plena actualidad porque su autora sitúa la historia en un pequeño pueblo del Este de la Alemania recién reunificada. Y el irlandés Banville escribe una novela intimista y de alta tensión desde la primera línea:

Bill Gray era mi mejor amigo y me enamoré de su madre. Puede que amor sea una palabra demasiado fuerte, pero no conozco ninguna más suave que pueda aplicarse.

Todo fue casualidad porque, antes de comenzar a leer, nada sabía de sus temáticas ni de sus autores. Aunque como hace muchos años escuché a Groucho Marx, y quedó desde entonces extrañamente grabado a fuego en mi memoria de pez:

Casualidad llaman los tontos al destino.

 

José María Merino: ¿Por qué elegir entre el libro y las nuevas tecnologías?

José María Merino fotografiado por Antón Díez. Foto cortesía de Alfaguara publicada por El Huffington Post.

José María Merino fotografiado por Antón Díez. Foto cortesía de Alfaguara publicada por El Huffington Post.

En la presentación en la librería La Central de Madrid de su nuevo libro de relatos –«La trama oculta» (Páginas de Espuma, 2014)-, el escritor y académico José María Merino hizo una defensa encendida del libro tradicional formulando, en un tono airado, la siguiente pregunta:

¿Por qué elegir entre las nuevas tecnologías y esto –refiriéndose a su propio libro que blandía ante la audiencia-?

«La lucha –así lo denominó- entre el libro como objeto y las nuevas tecnologías no tiene ningún sentido. ¿Por qué pensar que el libro es un objeto viejo u obsoleto?».

Yo sigo usando cinturón, inventado por cierto antes de los romanos. Y un peine, y un paraguas –señaló con vehemencia.

Lo decía para demostrar que hay objetos como el libro que, a pesar del paso del tiempo, cumplen perfectamente la función para la que fueron creados y, por lo tanto, no es necesario forzar su evolución. Y si lo hacen, se transforman en otra cosa distinta, pero en ese momento dejan de ser lo que fueron.

Creo que, efectivamente, es el caso del libro tradicional. Si las nuevas tecnologías y las posibilidades de la edición digital añaden nuevas características y funciones a ese objeto llamado libro, probablemente dejará de ser un libro para convertirse en otra cosa. La rueda -si bien ha evolucionado mucho-, en esencia sigue siendo una rueda desde tiempos inmemoriales…

Aunque lo diga Merino –que señaló que la vida está llena de tramas ocultas-, tampoco con esto se acaba la reflexión y tenemos para rato sobre el futuro del libro y la discusión acerca de sus formatos, papel o digital

Iluminación y literatura

José María Merino habló también sobre literatura y sobre La trama oculta, un volumen de cuentos y minicuentos donde «reúne en un solo libro, su estética y sus obsesiones en el género, al mismo tiempo que muestra la llave de su origen y su escritura», leemos en la contraportada.

El cuento es una iluminación. De repente lo ves o no lo ves. La novela es un viaje de exploración.

Merece mucho la pena dejarse atrapar por las tramas, las historias (realistas o fantásticas) y los personajes que recrea Merino en su narrativa, verdaderos sorbos de literatura que se disfrutan durante mucho tiempo.

La literatura es vivir en esa especie de mundo virtual donde los personajes se mueven.

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P.D.- Compré el libro y el autor tuvo a bien dedicarlo y firmarlo de una manera deliciosa. ¿Cómo lo hubiera hecho en un ebook?

¿Quién se atreve a ser Cervantes?

Firma de MIGUEL DE CERVANTES

Rúbrica de Miguel de Cervantes (1547-1616).

Leyendo «Letra herida» (Alfaguara, 1998), un conjunto de ensayos, apuntes íntimos, relatos y reflexiones sobre literatura de la escritora Nuria Amat (Barcelona, 1950), no he podido resistirme a transcribir uno de estas piezas, que ella titula Contra lo correcto. Aun escrito hace ya algunos años -en el siglo pasado concretamente- me ha parecido que, quizá, pocas cosas han cambiado desde entonces. Juzguen ustedes.

«Cuando se habla de escritores da la impresión, a veces, de estar asistiendo a una competición hípica. Con todo mi respeto hacia los caballos, los escritores se transforman en altas cabezas sagradas más preocupadas por la velocidad de la carrera que por la elegancia, música y majestuosidad del paso.

