VOLCANO Libros, nuevo sello editorial sobre literatura y naturaleza.

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Como decíamos ayer (en el post anterior), una vez superado el escollo de la búsqueda de un distribuidor y reorientado el proyecto en su conjunto, VOLCANO Libros es finalmente el nombre del sello editorial que, si nada se tuerce, verá por fin la luz en otoño. Y a todo el que se lo cuento se alegra mucho, aunque enseguida asoma la pregunta inevitable: «¿pero de qué van los libros?». Yo ya estoy preparado y lo digo/escribo (para no andarme por las ramas) de una forma bastante sucinta:

Libros de literatura y naturaleza. O ambas [cosas] a la vez.

Soy capaz incluso de decirlo con una sola palabra empleando un término que he acuñado para el género que me propongo desarrollar: «litenatura». ¿No es brillante? Crear una editorial que edita y publica litenatura. Lo reconozco, no tengo abuela, y si nadie me anima en esta aventura que por cierto ya no tiene vuelta atrás, tendré que ser yo mismo el que crea y me diga que es una propuesta original, atractiva y, sobre todo, «que puede funcionar» y hacerse un hueco entre las pequeñas editoriales independientes.

Aún así, veo caras de extrañeza y de no entender exactamente qué tipos de libros serán esos por mucho que hable de literatura, de naturaleza o de litenatura. Y es que estoy convencido de que solo se entenderá cuando quien pregunta los pueda manosear y por supuesto leerlos.

Tratando de formular la propuesta editorial de una forma un poco más científica, creo que podría ser algo así:

VOLCANO Libros quiere ofrecer una muestra amplia de la representación literaria que ha hecho el hombre de la naturaleza, e indagar en su relación. Obras sobre la naturaleza, pero también sobre nosotros mismos, esa otra «naturaleza olvidada» de la que habla Nietzsche: el hombre como parte de la naturaleza y, por tanto, naturaleza él mismo.

Libros dirigidos a un lector cada vez más receptivo e interesado por la naturaleza y el medioambiente, y que vuelve la mirada al entorno natural en busca de un mundo mejor y más humano.

Una única colección de ficción y no ficción. Con especial atención al género de nature writing, el ensayo filosófico, memorias, autobiografía, aventura y viajes, siempre en estrecha relación con la naturaleza. Pero también narrativa literaria donde la naturaleza tiene un papel determinante, bien como protagonista o como escenario privilegiado. Autores clásicos y contemporáneos.

Espero que así se entienda un poco mejor y, sobre todo, que pueda resultar una propuesta interesante, aunque sin duda serán el tiempo, las ventas y los posibles lectores quienes se encargarán de juzgarlo.

Lo que ya pueden juzgar ustedes sin necesidad de leer todavía ninguno de los libros es tanto el nombre como la imagen que pondrá cara a la editorial. Para gustos los colores, pero en este extremo puedo confesar sin sonrojo que estoy encantado con ambas cosas. VOLCANO es el naming —tremendo palabro— pensado por el propio editor, mientras que la imagen —en este caso el «imagotipo»—, es obra de Mikel Escalera, ilustrador y diseñador gráfico. Algo tienen los volcanes que les hace atractivos. Esto leí en algún sitio:

Los volcanes provocan tanto miedo como satisfacción: son una obra maestra de la naturaleza, capaces de destruir y brindar un espectáculo mágico.

Nombre e imagen identificarán y ayudarán a visualizar la idea central de la editorial: ¿recuerdan aquello de literatura, naturaleza o litenatura? Confío en que dentro de unos meses, cuando entren en una librería, sean capaces de preguntar por los libros de VOLCANO, los compren, los lean, los disfruten y los recomienden. Mientras todo eso llega, y si les interesa, sigan atentos a esta pantalla.

La prueba del algodón para un nuevo proyecto editorial

Almacén Les Punxes

Almacén logístico de Lex Punxes en Sant Feliu de Llobregat

Les dije que permanecieran atentos a la pantalla. Si he tardado mucho en escribir este nuevo capítulo no ha sido precisamente por estar cruzado de brazos sino porque pensé que las cosas se desarrollarían a mayor velocidad. Pero, ¡ay! ingenuo de mí. Lo que era un comienzo prometedor (la constitución de una sociedad para desarrollar el proyecto editorial) tan solo era un pequeño accidente. La chispa que prendía la mecha… pero una mecha que estaba algo húmeda.

