Un alto en Butcher’s Crossing en espera de «Stoner»

Il Tavolo Verde_Vogue

Il Tavolo Verde. Foto: © D.R.

Nos vimos hace ya algún tiempo (ella un té, yo un café) en Il Tavolo Verde, un refugio muy cerca de la Puerta de Alcalá, en Madrid, donde al entrar uno se traslada a otro mundo y cambia fácilmente de humor. Astrid vive en Berlín, pero siempre tiene un pie puesto en Barcelona, donde nació. Cuando su trabajo la lleva a Madrid, al terminar su jornada y antes de partir de nuevo en el AVE hacia la Ciudad Condal, nos vemos para ponernos al día de nuestros proyectos, los que salen y los que no. Pero también para hablar de libros y lecturas, de lo que yo escribo en este cuaderno digital (ella escribe un blog sobre gestión y diversidad cultural). Astrid me pregunta qué leo o qué he leído (recuerdo que le hablé de «Un hombre enamorado», de Karl Ove Knausgård) porque en cuestión de libros y también de otras cosas, dice, «tenemos gustos parecidos». Esta vez fue ella quien me reveló su último descubrimiento: «Stoner», la novela de John Williams que estaba leyendo en ese momento –en inglés– me dijo, para no perder ningún matiz del lenguaje. Me habló del libro con verdadera emoción, como de algo fuera de lo común y un valor incalculable.

Ustedes ya conocerían a John Williams y su Stoner, pero yo entonces no había oído hablar de él –mi ignorancia es amplia en muchos sentidos–, un escritor estadounidense que murió en 1994 a los 72 años de edad.  Ahora sé que es su novela más aclamada, aunque permaneciera prácticamente desconocida durante décadas después de publicarse en 1965: una obra maestra ignorada, como la calificó Enrique Vilá-Matas hace algunos años. Si él se sorprendió entonces, también entiendo la sorpresa más reciente de Astrid.

Prometí a Astrid leer Stoner, pero todavía no he cumplido mi palabra. Fui a mi librería virtual por suscripción (Nubico) pero allí no estaba. Me encontré sin embargo con otra de sus novelas, «Butcher’s Crossing», escrita en 1960. Y me dije ¿por qué no?  Reconozco que siento una especial predilección por aquellos textos que de alguna forma han quedado ensombrecidos por el brillo que la fama ha otorgado a alguno de sus hermanos, una cierta pena que me mueve a leerlos y, de alguna manera, volverles a dotar del sentido para el que fueron creados. Y eso fue lo que hice con Butcher’s Crossing:

Butcher's CrossingCorren los años setenta del siglo XIX y el joven Will Andrews, recién graduado en la universidad de Harvard, decide dejar todo lo que una gran ciudad puede ofrecerle y emprender un viaje hacia el Oeste, donde espera encontrar un lazo de unión con la naturaleza. Ya de camino, Will recala en un pequeño pueblo de Kansas llamado Butcher’s Crossing, donde la única diversión es tomar copas con hombres que parecen haber perdido ya muchas batallas y acariciar mujeres cansadas de tanto traficar con el placer.

Un pueblo polvoriento, las rodaduras de un carromato en el camino, las praderas de bisontes, el cruce del río, la nieve y el frío de las montañas, tipos duros en el bar… Nunca hubiera creído que una «novela del Oeste» me cautivara en la forma en que lo hizo Butcher’s Crossing. Precisamente porque no es solo una típica novela de vaqueros. Toda una sorpresa, todo un descubrimiento.

Querida Astrid,

Hace algunos meses que me hablaste de Stoner. Fui a buscarlo pero hice un alto en el camino para visitar Butcher’s Crossing, ya sabes, un pequeño pueblo perdido de Kansas. Stoner sigue en mi horizonte, como un destino que, aunque lejano, uno sabe que algún día llegará porque en realidad nos está esperando. Dame tiempo y, si vuelves por Madrid, hablaremos de las novelas de John Williams y de nuestros últimos proyectos.