Los editores, resignados muchos de ellos a la ley de todo vale, se convierten en agresivos corredores de apuestas, azuzados por los periodistas ávidos de manjar y premio. Comunicadores y gremios universitarios los preferirán jóvenes, mujeres, étnicos, gays, jubilados. Todo varía y depende. Todo vale. La puja del mercado obliga a las etiquetas. El escritor, con sus orejeras puestas, ya no sabe si lo importante es participar en la competición u observar el espectáculo desde la barrera y dejar que escriban otros. Lo oportuno sería abandonar al escritor tranquilo y salvaje en su zoo particular comiendo pasto y masticando sueños. Al fin y al cabo, un escritor puede ser cualquier cosa menos un animal doméstico.

Mientras tanto, el crítico masculla para la posteridad su demoníaco canon literario.

Con semejante panorama, ¿quién se atreve a ser Cervantes?»

Imaginación o recreación fotográfica

Ilustración de EVA VÁZQUEZ para Babelia.

Ilustración de EVA VÁZQUEZ para Babelia.

«Cuentan que cuando Proust propuso a Gallimard el primer tomo de la inmensa novela que acabaría siendo En busca del tiempo perdido, André Gide, que trabajaba allí como editor, rechazó el manuscrito después de leer el primer capítulo diciendo: “No entiendo que un señor pueda llenar treinta cartillas para describir cómo da vueltas y más vueltas en su cama antes de poder conciliar el sueño”. Después de que la novela conociese el éxito merecido, Gide, como se sabe, presentó sus avergonzadas excusas al autor, pero su primera reacción ejemplifica claramente la rivalidad entre los dos campos en los que se inscribe toda ficción: aquel que se propone una recreación fotográfica de la realidad, tal como la memoria del autor cree verla, opuesta a aquel que desdeña esa documentación fidedigna y prefiere imaginarla. La primera se enorgullece de contar los hechos tal como se supone que han ocurrido; la segunda, de inventarlos para mejor serles fiel. Ambas mienten».

♦ ♦ ♦

«Nada resulta más aburrido e incómodo que escuchar el latido de un corazón a lo largo de todas las décadas de una vida: cuando alguien nos cuenta las travesuras cotidianas de sus hijos, nos muestra fotos de sus vacaciones, nos habla de sus problemas matrimoniales. Un editor canadiense me dio una vez este consejo: “Cuando estás escribiendo, piensa que hay un lector mirando por encima de tu espalda, preguntándote: ‘¿Y tú por qué me estás contando esto, a mí que no soy tu mamá?”. Sin embargo, como dijo sabiamente Stevenson, toda novela es chisme. Queremos conocer los detalles de la vida de Alonso Quijano y de Emma Bovary, cuándo comía el uno sus duelos y quebrantos, y de qué color eran las cortinas de la habitación en la que la otra recibía a su amante.

Los detalles más pequeños son parte de la realidad de la ficción».

Fragmentos de la reseña de Alberto Manguel sobre «Un hombre enamorado», del escritor noruego Karl Ove Knausgård (1968), en Babelia.

La vida se vive, no se escribe

Herta Müller nació el 17 de agosto de 1953 en Niţchidorf (Rumanía).

Herta Müller nació el 17 de agosto de 1953 en Niţchidorf (Rumanía).

«No sé muy bien por qué escribe uno. No siempre he creído en ello, pero a pesar de todo, lo hago, posiblemente para ayudarme a mí misma, para encajar tantas cosas, enfrentarme a tantas cosas. Es un trabajo terriblemente duro, porque es artificial completamente».

La vida se vive, no se escribe, afortunadamente. Y la vida no espera a que tú la hayas descrito o apuntado, afortunadamente.

«Yo, de alguna forma, intento llevar lo uno a lo otro, fundir lo uno con lo otro. Pero trasladar lo vivido a la palabra es un proceso totalmente artificial, y es algo que me da miedo de vez en cuando, y al mismo tiempo siento adicción por ello. Es muy complejo. Algo parece que me obliga a hacerlo, y es aquello que te da miedo, aquello que crees que no eres capaz de hacer».

Herta Müller -Premio Nobel de Literatura 2009- en la entrevista de Laura Revuelta (@laamigade) publicada en ABC Cultural.