Nace PÅPEL K Editorial

 

Papel K Editorial

 

PÅPEL K Editorial S.L.

Las lluvias del otoño han barrido finalmente los nubarrones que se cernían sobre el nacimiento de este nuevo proyecto editorial. Y como el recién nacido ya está aquí hacía falta darle un nombre y vestirlo para presentarlo en sociedad. Pues bien, les aseguro que elegir el nombre y la imagen para una editorial puede ser tan sencillo o tan complicado como uno quiera, porque siendo de algún modo accesorio –la verdadera razón de una editorial es publicar libros que gusten a sus lectores— es, a la vez, tremendamente importante. O así me lo parece a mí.

En este caso la elección del nombre ha sido fruto de un proceso bastante más largo que la elección de la estética de la editorial, aunque aparentemente debiera haber sido al revés. Desde hace mucho tiempo hubo varios nombres en la lista: por razones concretas o por su sonoridad, por su peculiaridad o por ninguna razón en especial. Sin embargo, PAPEL K se fue instalando poco a poco en mi cerebro como la opción que mejor representaba el concepto de editorial que se había ido formando a la vez en otro rincón del mismo cerebro. Parecía que nombre e idea caminaban juntos, y decidí que me gustaba. Era (es), además, un nombre fácil, corto y sonoro.

Nos gusta el papel. No hay duda. Lo llevamos en el nombre. Y los libros son un dispositivo perfecto que siempre funciona.

La editorial toma su nombre del papel kraft, un tipo de papel basto y grueso de color marrón, fabricado con pasta química, sin blanquear y sometido a una cocción breve, «muy resistente al desgarro, tracción o estallido». El nombre de este papel deriva del proceso de fabricación kraft, una palabra que en alemán y sueco significa «fuerza». Me pareció que creer en los libros y la lectura como herramientas poderosas para transformar el mundo, era una buena razón, al menos tan interesante como cualquier otra.

En PÅPEL K creemos en la fuerza de los libros y la lectura para transformar el mundo.

Página web de bienvenida.

Editorial boutique

Ya he dicho que el nombre acompañaba a un concepto en el que creo –editorial boutique—, para referirme a una editorial con un estilo y una personalidad muy marcada cuya propuesta de valor reside en tres pilares: una cuidada selección de las obras, una estética muy atractiva y una relación cercana con los lectores. Un concepto que se apoya además en la combinación de tres palabras:

Boutique (voz de origen francesa), que es una tienda de productos selectos.

Eclecticismo, que se refiere a la combinación de elementos de diversos estilos, ideas o posibilidades.

Conmover (del latín commovēre) que significa perturbar, inquietar, alterar, mover fuertemente o con eficacia a alguien o algo.

Con estos mimbres, la línea editorial estará marcada por la singularidad de cada título individual y, por tanto, por la diversidad del conjunto de las propuestas. Publicaremos obras de narrativa y ensayo de calidad literaria, con especial énfasis en historias y vidas también singulares. Obras recuperadas o de nueva factura sin reparar en coordenadas geográficas, temporales o de género: «Libros singulares. Lectores curiosos».

Isologo

Pero faltaba la imagen que, acompañando a nombre y concepto, ayudara a crear la marca de la editorial. Aquí conté con la ayuda de Mikel Escalera, ilustrador y diseñador gráfico afincado en Vitoria. Hablamos, nos cruzamos documentos y comenzamos a trabajar. Aunque partíamos de una idea distinta, concluimos en optar por un isologo, una imagen en la que texto e icono se encuentran agrupados y donde uno no funciona sin el otro: el «PÅPEL» incrustado en vertical en su cartucho y las aspas de la «K» en forma de libro abierto. Para la «Å» tomamos prestado el circulito que la corona en el alfabeto nórdico (kraft es una palabra sueca) y que se denomina ångström. En opinión de Mikel, recogía todo lo necesario:

La imagen de la editorial respira elegancia y sutileza, aunque transmite al mismo tiempo un carácter fuerte y maduro. En esa atmósfera, el isologo surge de la abstracción icónica de un libro y se presenta como una gran letra K reconocible en la distancia.

Teníamos por tanto una marca sencilla, visible y fácilmente reconocible. Pero continuamos trabajando con las texturas, transparencias, tipografía y colores; en general sobre todos los elementos que servirán para aplicar al propio diseño de los libros, la página web u otros materiales (tarjetas, catálogos, etc.) y que queríamos que formaran parte de la estética de la editorial y, por tanto, de su personalidad. Entonces Mikel mencionó la idea de incorporar un «personaje» –que no funcionara exactamente como isotipo (una marca reconocible sin el texto)–, pero que de alguna manera reforzara la personalidad de la editorial. Así fue como nos encontramos con nuestro «lector curioso», el oso con el libro en el regazo que simboliza perfectamente –así lo entendimos enseguida– la fuerza irresistible de los libros y la lectura.