Quiero decir que el camino hasta aquí, seis meses después, ha sido algo tortuoso. Principalmente porque había una gran piedra en el camino que me impedía continuar. Sabía que la piedra iba a estar ahí, pero no de tal volumen. Me refiero a encontrar un distribuidor, «una empresa que –en palabras de uno de sus responsables— actúa como comercial, logístico y cobrador». En definitiva, quien debe llevar («colocar» en el argot del sector) los libros a las librerías; el eslabón imprescindible entre autor y editor y los libreros y lectores. Porque como algún editor me dijo: «da igual que tus libros estén muy bien hechos y sean muy bonitos, que si no se ven en las librerías nadie los comprará». Y para eso hace falta una empresa de distribución; en mi caso ambicionaba una de las que forman parte de la primera división para las pequeñas y medianas editoriales (*).

La idea romántica sobre los libros se evapora cuando, además de producto cultural, son una mercancía como otra cualquiera que hay que diseñar, producir, llevar a los comercios y vender.

Esa búsqueda, la de un distribuidor, es lo que ha dilatado todo el proyecto. Pero también, y debo ser honesto, lo que me ha permitido recapacitar sobre ciertas cosas para reorientarlo y mejorarlo. Por ejemplo, la línea editorial —aquello que define el ADN de la editorial—, que debería haber estado perfectamente definida desde el minuto uno, pero (error de principiante) no lo estaba en absoluto. Era una propuesta muy generalista donde cabía de todo pero que no se caracterizaba por nada. Lo que alguien me insinuó que era «más de lo mismo». Y aunque eso me llegó al alma, no le faltaba razón. Y, por otra parte, el diseño editorial. Creí que había hecho algo interesante, y lo era, pero no lo suficiente para ser además realmente potente y atractivo.

Y rectificar esas dos claves, línea y diseño (hasta el punto de buscar un nuevo nombre para el sello editorial: VOLCANO Libros), ha sido definitivo para «pasar la prueba del algodón» –así me dijo el distribuidor para mi perplejidad— y aceptar el proyecto. «No cogemos más de tres o cuatro nuevas editoriales al año», añadió…

Sí, fue un enorme respiro, y por eso supongo que debo de estar contento. Porque el proyecto ahora sí podrá ser una realidad. Lo contrario, lo reconozco, me hubiera hecho abandonar. Pero la alegría dura poco porque si el futuro aparece despejado, los días se convierten ahora en una carrera contrarreloj para estar en las librerías no ya en esta primavera, pero sí en el próximo otoño y, por lo tanto, hacer lo que un editor y una editorial tienen que hacer: buscar autores, leer las obras y negociar sus derechos para adquirirlas, contratar traductores, revisar textos, diseñar las cubiertas, visitar la imprenta, hacer llamadas y enviar correos electrónicos…

La moraleja me la llevo puesta: el camino es largo y las cosas únicamente se aprenden haciéndolas. Aunque en algún momento te equivoques y toque rectificar, que es de sabios. O como bien decía Augusto Monterroso, mejor y más breve:

La única manera de vencer el miedo a hacer algo es haciéndolo.

Seguiremos informando.

 

(*) La asociación, en este caso, formada por Machado Grupo de Distribución S.L. (Madrid, Toledo, Cuenca, Ciudad Real y Guadalajara) y Les Punxes Distribuidora S.L. (resto de España).

Nace PÅPEL K Editorial

 

Papel K Editorial

 

PÅPEL K Editorial S.L.

Las lluvias del otoño han barrido finalmente los nubarrones que se cernían sobre el nacimiento de este nuevo proyecto editorial. Y como el recién nacido ya está aquí hacía falta darle un nombre y vestirlo para presentarlo en sociedad. Pues bien, les aseguro que elegir el nombre y la imagen para una editorial puede ser tan sencillo o tan complicado como uno quiera, porque siendo de algún modo accesorio –la verdadera razón de una editorial es publicar libros que gusten a sus lectores— es, a la vez, tremendamente importante. O así me lo parece a mí.