 

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La Palabra Infinita en 2015

Por si tienes curiosidad, aquí tienes el informe que ha preparado WordPress.com con las estadísticas de La Palabra Infinita en 2015 . Con independencia de los números (pocos o muchos), gracias a todos los que pasáis por aquí de vez en cuando. ¡Feliz 2016!

LPI-blog_2015

 

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 11.000 veces en 2015. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 4 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

Los números de La Palabra Infinita en 2013

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 8.300 veces en 2013. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 3 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

Cómo nacen y se escriben las novelas

Tengo la fortuna de trabajar en una empresa que tuvo la idea de poner su sello, como patrocinador, en una colección de libros que El País utilizó hace varios meses como reclamo para promocionar la venta del periódico: la Biblioteca Vargas Llosa, “una colección formada por 24 obras extraordinarias en edición de lujo”, editada por Alfaguara. Terminó la promoción y la directora del departamento de Medios envió un correo electrónico donde ofrecía recoger la colección completa de libros. No es el tipo de correos que uno recibe todos los días y menos con una oferta tan interesante. Subí a la segunda planta y allí había un montón de cajas. Cogí una caja que pesaba lo suyo y bajé con la carga de lo que a mí me pareció un pesado tesoro. Esto fue antes del verano cuando comenzábamos la obra de reforma en casa, así que simplementé abrí la caja pero no saqué los libros salvo uno, aquel que llevaba tiempo queriendo leer, además el volumen más fino de toda la colección, «Cartas a un joven novelista», escrito en 1997, aún conociendo con antelación la provocadora recomendación con la que Vargas Llosa cierra el libro:

Querido amigo: estoy tratando de decirle que se olvide de todo lo que ha leído en mis cartas sobre la forma novelesca y de que se ponga a escribir novelas de una vez. Mucha suerte.

Y es que la excusa de recibir emocionado la supuesta carta de un joven escritor pidiendo su consejo sobre cómo ser un escritor, le lleva a Vargas Llosa -«aprovechando notas y apuntes que me habían servido para dar conferencias o seminarios sobre mis autores favoritos», a tejer un discurso con sus ideas acerca de la literatura, la ficción y el arte de narrar, lo que él llama «un ensayo sobre la manera como nacen y se escriben las novelas, según mi experiencia personal, que no tiene por qué ser idéntica ni siquiera parecida a la de otros novelistas».

Utilizando por tanto el género epistolar, el nobel hispano-peruano va desgranando con un lenguaje que intenta ser muy claro y didáctico diversas claves a considerar por el narrador a la hora de enfrentarse a la aventura de escribir: la vocación literaria, el punto de partida, el estilo, el narrador, el espacio, el tiempo o el nivel de realidad de la novela, así como otras técnicas entre las que se encuentran las que el denomina la caja china, el dato escondido o los vasos comunicantes.

Tal vez, a los lectores empecinados de novelas les pueda enriquecer la lectura saber que, detrás de esas aventuras ficticias que encienden su imaginación y los conmueven, hay no sólo intuición, fantasía, invención y una pizca de locura, sino también terquedad, disciplina, organización, estrategia, trampas y silencios, y una urdimbre compleja que levanta y sostiene en vilo la ficción.

Ese es el camino que señala Vargas Llosa a los aspirantes a novelistas, una combinación de esfuerzo e inteligencia si, como él piensa, una de las certezas de la vocación literaria es que el escritor sienta íntimamente que «escribir es lo mejor que le ha pasado y puede pasarle, pues escribir significa para él la mejor manera posible de vivir». Pero advierte sobre la enorme exigencia del oficio de escritor cuando afirma igualmente que «la vocación literaria no es un pasatiempo, un deporte, un juego refinado que se practica en los ratos de ocio. Es una dedicación exclusiva y excluyente, una prioridad a la que nada puede anteponerse, una servidumbre libremente elegida que hace de sus víctimas (de sus dichosas víctimas) unos esclavos.

La ficción no es la vida vivida, sino otra vida, fantaseada con los materiales que aquella le suministra y sin la cual la vida verdadera sería más sórdida y pobre de lo que es.