En PÅPEL K buscamos lectores curiosos que lean con nosotros.

Papel K

Ahora la teoría ya la conocen ustedes. Precisamente «el papel lo aguanta todo», y si hay que dar muchas explicaciones, malo… Lo sé. Confío en que, olvidándose incluso de todo lo que han leído (si es que han llegado hasta aquí), les guste tanto el nombre como la estética de la editorial. Yo puedo decir que estoy muy satisfecho con el resultado, y aunque ya lo pensaba antes, ahora estoy absolutamente convencido de que era un paso no solo necesario sino fundamental.

Los primeros títulos de PÅPEL K verán la luz dentro de unos meses, bajo el sol de la primavera. Entonces será el momento de la verdad. Pero para llegar hasta allí nos queda primero cruzar un invierno que adivino intenso y apasionante en parecidas proporciones.

Espérennos. Buscamos lectores curiosos. Y usted (ojalá) puede ser uno de ellos.

To be continued / Continuará.

Stay tuned / Atentos a la pantalla.

 

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Pequeñas editoriales: entre la independencia y la cuenta de resultados

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Donatella Iannuzzi, editora de Gallo Nero.

Mientras parece que el papeleo termina y avanzo en la constitución y definición de la editorial (espero poder revelar el nombre y la imagen la próxima semana), creo que viene al pelo recuperar algunas de las opiniones que he leído durante los últimos días en boca de los responsables de algunas pequeñas editoriales.

Editoriales o «sellos independientes» que según el Informe del comercio interior del Libro en España, editan cerca del 40% de los libros publicados en el mercado español. Aunque el adjetivo «independiente» es bastante relativo pues, como reconoce Donatella Iannuzzi, editora de Gallo Nero en un artículo firmado por @karinasainz en Voz Populi, «tenemos un criterio asociado a la calidad literaria y cierta independencia, pero en realidad no lo somos o no todo lo que quisiéramos: dependemos de nuestra cuenta de resultados, nosotros no podemos pagar adelantos por un bestseller».

A la pertinente pregunta de si un editor nace o se hace, responde Diego Moreno, responsable de Nórdicalibros, en una entrevista de @pa_dg en ABC que, desde su punto de vista, «un editor se hace pero para tener el espíritu de emprendimiento necesario hay que nacer. Mucha gente piensa que un editor solo es una persona que tiene un gran amor por los libros y un gusto claro que define su proyecto. Esto es así, claramente, pero un editor también es un empresario. Hay que conseguir unir esas dos almas para que una editorial funcione». Y añade:

Si un editor solo es un buen lector, con un gusto exquisito, posiblemente su proyecto de empresa fracase.

Con un argumento similar, y refiriéndose a un mercado donde según @karinasainz «el pez grande y el chico dan círculos en el mismo cubo de agua empozada», Donatella Iannuzzi no dice que esté de moda montar una editorial. «La gente nos ve felices y tranquilos, pero la verdad sea dicha: en un sello independiente cada libro te puede hundir. Y tienes que saber en qué mercado te mueves. Las empresas no funcionan sólo con lo que a uno le gusta».

Aún con todas las dificultades anteriores, Jacobo Siruela, editor de Atalanta, en una entrevista de Enric González en Jot Down, pone una nota de optimismo: «Las editoriales pequeñas son un fenómeno totalmente de esta década y, sobre todo, un fenómeno español. Ocurre justo lo contrario a lo que me decían en los años ochenta: que ya no había espacio para los editores independientes y que todo esto iba a desaparecer y solo iban a quedar las multinacionales…»

Se equivocaron por completo, hay muchas nuevas editoriales con propuestas interesantes.

Yo, por si acaso, tomo nota: del necesario equilibrio entre gusto y cuenta de resultados, de la anhelada felicidad y la necesaria precaución para evitar el hundimiento del Titanic pero, sobre todo, de ser capaz de realizar una propuesta editorial lo más interesante e irresistible posible para los lectores.

To be continued / Continuará.

Stay tuned / Atentos a la pantalla.

Un libro y un smartphone

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Sí, nada más: un libro y un smartphone. Los dos objetos imprescindibles para lanzarte a la calle y recorrer el mundo. El primero, el libro, para ocupar los espacios que deja la actividad loca de una sociedad que avanza a la carrera, sobre todo en las grandes ciudades. Un objeto que te acompaña y te aísla al mismo tiempo para volver a reencontrarte contigo mismo. Para dejarte seducir por otras historias y otras vidas que nunca vivirás salvo en sus páginas. Sentado en un café, a la sombra de un castaño en el parque o entre las sábanas antes de dormir.