En este caso la elección del nombre ha sido fruto de un proceso bastante más largo que la elección de la estética de la editorial, aunque aparentemente debiera haber sido al revés. Desde hace mucho tiempo hubo varios nombres en la lista: por razones concretas o por su sonoridad, por su peculiaridad o por ninguna razón en especial. Sin embargo, PAPEL K se fue instalando poco a poco en mi cerebro como la opción que mejor representaba el concepto de editorial que se había ido formando a la vez en otro rincón del mismo cerebro. Parecía que nombre e idea caminaban juntos, y decidí que me gustaba. Era (es), además, un nombre fácil, corto y sonoro.

Nos gusta el papel. No hay duda. Lo llevamos en el nombre. Y los libros son un dispositivo perfecto que siempre funciona.

La editorial toma su nombre del papel kraft, un tipo de papel basto y grueso de color marrón, fabricado con pasta química, sin blanquear y sometido a una cocción breve, «muy resistente al desgarro, tracción o estallido». El nombre de este papel deriva del proceso de fabricación kraft, una palabra que en alemán y sueco significa «fuerza». Me pareció que creer en los libros y la lectura como herramientas poderosas para transformar el mundo, era una buena razón, al menos tan interesante como cualquier otra.

En PÅPEL K creemos en la fuerza de los libros y la lectura para transformar el mundo.

Página web de bienvenida.

Editorial boutique

Ya he dicho que el nombre acompañaba a un concepto en el que creo –editorial boutique—, para referirme a una editorial con un estilo y una personalidad muy marcada cuya propuesta de valor reside en tres pilares: una cuidada selección de las obras, una estética muy atractiva y una relación cercana con los lectores. Un concepto que se apoya además en la combinación de tres palabras:

Boutique (voz de origen francesa), que es una tienda de productos selectos.

Eclecticismo, que se refiere a la combinación de elementos de diversos estilos, ideas o posibilidades.

Conmover (del latín commovēre) que significa perturbar, inquietar, alterar, mover fuertemente o con eficacia a alguien o algo.

Con estos mimbres, la línea editorial estará marcada por la singularidad de cada título individual y, por tanto, por la diversidad del conjunto de las propuestas. Publicaremos obras de narrativa y ensayo de calidad literaria, con especial énfasis en historias y vidas también singulares. Obras recuperadas o de nueva factura sin reparar en coordenadas geográficas, temporales o de género: «Libros singulares. Lectores curiosos».

Isologo

Pero faltaba la imagen que, acompañando a nombre y concepto, ayudara a crear la marca de la editorial. Aquí conté con la ayuda de Mikel Escalera, ilustrador y diseñador gráfico afincado en Vitoria. Hablamos, nos cruzamos documentos y comenzamos a trabajar. Aunque partíamos de una idea distinta, concluimos en optar por un isologo, una imagen en la que texto e icono se encuentran agrupados y donde uno no funciona sin el otro: el «PÅPEL» incrustado en vertical en su cartucho y las aspas de la «K» en forma de libro abierto. Para la «Å» tomamos prestado el circulito que la corona en el alfabeto nórdico (kraft es una palabra sueca) y que se denomina ångström. En opinión de Mikel, recogía todo lo necesario:

La imagen de la editorial respira elegancia y sutileza, aunque transmite al mismo tiempo un carácter fuerte y maduro. En esa atmósfera, el isologo surge de la abstracción icónica de un libro y se presenta como una gran letra K reconocible en la distancia.

Teníamos por tanto una marca sencilla, visible y fácilmente reconocible. Pero continuamos trabajando con las texturas, transparencias, tipografía y colores; en general sobre todos los elementos que servirán para aplicar al propio diseño de los libros, la página web u otros materiales (tarjetas, catálogos, etc.) y que queríamos que formaran parte de la estética de la editorial y, por tanto, de su personalidad. Entonces Mikel mencionó la idea de incorporar un «personaje» –que no funcionara exactamente como isotipo (una marca reconocible sin el texto)–, pero que de alguna manera reforzara la personalidad de la editorial. Así fue como nos encontramos con nuestro «lector curioso», el oso con el libro en el regazo que simboliza perfectamente –así lo entendimos enseguida– la fuerza irresistible de los libros y la lectura.

En PÅPEL K buscamos lectores curiosos que lean con nosotros.

Papel K

Ahora la teoría ya la conocen ustedes. Precisamente «el papel lo aguanta todo», y si hay que dar muchas explicaciones, malo… Lo sé. Confío en que, olvidándose incluso de todo lo que han leído (si es que han llegado hasta aquí), les guste tanto el nombre como la estética de la editorial. Yo puedo decir que estoy muy satisfecho con el resultado, y aunque ya lo pensaba antes, ahora estoy absolutamente convencido de que era un paso no solo necesario sino fundamental.

