Libros de verdad o libros de mentira

The New Yorker

Viñeta de Sippres publicada en The New Yorker.

Hace algunos días que me sorprendí a mí mismo empleando un término sobre el que no había pensado nunca antes. Mi madre, que ha cumplido ya los ochenta, lleva unos meses en cama por una dolencia de espalda. Ella, que supera con creces el perfil de «lectora frecuente» (aquellos que leen un mínimo de una vez por semana), y que hace tiempo que está habituada a leer e-books en un dispositivo electrónico, había dejado de hacerlo porque no le gusta leer en la cama.  Sin embargo, desde que ha podido sentarse en una butaca, ha recuperado poco a poco el hábito lector. Pero lo que llamó mi atención el otro día fue ver lo que vi en su mesilla de noche. Entonces dije lo que dije:

– Mamá, estás leyendo un libro de verdad… Y según lo decía me resultó extraño.

– Sí –respondió ella-. Tenía ganas de leer un libro como tú dices: un «libro de verdad».

Si hablamos de libros de verdad –libros en papel frente a libros digitales o electrónicos-, es que hay libros de mentira. Como si estos fueran imitaciones de los libros auténticos, los libros que conocemos de toda la vida. Y es que la aparición de los nuevos formatos de libros ha hecho que tengamos necesidad de poner apellidos para diferenciar unos de otros. Antes, cuando decíamos «libro» no había que dar más explicaciones.

Ahora, incluso para hablar de ese libro, el de siempre, tenemos que especificar que es un libro «en papel» o un libro «tradicional». Algo que por cierto suena a feo, antiguo y pasado de moda.

Curiosamente, el mismo día en que esto sucedía, recibí en casa por correo un libro de verdad. Lo adquirí sin embargo utilizando medios modernos: seleccionando un título entre millones a través de una simple búsqueda en Internet y pagando la compra en apenas unos minutos sin moverme de la silla. Es decir, utilizando las posibilidades que la tecnología digital pone también a disposición de los lectores aunque fuera, esta vez, para recuperar un libro publicado hace 49 años en Argentina. Llegó a casa en perfecto estado, con el único pero de que las páginas han amarilleado algo.

No voy a poner yo la conclusión a esta diatriba veraniega, probablemente fruto del calor y la falta de sueño. Ahí lo dejo para su reflexión o para que simplemente lo olviden. En cuaquier caso, lo importante es leer, sean libros de verdad o libros de mentira.

P.D.- Algún día les contaré qué libro es ese que llegó del pasado para ser leído hoy con nuevos ojos.

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6 pensamientos en “Libros de verdad o libros de mentira

  1. Un 10 para tu madre. Yo ya me he acostumbrado, como tu madre a los libros digitales y diría que casi leo más en digital que en papel, pero sí que es verdad que cuando tienes un libro de “verdad” entre las manos es una sensación muy especial.

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