El otro, el teléfono inteligente, sirve —como una versión moderna de la clásica navaja suiza— para hacer todo lo demás. Reservar un restaurante, guiar tu coche hasta él, despertarte por la mañana, hacer una foto, ver un vídeo, escuchar la radio, reconocer una canción, desplegar el mapa de las constelaciones, reservar un vuelo, enviar y recibir mensajes, consultar el tiempo, hacerte un selfie en la Muralla China, estar informado, alumbrar en la oscuridad, gestionar tu agenda y tu cuenta bancaria, pagar en los comercios y, además de hablar —por supuesto—, compartir tu vida con familia, amigos y desconocidos.

Sí, con un libro y un smartphone eres imbatible.

Espera un momento, ya sé lo que estás pensando (¡qué antiguo!). Parece mentira que no me haya dado cuenta: claro, el libro también lo puedes llevar «dentro» del teléfono, y con él puedes leer igual en una café, en el parque o en la cama.

—Es verdad— te respondo. Pero también te digo que no es lo mismo llevar la foto de tu novia en el teléfono que estar con ella en un café, en el parque o en la cama, mirándola a los ojos y viendo su sonrisa.

Y termino con una pregunta: si tuvieras que elegir, ¿qué llevarías contigo a una isla desierta, un libro o un smartphone?

P.D.- Que nadie se me enfade: donde dice «novia» puede leerse también «novio».

«La buena reputación», y los líos de familia

La buena reputación

Una de las medidas que se me ocurren para determinar el éxito de una novela, no ya en términos de ventas sino de satisfacción para su lector, es la perdurabilidad de su recuerdo.

Por supuesto, un recuerdo placentero que nos haga añorar los buenos ratos pasados e, incluso, a sus personajes, cuyo espectro suele acompañarnos durante algún tiempo después de cerrar el libro. Pues esto mismo, que a muchos de ustedes ya les habrá sucedido en alguna ocasión, es lo que me ha ocurrido a mí después de leer «La buena reputación» (Seix Barral. Barcelona, 2014), de Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960).

Claro que en este caso el resultado jugaba con ventaja pues la novela mereció recientemente el Premio Nacional de Narrativa 2015, obra que el jurado definió como:

Un retrato del mundo judeo-español en Melilla en la época del Protectorado y el complejo desarrollo de una red de relaciones familiares en el marco de un relato extenso muy fiel a la tradición novelesca.

Es cierto que algunos premios literarios han dejado de ser garantía de calidad literaria pero no así el Nacional de Narrativa, del que me fío desde hace ya muchos años, cuando en 1990 me llevó a leer Juegos de la edad tardía, la magnífica novela de Luis Landero que también obtuvo el Premio de la Crítica ese mismo año.

Nunca antes había leído a Martínez de Pisón, y mi intención era comenzar por su más conocida Carreteras secundarias (1996). Pero descubrir que su última novela premiada también estaba disponible en Nubico, y que precisamente venía de leer otro de los premios importantes del año, el Nadal –otorgado a Cabaret Biarritz-, me hizo cambiar de opinión.

La buena reputación es una larga novela de familia que –entre los años cincuenta y los años ochenta del siglo pasado-, y en tres escenarios –las ciudades de Melilla, Málaga y Zaragoza- nos presenta las vidas y las complejas relaciones de cinco de sus miembros mientras como telón de fondo transcurre la historia de aquellos años en los que España se incorporaba a la modernidad. Así se manifestaba el autor respecto a la familia como tema:

Me gustan mucho los temas atemporales y universales, los grandes temas, y la familia es uno de ellos. La Biblia y la tragedia griega están llenas de historias de familia. Imagino que dentro de tres mil años, si sigue habiendo escritores, hablarán de conflictos entre padres e hijos y maridos y mujeres.

Es a través de sus cinco protagonistas entre los abuelos, una madre y los dos nietos, como Martínez de Pisón divide la narración en otras tantas novelas hasta completar un pentágono de lados y ángulos perfectos. Es, esencialmente, una novela de personajes (Samuel, Mercedes, Miriam, Elías y Daniel) completamente de carne y hueso, a los que al final añoramos porque durante algunos días se han convertido en parte de nuestra propia familia. Ese es el mérito del autor, situarnos en el centro y hacernos testigos directos de sus vicisitudes y miserias, recordándonos cuan fuertes son los lazos de sangre y que no hay familia que se libre de estas por más que en la superficie todo sea un mar brillante y en calma. Martínez de Pisón escribe, aparentemente, de una manera muy sencilla. Como señaló el crítico de Babelia:

Con un vigoroso estilo casi invisible, muy apreciado por los maestros del XIX, a cuya estirpe tardíamente se acoge Ignacio Martínez de Pisón con este caudaloso novelón familiar, confiado en obtener de aquellas sombras una aceptación absolutoria.