Los primeros títulos de PÅPEL K verán la luz dentro de unos meses, bajo el sol de la primavera. Entonces será el momento de la verdad. Pero para llegar hasta allí nos queda primero cruzar un invierno que adivino intenso y apasionante en parecidas proporciones.

Espérennos. Buscamos lectores curiosos. Y usted (ojalá) puede ser uno de ellos.

To be continued / Continuará.

Stay tuned / Atentos a la pantalla.

 

Pequeñas editoriales: entre la independencia y la cuenta de resultados

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Donatella Iannuzzi, editora de Gallo Nero.

Mientras parece que el papeleo termina y avanzo en la constitución y definición de la editorial (espero poder revelar el nombre y la imagen la próxima semana), creo que viene al pelo recuperar algunas de las opiniones que he leído durante los últimos días en boca de los responsables de algunas pequeñas editoriales.

Editoriales o «sellos independientes» que según el Informe del comercio interior del Libro en España, editan cerca del 40% de los libros publicados en el mercado español. Aunque el adjetivo «independiente» es bastante relativo pues, como reconoce Donatella Iannuzzi, editora de Gallo Nero en un artículo firmado por @karinasainz en Voz Populi, «tenemos un criterio asociado a la calidad literaria y cierta independencia, pero en realidad no lo somos o no todo lo que quisiéramos: dependemos de nuestra cuenta de resultados, nosotros no podemos pagar adelantos por un bestseller».

A la pertinente pregunta de si un editor nace o se hace, responde Diego Moreno, responsable de Nórdicalibros, en una entrevista de @pa_dg en ABC que, desde su punto de vista, «un editor se hace pero para tener el espíritu de emprendimiento necesario hay que nacer. Mucha gente piensa que un editor solo es una persona que tiene un gran amor por los libros y un gusto claro que define su proyecto. Esto es así, claramente, pero un editor también es un empresario. Hay que conseguir unir esas dos almas para que una editorial funcione». Y añade:

Si un editor solo es un buen lector, con un gusto exquisito, posiblemente su proyecto de empresa fracase.

Con un argumento similar, y refiriéndose a un mercado donde según @karinasainz «el pez grande y el chico dan círculos en el mismo cubo de agua empozada», Donatella Iannuzzi no dice que esté de moda montar una editorial. «La gente nos ve felices y tranquilos, pero la verdad sea dicha: en un sello independiente cada libro te puede hundir. Y tienes que saber en qué mercado te mueves. Las empresas no funcionan sólo con lo que a uno le gusta».

Aún con todas las dificultades anteriores, Jacobo Siruela, editor de Atalanta, en una entrevista de Enric González en Jot Down, pone una nota de optimismo: «Las editoriales pequeñas son un fenómeno totalmente de esta década y, sobre todo, un fenómeno español. Ocurre justo lo contrario a lo que me decían en los años ochenta: que ya no había espacio para los editores independientes y que todo esto iba a desaparecer y solo iban a quedar las multinacionales…»

Se equivocaron por completo, hay muchas nuevas editoriales con propuestas interesantes.

Yo, por si acaso, tomo nota: del necesario equilibrio entre gusto y cuenta de resultados, de la anhelada felicidad y la necesaria precaución para evitar el hundimiento del Titanic pero, sobre todo, de ser capaz de realizar una propuesta editorial lo más interesante e irresistible posible para los lectores.

To be continued / Continuará.

Stay tuned / Atentos a la pantalla.

Pensar y visualizar la editorial

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Javier García (editor) y Mikel Escalera (diseñador gráfico) en su primer encuentro en El Bistró de La Central, en Madrid.

La decisión de crear una editorial no se toma –obviamente– de la noche a la mañana, y en mi caso es la consecuencia de cerca de dos años de idas y venidas hasta que parece que todo encaja e incluso las dudas (contadas por centenares) se diluyen o quedan arrinconadas por el entusiasmo. Y al final emprendes, o te lanzas o te arrojas (verbos más propios del ámbito cultural) en este caso al abismo de un negocio que no es tal sino más bien un oficio, aunque nadie te libre de destinar un capital en el proyecto. Ahí es donde residen muchas de las dudas al emprender —en lo que pones y en lo que esperas recibir—aunque como me decía Dani Osca, editor de Sajalín, al desearme suerte:

Los números no lo son todo, y para lanzarse a la piscina editorial hay que estar un poco loco y tener la ilusión de un niño.