Han sido 640 páginas que, aunque leídas en formato digital, nunca se hicieron largas. Pero alcanzado el final, y con un magnífico sabor de boca, es hora de pasar a otras historias que esperan ahí fuera su oportunidad de ser leídas.

Para saber más:

Crítica que Babelia publicó de la novela en 2014.

Entrevista a Ignacio Martínez de Pisón en Letras Libres, en abril de 2013.

Lectores reos de la actualidad

Alabanza_Alberto Olmos

Termino de leer Alabanza (Literatura Random House, 2014) de Alberto Olmos (Segovia, 1975), una interesante novela sobre literatura, que en el año 2019 ya se da por desaparecida. Sebastian Bel, seudónimo del protagonista y alter ego del autor, es un escritor literario que se traiciona a sí mismo escribiendo un best seller (El misterio del mapa o El mapa del misterio, nunca lo recuerda) que se convierte en un tremendo éxito editorial, pero que recibe el engolado y venenoso desprecio del crítico de turno:

«Los que aún confiamos en la condición artística de la palabra escrita, en su valor como conocimiento y legado, no podemos callar ante un atentado contra la dignidad creadora como ha sido la aparición de El mapa del misterio, no podemos no señalar con el dedo a su autor y perderle literal y literariamente todo respeto, ni podemos amilanarnos ante la pequeña vileza que se nos adjudicará si afirmamos que Sebastian Bel es ya un autor al que no hay que tener en cuenta».

Sebastian Bel se retira con su novia a un pueblo casi abandonado y sin conexión a internet, para recobrar la inspiración y la cordura literaria y escribir Las amadas, una colección de relatos sobre las mujeres que han jalonado su biografía (incluidos los escarceos sexuales) antes de conocer a Claudia.

En un momento de la novela, recordando su paso por la universidad durante la década de los noventa, el autor relata cómo Sebastian privilegiaba lo nuevo frente a lo consabido:

«Reo de actualidad, sus querencias lectoras reiteraban su deseo de participar en la conversación del presente. Prefería leer la novela de la que todos estaban hablando que la novela de la que todos seguirían hablando dentro de dos siglos. Si la cultura era un tren al que uno se subía, resultaba que muchas estaciones importantes ya habían quedado atrás cuando se iniciaba el propio viaje; pero qué desgana le daba preocuparse por esas estaciones ya pasadas cuando se sentía en marcha, anhelando la llegada de lo próximo».

¿Se puede expresar mejor el vano deslumbramiento que muchas veces provoca en los lectores esa querencia irrefrenable por la última novedad publicada?

Para gustos, los colores. Como siempre digo, lo importante es leer. A los muertos, a los vivos o a los que acaban de nacer al superpoblado mercado editorial.

Sin embargo, Alberto Olmos y/o su protagonista no se resiste a la esperanza y cree que no todo está perdido:

Y pensó también que quizá la literatura no había muerto, no había sido destruida, sino que sólo estaba replegada, acogida en el regazo de un lector único para un escritor único, que tenía algo importante que decirle.

Para saber algo más:

♦  Entrevista con Alberto Olmos en ABC: Mi jefa de prensa me ha dicho que no diga burradas.

♦  Reseña de Alabanza en el blog La medicina de Tongoy.

Libros de verdad o libros de mentira

The New Yorker

Viñeta de Sippres publicada en The New Yorker.

Hace algunos días que me sorprendí a mí mismo empleando un término sobre el que no había pensado nunca antes. Mi madre, que ha cumplido ya los ochenta, lleva unos meses en cama por una dolencia de espalda. Ella, que supera con creces el perfil de «lectora frecuente» (aquellos que leen un mínimo de una vez por semana), y que hace tiempo que está habituada a leer e-books en un dispositivo electrónico, había dejado de hacerlo porque no le gusta leer en la cama.  Sin embargo, desde que ha podido sentarse en una butaca, ha recuperado poco a poco el hábito lector. Pero lo que llamó mi atención el otro día fue ver lo que vi en su mesilla de noche. Entonces dije lo que dije:

– Mamá, estás leyendo un libro de verdad… Y según lo decía me resultó extraño.

– Sí –respondió ella-. Tenía ganas de leer un libro como tú dices: un «libro de verdad».

Si hablamos de libros de verdad –libros en papel frente a libros digitales o electrónicos-, es que hay libros de mentira. Como si estos fueran imitaciones de los libros auténticos, los libros que conocemos de toda la vida. Y es que la aparición de los nuevos formatos de libros ha hecho que tengamos necesidad de poner apellidos para diferenciar unos de otros. Antes, cuando decíamos «libro» no había que dar más explicaciones.

Ahora, incluso para hablar de ese libro, el de siempre, tenemos que especificar que es un libro «en papel» o un libro «tradicional». Algo que por cierto suena a feo, antiguo y pasado de moda.

Curiosamente, el mismo día en que esto sucedía, recibí en casa por correo un libro de verdad. Lo adquirí sin embargo utilizando medios modernos: seleccionando un título entre millones a través de una simple búsqueda en Internet y pagando la compra en apenas unos minutos sin moverme de la silla. Es decir, utilizando las posibilidades que la tecnología digital pone también a disposición de los lectores aunque fuera, esta vez, para recuperar un libro publicado hace 49 años en Argentina. Llegó a casa en perfecto estado, con el único pero de que las páginas han amarilleado algo.

No voy a poner yo la conclusión a esta diatriba veraniega, probablemente fruto del calor y la falta de sueño. Ahí lo dejo para su reflexión o para que simplemente lo olviden. En cuaquier caso, lo importante es leer, sean libros de verdad o libros de mentira.

P.D.- Algún día les contaré qué libro es ese que llegó del pasado para ser leído hoy con nuevos ojos.

Literatura paliativa

Fotografía: Carolina Cebrino © 2015

SERGIO DEL MOLINO Fotografía: Carolina Cebrino © 2015

Para quien lee con asiduidad -pero también para quien escribe- la literatura, y los libros en general, pueden tener un efecto terapéutico: el disfrute que recibimos de la lectura puede ayudar al tratamiento de ciertas enfermedades o, al menos, a entretener o hacer olvidar sus perjuicios sobre la salud. Y en ocasiones son un remedio paliativo, una forma de superar -o al menos intentarlo- el enorme dolor por la pérdida de un ser querido. Este último podría ser un caso de literatura paliativa, cuyo protagonista es Sergio del Molino (Madrid, 1979) y La hora violeta (Literatura Random House, 2013). Su relato comienza exactamente así:

Este libro es un diccionario de una sola entrada, la búsqueda de una sola palabra que no existe en mi idioma: la que nombra a los padres que han visto morir a sus hijos. Los hijos que se quedan sin padres son huérfanos, y los cónyuges que cierran los ojos del cadáver de su pareja son viudos. Pero los padres que firmamos los papeles de los funerales de nuestros hijos no tenemos nombre ni estado civil.

Eso es la Hora violeta, la crónica de un padre que escribe sobre el dolor y la angustia del matrimonio que ve morir a su hijo. Es un libro duro, claro, pero donde la literatura encuentra el modo de paliar -si eso es posible- el horror de la pérdida para quien lo escribe, y también para quien lo lee conteniendo la respiración.

Mi hijo Pablo tenía diez meses cuando ingresó en el hospital, y estaba a punto de cumplir dos años cuando arrojamos sus cenizas.

«La muerte de un hijo atenta contra los principios biológicos de la vida», señala otro escritor, Ricardo Menéndez Salmón, autor de Niños en el tiempo (Narrativa Seix Barral, 2014). «Es algo realmente difícil de tolerar, una injusticia casi cósmica».

Sergio del Molino, y también Francisco Umbral en Mortal y rosa (escrito igualmente durante la agonía y muerte de su hijo), han podido utilizar la literatura para sacudirse el dolor o apartarlo al menos gritando a través de la escritura. Dice Sergio del Molino que «Mortal y Rosa es, con mucho, el libro más bello, hondo y suicida que he sufrido». Y añade: «Nunca imaginé que fuera a entender tan intensamente Mortal y rosa sin recurrir a la literatura, ni que algún día lo usaría como un espejo demasiado claro y profundo para mirarlo mucho rato sin sentir las retinas inflamadas».

Sin embargo, otros escritores como James Salter (Nueva York, 1925) no han podido escribir sobre ello: «Yo, desde luego, no puedo usarlo como material narrativo. No puedo escribir de la muerte de mi propia hija [Allan falleció electrocutada en la casa del escritor en Aspen. Salter encontró su cuerpo]».

P.D.- Puedes seguir el Blog de Sergio del Molino aquí.

Un libro en el gallinero

Hace tantos años que trabajo en una editorial… pasan por mis manos tantos libros… pero ¿puedo decir que leo?