En definitiva, una variante más sobre la figura del editor que ya explicaba Esther Tusquets de una forma bastante más contundente: «uno se mete a editor como si se metiera a cura». Es decir, cuestión de vocación, pero al parecer también de resignación, como si uno tuviera que pedir perdón por dedicarse a la ingrata, aburrida y poco rentable tarea de fabricar libros. En definitiva, cosas de niños, de locos o de curas.

Pero me he distraído del asunto principal. Si ya me he decidido a arrojarme a la piscina editorial ha sido solo después de pensar qué tipo de editorial quería y qué apariencia tendrían los libros a publicar. Lo primero puede parecer más importante y lo segundo secundario (claro, de segundo) pero para mí formaban un único asunto con dos caras. Ya escuché decir a alguien que te puedes diferenciar por contenido o por estética. O por ambas cosas, añado yo.

Respecto al tipo de editorial y la línea que seguirá, solo puedo decirles de momento que se trata de una «editorial boutique», algo que explicaré más adelante, no sean impacientes. En cuanto a la estética comparto al cien por cien la rotunda recomendación de Diego Moreno, editor de Nórdica libros: «Yo no montaría una editorial si no diera muchas vueltas al diseño editorial». Y tantas vueltas di que las horas de sueño se acortaron muchas noches, hasta que un día –y como en una aparición repentina– todas las nieblas se despejaron y surgió lo que buscaba, aunque aparentemente no supiera con exactitud qué era ni dónde estaba. «Ahora sí, por fin lo he visualizado», me dije entonces. Desaparecieron las dudas y ya tengo claro qué estética quiero para la editorial y cómo van a ser sus libros. Un objeto sobre cuya importancia reflexionaba en una entrevista Emilio Gil, pionero del diseño gráfico en España:

Un objeto creado por el hombre difícilmente superable. La expresión de lo mejor que puede conseguir el ser humano. El contenedor de todo. La capacidad de cambiar el mundo. Y como diseñador, un ejercicio y un reto que nace inédito cada vez que te enfrentas a él.

Una vez visualizado el objeto, necesitaba del trabajo de un profesional que me ayudara a convertir esa idea en una realidad, en un producto físico con un formato y características que —es uno de los principales objetivos que me he marcado—, diferencie nuestros libros de los libros de otras editoriales, llamen la atención y sean reconocidos por los lectores. Ese profesional es Mikel Escalera, un joven ilustrador y diseñador gráfico de Vitoria que, desde su estudio gráfico Okkoto, va a desarrollar el diseño gráfico, editorial y web. La primera sesión de trabajo que celebramos fue en El Bistró de La Central, en Madrid, donde con la ayuda de algunos cafés, sentamos las bases de nuestra colaboración y las líneas de trabajo a desarrollar. Como las ideas derivaron en múltiples afluentes continuamos nuestra «reunión» tomando unos vinos en el Mercado de San Miguel y un bocadillo de calamares en la Plaza Mayor, porque no solo de ideas se alimenta el hombre, y con sustancia en el estómago el cerebro trabaja mejor.

Cuando vean el resultado final ustedes juzgarán si les gusta y si hemos conseguido los objetivos que nos proponemos. No se marchen.

To be continued / Continuará.

Stay tuned / Atentos a la pantalla.

Código 5811: edición de libros

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Titular este post como Borrón y cuenta nueva me parecía muy simple. Serviría para casi cualquier cosa, en este caso incluso para indicar que el propio blog cambia de rumbo, algo que por cierto tampoco estuvo nunca muy claro. En realidad no cambia de rumbo el blog sino quien lo escribe. Y es que lo que he hecho hoy –3 de octubre de 2016– ha sido pasar por la notaría y firmar la escritura de constitución de una nueva empresa de cuyo objeto social y el capital aportado puede ahora dar fe el notario .

La sociedad tiene por objeto el desarrollo de las actividades correspondientes a los siguientes códigos y descripciones de la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE): código 5811. Actividad principal Edición de libros.