Calvino_1«No es a eso a lo que yo llamo leer… En mi pueblo había pocos libros, pero yo leía, entonces sí que leía… Pienso siempre que cuando me jubile volveré a mi pueblo y me pondré a leer como antes. De vez en cuando aparto un libro, ese lo leeré cuando me jubile, digo, pero después pienso que ya no será lo mismo… Esta noche he tenido un sueño, estaba en mi pueblo, en el gallinero de mi casa, buscaba, buscaba algo en el gallinero, en el cesto donde las gallinas ponen los huevos, y ¿qué encontré?, un libro, un libro de los que leí de niño, una edición popular, las páginas todas rasgadas, los grabados en blanco y negro coloreados por mí, al pastel… ¿Sabe? De niño para leer me escondía en el gallinero».

«Si una noche de invierno un viajero», Italo Calvino.

«Algún día nos lo contaremos todo», de Daniela Krien, Premio Palabra Infinita 2014

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     Madrid, 15 de diciembre 2014.- La novela de la escritora alemana Daniela Krien, «Algún día nos lo contaremos todo», publicada en 2013 por la editorial Salamandra, ha sido la obra ganadora de la segunda edición del Premio Palabra Infinita de Lectura que concede este blog del mismo nombre. El jurado -compuesto por el lector y autor del blog, que son la misma persona- ha seleccionado la novela de Krien – que transcurre en una pequeña localidad de la antigua Alemania del Este al poco tiempo de la reunificación alemana-, como la mejor lectura del año que termina.

Se da la circunstancia de que el jurado leyó la novela por recomendación de otra escritora, Marta Rivera de la Cruz (@MartaRiveraCruz), a quien por supuesto queda profundamente agradecido. En la edición de 2013 el premio correspondió a «Yo confieso», de Jaume Cabré.

El fallo del jurado, conocido hoy, otorga el premio a la novela:

     Por su calidad literaria y su capacidad de conmover al lector creando una atmósfera cargada de sensualidad en torno a su protagonista –Maria-, una joven que despierta al amor y la pasión.

Daniel Krien

© Gerald von Foris / Graf Verlag

     Por la belleza de la propia autora (de ojos verdes) y el mérito añadido de tratarse de su primera novela.

El premio Palabra Infinita de Lectura está dotado con una invitación a café para el escritor de la obra ganadora (en el lugar que este elija), además de la modestísima e innecesaria notoriedad que pueda significar su concesión y la publicación del resultado en el blog.

La novela de Daniela Krien (Neukaliss, Alemania, 1975) ha obtenido el premio en 2014 en dura competencia con las otras dos obras finalistas: Una mujer difícil, de John Irving, y La trama nupcial, de Jeffrey Eugenides.

El premio Palabra Infinita reconoce anualmente una obra literaria -seleccionada entre los libros leídos durante el año- que de forma especial haya conseguido hacer disfrutar al autor de este blog con su lectura. Concedido por lo tanto por un solo lector -ajeno a cualquier influencia que no sea su gusto personal-, este premio trata de reivindicar la figura del lector, principal y único destinatario de la obra literaria.

El escandallo y otras lecciones editoriales

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Feria del Libro de Frankfurt. Fotografía ABC.

   La curiosidad, el amor por los libros y un cambio de rumbo profesional han hecho que mis pasos se dirijan ahora hacia «el mundo de los libros». «Ya, pero eso de “los libros”… qué es exactamente», se pueden preguntar ustedes con razón. Diría que es algo bastante concreto por un lado -todos sabemos lo que es un libro- pero también algo muy  amplio y difuso por el otro. Por eso mismo, y porque también yo me lo pregunto, me he vestido con el uniforme de «explorador de nuevos territorios librescos» y, armado con una libreta de notas Moleskine y un bolígrafo BIC de punta negra, me he lanzado a explorar.

Una manera de adentrarme en los vericuetos del libro ha sido matricularme en un Curso de Edición Profesional. Se trata del master que organiza Taller de los Libros en colaboración con un puñado de editoriales independientes y, por lo tanto pequeñas, en Madrid y Barcelona.

   Desde entonces he ido dibujando en mi cabeza un mapa incipiente del «sector editorial», quizá el término más cercano a ese concepto de «mundo de los libros». No es un curso tan académico como práctico (hasta cierto punto también), pero por allí han pasado hasta el momento algunos de sus protagonistas: editores como Joan Eloi Roca y Claudia Casanova (Ático de los Libros), Donatella Lannuzzi (Gallo Nero), Daniel Osca (Sajalín Editores) o Diego Moreno (Nórdica Libros), además de Marina Sanmartín (@masanma), del equipo de comunicación de FNAC en Madrid.