Algo similar reza también en los estatutos de la editorial recién creada cuyo nombre y otros detalles permitirán que me reserve de momento, y de la que ahora (se me suben los colores) soy administrador único. Más paradójico resulta aún pensar que con este simple acto legal me he convertido oficialmente y de un plumazo en empresario-editor.

El otoño ha traído estas novedades. De acuerdo, sí, borrón y cuenta nueva. Pasar página (otro frase gastada) y emprender (¿seré un emprendedor, entonces?). Editar es una cosa muy seria, pero ya lo escribí aquí mismo hace algún tiempo: Yo quiero ser editor.

Editar

Del fr. éditer.

1. tr. Publicar por medio de la imprenta o por otros procedimientos una obra, periódico, folleto, mapa, etc.

2. tr. Pagar y administrar una publicación.

3. tr. Adaptar un texto a las normas de estilo de una publicación.

El paso ya está dado y aunque algún talento tengo deséenme suerte, por favor. La necesitaré.

To be continued / Continuará.

Stay tuned / Atentos a la pantalla.

Un alto en Butcher’s Crossing en espera de «Stoner»

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Il Tavolo Verde. Foto: © D.R.

Nos vimos hace ya algún tiempo (ella un té, yo un café) en Il Tavolo Verde, un refugio muy cerca de la Puerta de Alcalá, en Madrid, donde al entrar uno se traslada a otro mundo y cambia fácilmente de humor. Astrid vive en Berlín, pero siempre tiene un pie puesto en Barcelona, donde nació. Cuando su trabajo la lleva a Madrid, al terminar su jornada y antes de partir de nuevo en el AVE hacia la Ciudad Condal, nos vemos para ponernos al día de nuestros proyectos, los que salen y los que no. Pero también para hablar de libros y lecturas, de lo que yo escribo en este cuaderno digital (ella escribe un blog sobre gestión y diversidad cultural). Astrid me pregunta qué leo o qué he leído (recuerdo que le hablé de «Un hombre enamorado», de Karl Ove Knausgård) porque en cuestión de libros y también de otras cosas, dice, «tenemos gustos parecidos». Esta vez fue ella quien me reveló su último descubrimiento: «Stoner», la novela de John Williams que estaba leyendo en ese momento –en inglés– me dijo, para no perder ningún matiz del lenguaje. Me habló del libro con verdadera emoción, como de algo fuera de lo común y un valor incalculable.

Ustedes ya conocerían a John Williams y su Stoner, pero yo entonces no había oído hablar de él –mi ignorancia es amplia en muchos sentidos–, un escritor estadounidense que murió en 1994 a los 72 años de edad.  Ahora sé que es su novela más aclamada, aunque permaneciera prácticamente desconocida durante décadas después de publicarse en 1965: una obra maestra ignorada, como la calificó Enrique Vilá-Matas hace algunos años. Si él se sorprendió entonces, también entiendo la sorpresa más reciente de Astrid.

Prometí a Astrid leer Stoner, pero todavía no he cumplido mi palabra. Fui a mi librería virtual por suscripción (Nubico) pero allí no estaba. Me encontré sin embargo con otra de sus novelas, «Butcher’s Crossing», escrita en 1960. Y me dije ¿por qué no?  Reconozco que siento una especial predilección por aquellos textos que de alguna forma han quedado ensombrecidos por el brillo que la fama ha otorgado a alguno de sus hermanos, una cierta pena que me mueve a leerlos y, de alguna manera, volverles a dotar del sentido para el que fueron creados. Y eso fue lo que hice con Butcher’s Crossing:

Butcher's CrossingCorren los años setenta del siglo XIX y el joven Will Andrews, recién graduado en la universidad de Harvard, decide dejar todo lo que una gran ciudad puede ofrecerle y emprender un viaje hacia el Oeste, donde espera encontrar un lazo de unión con la naturaleza. Ya de camino, Will recala en un pequeño pueblo de Kansas llamado Butcher’s Crossing, donde la única diversión es tomar copas con hombres que parecen haber perdido ya muchas batallas y acariciar mujeres cansadas de tanto traficar con el placer.

Un pueblo polvoriento, las rodaduras de un carromato en el camino, las praderas de bisontes, el cruce del río, la nieve y el frío de las montañas, tipos duros en el bar… Nunca hubiera creído que una «novela del Oeste» me cautivara en la forma en que lo hizo Butcher’s Crossing. Precisamente porque no es solo una típica novela de vaqueros. Toda una sorpresa, todo un descubrimiento.

Querida Astrid,

Hace algunos meses que me hablaste de Stoner. Fui a buscarlo pero hice un alto en el camino para visitar Butcher’s Crossing, ya sabes, un pequeño pueblo perdido de Kansas. Stoner sigue en mi horizonte, como un destino que, aunque lejano, uno sabe que algún día llegará porque en realidad nos está esperando. Dame tiempo y, si vuelves por Madrid, hablaremos de las novelas de John Williams y de nuestros últimos proyectos.

 

La propaganda de un libro

 

Christy Turlington

Christy Turlington. Instagram: @cturlington

[…] Lo trivial ha anegado la vida literaria contemporánea hasta cobrar, a lo que parece, más importancia que los libros. La propaganda de un libro es más importante que el libro en sí; tal como la foto del autor en la solapa es más importante que el contenido, y la apariencia del autor en los diarios de gran tirada y en la televisión es más importante que lo que el autor haya escrito realmente.
[…]
El mercado literario exige de las personas que se adapten a las normas de la producción. Por lo general, no tolera a los artistas desobedientes, así como no tolera la experimentación, las subversiones artísticas, o a los partidarios de las estrategias extrañas en un texto literario. Recompensa a los diligentes, a quienes respetan las normas literarias. El mercado literario no tolera la idea anticuada de una obra de arte como algo único, irrepetible, como un acto artístico hondamente individual. En la industria literaria, los escritores son obreros sumisos, un mero eslabón más en la cadena de producción.
[…]
Cuando a Robert Mitchum le preguntaron qué pensaba de sí mismo como estrella de cine, su respuesta fue: «Nada. Sobre todo cuando pienso en que Rin Tin Tin también es una estrella». Si hoy se me ocurriera preguntar a un escritor qué piensa de sí mismo como escritor, la respuesta podría ser: «Nada. Sobre todo cuando pienso que si Rin Tin Tin siguiera vivo, sus memorias se convertirían en un superventas.»

Gracias por no leer (fragmento)
Dubravka Ugresic

Un libro y un smartphone

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Sí, nada más: un libro y un smartphone. Los dos objetos imprescindibles para lanzarte a la calle y recorrer el mundo. El primero, el libro, para ocupar los espacios que deja la actividad loca de una sociedad que avanza a la carrera, sobre todo en las grandes ciudades. Un objeto que te acompaña y te aísla al mismo tiempo para volver a reencontrarte contigo mismo. Para dejarte seducir por otras historias y otras vidas que nunca vivirás salvo en sus páginas. Sentado en un café, a la sombra de un castaño en el parque o entre las sábanas antes de dormir.

El otro, el teléfono inteligente, sirve —como una versión moderna de la clásica navaja suiza— para hacer todo lo demás. Reservar un restaurante, guiar tu coche hasta él, despertarte por la mañana, hacer una foto, ver un vídeo, escuchar la radio, reconocer una canción, desplegar el mapa de las constelaciones, reservar un vuelo, enviar y recibir mensajes, consultar el tiempo, hacerte un selfie en la Muralla China, estar informado, alumbrar en la oscuridad, gestionar tu agenda y tu cuenta bancaria, pagar en los comercios y, además de hablar —por supuesto—, compartir tu vida con familia, amigos y desconocidos.

Sí, con un libro y un smartphone eres imbatible.

Espera un momento, ya sé lo que estás pensando (¡qué antiguo!). Parece mentira que no me haya dado cuenta: claro, el libro también lo puedes llevar «dentro» del teléfono, y con él puedes leer igual en una café, en el parque o en la cama.

—Es verdad— te respondo. Pero también te digo que no es lo mismo llevar la foto de tu novia en el teléfono que estar con ella en un café, en el parque o en la cama, mirándola a los ojos y viendo su sonrisa.

Y termino con una pregunta: si tuvieras que elegir, ¿qué llevarías contigo a una isla desierta, un libro o un smartphone?

P.D.- Que nadie se me enfade: donde dice «novia» puede leerse también «novio».

La tierra de David Vann

DAVID-VANN_by Marta Fernández

David Vann en una fografía de Marta Fernández.

David Vann (Alaska, 1966) es un escritor que no es cualquier escritor, y que escribe novelas que no son cualquier novela. Esto, que puede parecer una simpleza, es una forma de expresar que David Vann tiene algo que le hace especial. Fundamentalmente dos cosas: los temas que trata y, lo más importante, cómo escribe.