   Ese mapa me ha servido para conocer y reconocer asuntos como los hitos en el proceso del libro, la Ley de la Propiedad Intelectual, los derechos de autor, la economía del libro o el funcionamiento de las agencias literarias, así como alguna de las técnicas utilizadas en el sector. Entre ellas, el escandallo y la «bicicleta»:

Según el diccionario de la lengua española (DRAE) escandallo es, entre otras acepciones, la «determinación del precio de coste o de venta de una mercancía con relación a los factores que lo integran».

   En nuestro caso el escandallo debe determinar el precio final del libro (el libro también es una mercancía) en función de factores, entre otros, como el número de páginas, derechos de autor, precio de la traducción, los costes de producción y, desde luego, el número de ejemplares a imprimir. Un ejercicio clave -mezcla entre bola de cristal y quiniela- para poder prever la vida y rentabilidad del título a publicar. La bicicleta es la manera coloquial de referirse en el sector al ciclo del dinero en una editorial.

   Pero ha habido otros descubrimientos, otros takeaways que me llevo y que -sin querer ser exhaustivo ni ordenado-, paso a transcribir desde mi cuaderno de notas:

♦  La idea romántica del libro y la edición está muy bien pero la realidad es más cruda: aunque no lo sea todo, el negocio es el negocio también en el mundo de los libros.

♦  El sector del libro da para pocas alegrías y todos sus actores (editor, distribuidor, librero…) tienen motivos para la queja.

♦  El distribuidor es una figura clave, y por eso se lleva una parte importante del pastel. Si no tienes un buen distribuidor que coloque tus libros en las librerías no eres nadie.

♦  Hay tal avalancha de novedades que los libros, siendo muy optimista, no aguantan en las librerías más de tres meses. Y eso genera un gran problema a las editoriales: las devoluciones.

♦  La gente no entra en las librerías, que cada vez venden menos libros. Por eso los cafés, los vinos y otras actividades varias que han surgido a su alrededor.

♦  La calidad del libro como objeto despierta distintos pareceres: desde para quien es una exigencia irrenunciable hasta para quien no es determinante (al lector no le importa).

♦  El libro electrónico no despierta pasiones, ni entre editores ni lectores. Pero hay que estar ahí por si acaso. También hay quien opina que dentro de poco «veremos los cubos de basura llenos de e-readers».

♦  Las redes sociales tampoco ayudan a vender, pero es importante hacer ruido y que te vean para crear imagen de marca.

♦  Las agencias literarias juegan un papel de agente doble: se deben a los autores a los que representan pero también a los editores que compran sus manuscritos.

♦  Para una editorial es muy importante construir un catálogo coherente y tener la certeza de no defraudar al lector.

♦  Latinoamérica -aunque es un mercado imprescindible para cualquier editorial- no es un objetivo en sí mismo sino el lugar donde dirigir lo que no se vende en España.

   Apuntes estos, y algunos otros, que no hacen muy vistoso el panorama de los libros desde un punto de vista de negocio. Sin embargo, y además del recurrente argumento de la crisis, ya hubo quien hace algunos años puso el dedo en la llaga:

En España no se venden apenas libros, sencillamente, porque no se lee. No hay crisis especial. No se ha leído nunca. Pío Baroja, 1946

   Curiosamente, en mi opinión, el lector es el gran olvidado en la cadena de valor del libro, si bien podríamos decir a don Pío que ahora se lee un poco más. En cualquier caso, y con estos mimbres, la posibilidad de emprender en el sector editorial sigue siendo una opción. Consuela e ilusiona al mismo tiempo escuchar a alguien que ya lo ha hecho decir que «se puede vivir de esto».

   Seguiremos informando…

El Torrente de los libros

Imagen promocional de Torrente 4

Imagen promocional de Torrente 4

Hace pocos días se ha estrenado en España Torrente 5, la última entrega de la saga de ese remedo de policía sucio, casposo y soez que protagoniza y dirige Santiago Segura. Además de una intensa campaña de promoción con publicidad en televisión, marquesinas y otros soportes callejeros, El Hormiguero, el late night de éxito de la televisión española, entrevistaba el día anterior a su estreno en los cines a uno de los actores que aparece en la película, el norteamericano Alec Baldwin, y al propio Segura. Posteriormente nos enterábamos de que Torrente 5 había batido el record de venta de entradas de un estreno en su primer fin de semana. Los comentarios que siguieron fueron del tipo de que el cine español volvía por sus fueros (también por el estreno de La isla mínima) y que representaba una buenísima noticia en el desolado panorama de la industria del cine nacional. .

Efectivamente, el cine español, igual que la industria del libro, no pasan por sus mejores momentos y parecen igualar al teatro con su mantra de crisis permanente. Incluso comparten varias de las razones -intercambiables- para su declive: desde luego la situación económica que no favorece el consumo de productos culturales o de ocio, pero también la reducción de ayudas y subvenciones, los cambios en los hábitos de consumo de contenidos (léase series de TV o videojuegos), o la tan manida presión de la piratería, entre otras. No me sé las cifras del cine -la venta de libros cayó en torno al 10% en 2013-, pero es en un momento de espectadores e ingresos en retroceso cuando aparece una película como Torrente 5 y, aparentemente, da la campanada.