Tierra_David Vann

Literatura Mondadori. 2013.

Desde que hace ya cinco años (¡dios mío!) leyera Sukwan Island, donde el autor afronta el suicidio de su padre, tenía ganas de volver a él. Y lo he hecho con «Tierra» (Literatura Mondadori, 2013), una novela que cambia de paisaje –de la fría Alaska a la calurosa California— y de registro –de dos personajes, padre e hijo–, a una relación familiar también pero de más miembros. Son Galen, el protagonista, y su madre; su prima Jennifer y su tía Helen, además de la abuela. La oscura relación entre ellos, el paisaje –la tierra—, el calor, la violencia, el primer amor y la pérdida de la virginidad son los elementos que David Vann maneja a la perfección para provocar en el lector una mezcla de atracción y rechazo, una atmósfera opresiva que, en mi opinión, define muy bien su estilo y el atractivo de la novela.

Galen se detuvo y sintió su conexión con el suelo, se quitó las botas y los calcetines, concentrado en sentirse más liviano. Dejar que la energía de la tierra le subiera a través de las plantas de los pies. Echó a andar otra vez pero intentando que todo fuera improvisado, que sus movimientos fueran auténticos, trató de caminar con suavidad sin pensar en que caminaba con suavidad. Estaba empezando a aprender lo que era el Movimiento Auténtico, no lo dominaba aún.

Galen, que lee Siddhartha y El profeta, de Kahil Gibran, es el joven que desea ir a la universidad y salir del mundo opresivo en el que su madre ha convertido su existencia: «su madre había hecho de él, su propio hijo, una especie de esposo». Y es su prima Jennifer –que le considera un indeseable— quien sin embargo le hace trascender ese estrecho mundo para conocer sin preámbulos la primera forma del amor:

Todo cuanto había leído en Hustler, Playboy y Penthouse se hacía realidad. El clítoris estaba allí donde decían, nudoso y altivo, como una erección en miniatura…

Como único contrapunto al desamparo del joven protagonista, Vann se atreve a trenzar varias escenas de un erotismo absolutamente perturbador y descarnado que, si siempre suponen un desafío para cualquier escritor, él sabe resolver con mucha destreza para integrarlas en la novela sin que sean simplemente un reclamo fácil para el lector.

La novela posee una tremenda intensidad y belleza en los dos primeros tercios del libro, los que corresponden a la introducción y el nudo –donde Vann lo borda–, mientras que una vez alcanzado el punto álgido, como si hubiera quedado exhausto después de derrochar tanto talento, el desenlace fuera innecesario. Un final mal resuelto que se le puede perdonar porque, como decía al principio, David Vann no es cualquier escritor. Tiene un don, una mirada especial que posa sobre todos sus personajes y los convierte en seres irrepetibles.

Dice Manuel de la Fuente, de ABC (y lo subraya la propia editorial en la contraportada), que «Como Melville, Faulkner y McCarthy, Vann ya es un grande de la literatura americana de hoy». No sé si será cierto, pero da igual. Créanme a mí al menos. Lean a David Vann, no se arrepentirán. Yo seguiré haciéndolo aunque pasen, otra vez, algunos años.

Y no se pierdan la interesante entrevista de Inés Martín Rodrigo (ABC) con el autor: «No busco escribir la gran novela americana».

P.D.- Leí Tierra en la versión e-book de Nubico.

UN PERRO, de Alejandro Palomas

UN PERRO, novela de Alejandro Palomas from La Palabra Infinita on Vimeo.

[Disculpad la calidad del audio. Mejorará en próximas ediciones].

 

Un perro_Alejandro Palomas_2

Un perro no es solo el retrato del fascinante vínculo entre un hombre y su perro, sino también un remolino de emociones en el que confluyen una mirada tierna y cruda al universo familiar y un homenaje al amor en todas sus manifestaciones.[Ediciones Destino]

La Palabra Infinita en 2015

Por si tienes curiosidad, aquí tienes el informe que ha preparado WordPress.com con las estadísticas de La Palabra Infinita en 2015 . Con independencia de los números (pocos o muchos), gracias a todos los que pasáis por aquí de vez en cuando. ¡Feliz 2016!

LPI-blog_2015

 

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 11.000 veces en 2015. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 4 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.