No he visto la película y no creo que vaya a verla, pero está claro que a su supuesto valor cinematográfico y cultural (en este caso bastante pobre), hay otros factores que han podido contribuir a su éxito: se me ocurre en primer lugar el intento de los espectadores por evadir, a través de una ficción disparatada, la realidad social que vivimos en España, todavía más disparatada. Pero al margen de esta circunstancia -y vuelvo al mundo de los libros- quizá también se deba a una forma distinta de promocionar el producto final. ¿Cuándo han visto, por ejemplo, dedicar en televisión una hora en prime time a hablar de un libro y de su autor?

El sector editorial necesita encontrar su propio Torrente 5, ese fenómeno que mueva a miles de lectores a precipitarse a las librerías en busca de un buen libro. Se acuerdan de Harry Potter, ¿verdad?

Quizá sea la única manera de provocar, o al menos intentarlo, un auténtico torrente de libros que acabe con una sequía de lectores que lleva camino de convertirse en plaga bíblica. Y forzando todavía más el símil, anímense a leer al otro Torrente -el verdadero Torrente Ballester-, el escritor y académico gallego que además de «Los gozos y las sombras» (que algunos conocimos por la serie de TVE) tiene novelas interesantísimas como «La saga/fuga de J.B» o «Filomeno, a mi pesar» (Premio Planeta 1988), entre otras.

El inmenso tapiz de «Un viaje a la India»

© La Palabra Infinita

© La Palabra Infinita

Un viaje a la India (Seix Barral, 2014) es el largo poema que ha escrito un profesor de Teoría de la Ciencia en la Universidad de Lisboa (y novelista), llamado Gonçalo M. Tavares (Luanda, Angola 1970). Decir que es un extenso poema no es retórico pues el libro está dividido en diez Cantos, cada uno de ellos compuesto por alrededor de un centenar de poemas numerados.

Permítame que me presente: me llamo Bloom.
Busco una mujer o algo que me haga dejar
de buscarla. No sé si me entiende.
Busco la sabiduría, en definitiva. Y llegar a la India.

¿Novela en verso? ¿Poema novelado? No sé cómo se puede definir lo que escribe Tavares -siempre la necesidad de etiquetar el producto-, sin duda una forma de literatura desacostumbrada pero literatura al fin y al cabo: «Mucho más que contar una historia. Es algo que tiene que dejar un eco en el lector, un rumor que le acompañe».

Y lo consigue con creces. Una vez pasada la sorpresa inicial y acostumbrado el nódulo lector a la singular estructura del libro, la narrativa fluye sin problemas. El viaje de Bloom a la India -«el único país donde el agua embriaga más que el vino y seduce tanto como las mujeres jóvenes»- es la excusa que le sirve a Gonçalo M. Tavares para mostrar su virtuosismo y amor por el lenguaje. La historia parece quedar en un segundo plano porque lo importante de la historia que teje el autor son los hilos coloridos y trenzados que dan forma a este inmenso tapiz: «Invulnerables a la muerte sólo son los muertos y, temporalmente, los que aman». «La mayor invención de los hombres es, de lejos, el beso». «Siempre hay que huir solo, es lo que enseguida aprende un hombre al que le gustan los libros».

No sé si como un día dijo el portugués José Saramago, Tavares ganará algún día el Premio Nobel que él ya consiguió, porque «no tiene derecho a escribir tan bien con sólo treinta y cinco años. Dan ganas de pegarle». Sin tanta violencia puedo reconocer, al menos, que ha sido una sorpresa para mí descubrir a un escritor que ha conseguido que el rumor de su literatura se instale en mi cabeza.

La vida es un objeto rudimentario, tosco,
deforme, y los hombres nunca
han sabido como asirla.
Ni siquiera han comprendido aún cuál es la parte superior
de ese extraño objeto.
Justo acabas de echarle mano a la vida, cuando la vida ya ha echado fuertemente mano de ti.

Canto IV, 50.

P.D.- Compré Un viaje a la India en La puerta de Tannhäuser, la sorprendente librería-café de Plasencia (Cáceres) que desde 2011 regentan sus promotores, Álvaro y Cristina // La traducción del portugués es de Rosa Martínez-Alfaro // Gonçalo M. Tavares recibió en Francia el premio al mejor libro extranjero publicado en aquel país en 2010, por su obra Aprender a rezar en la era de la técnica.