Aunque Cartas a un joven novelista no es un manual para aprender a escribir, «algo que los verdaderos escritores aprenden por sí mismos», sirve perfectamente para repasar cuestiones básicas fundamentales y es un texto que deberían leer todos aquellos que tiene la ilusión de llegar a ser escritores, sean jóvenes o no tanto. Al menos tendrán la fortuna -como tuve yo- de deleitarse con la forma de escribir -mezclando esta vez realidad y ficción- de un auténtico y laureado escritor de novelas.

P.D.- Ahora que los 24 volúmenes descansan por fin en una estantería de la librería, ya sé que mi próximo Vargas Llosa será Conversación en la catedral.

Bolaño y el verano de «2666»

Ahora, en este otoño que tiñe de ocres y amarillo las aceras, llega con retraso a este cuaderno digital la lectura que ocupó mi verano, el verano de «2666» -la novela póstuma de Roberto Bolaño (1953-2003)-, un número que bien podría ser «la fecha inscrita en la lápida que nos descubre a todos, personajes y lectores, como habitantes de un futuro cementerio olvidado, poblado de voces». Y llega también el momento temido de escribir algo inteligente, algo diferente, sobre 2666, aunque enseguida me sacudo la presión simplemente por lo atrevido y disparatado de semejante tarea. Me parece más oportuno revelar -por si alguien más no lo sabe- lo que yo mismo descubrí leyendo la Nota de los herederos del autor. Que ante la posibilidad de una muerte próxima, y para solventar el futuro económico de sus hijos, Bolaño dispuso que su novela se publicara dividida en cinco libros correspondientes con las cinco partes de la novela, especificando el orden, la periodicidad (una por año) e incluso el precio a negociar con el editor. Tras su muerte sin embargo, y por respeto al valor literario de la obra, los mismos herederos y su editor, Jorge Herralde, cambian la decisión de Bolaño, lo que hace que 2666 se publique primero en toda su extensión en un solo volumen.

Pues bien, esas cinco partes son las que suman un total de 1128 páginas -un compendio de la descomunal capacidad fabuladora de Roberto Bolaño-, escritas en una prosa de apariencia fácil que produce un torrente desbocado de personajes, sensaciones e imágenes que a pesar de su extensión uno desearía que no terminara jamás. Eso es lo que más aprecio y lo que me enamoró leyendo mi primer Bolaño, aquel inmenso río de Los detectives salvajes.

Aunque cada una de las partes de esta «nueva y revolucionaria modalidad de novela total» merece  un reconocimiento por sí mismas, las dos últimas me parecieron extraordinarias. ‘La parte de los crímenes’ es un retrato pavoroso sobre la violación y asesinatos sucesivos de mujéres jóvenes en el estado de Sonora (México), un paisaje ya conocido en Los detectives salvajes: «La frontera entre Sonora y Arizona es un grupo de islas fantasmales o encantadas. Las ciudades y los pueblos son barcos. El desierto es un mar interminable. Este es un buen sitio para los peces, sobre todo para los peces que viven en las fosas más profundas, no para los hombres». La otra, ‘La parte de Archimboldi’, narra la  increíble vida del escritor alemán Benno von Archimboldi: «Esa noche, mientras trabajaba en la puerta del bar, se entretuvo en pensar en un tiempo de dos velocidades, uno era muy lento y las personas y los objetos se movían en este tiempo de forma casi imperceptible, el otro era muy rápido y todo, hasta las cosas inertes, centellaban de velocidad. El primero se llamaba Paraíso, el segundo Infierno, y lo unico que deseaba Archimboldi era no vivir jamás en ninguno de los dos».

Poco o nada más que añadir. Leí 2666 confortablemente sentado en las butacas nuevas del patio, junto a la higuera, en nuestra casa de Peñacaballera (Salamanca), buscando la sombra por las mañanas y aprovechando la suave brisa de las tardes.

La misma realidad pequeñita que servía de anclaje a la realidad, parecía perder los contornos, como si el paso del tiempo ejerciera un efecto de porosidad en las cosas, y desdibujara e hiciera más leve lo que ya de por sí, por su propia naturaleza, era leve y satisfactorio y real.

Había sueños en donde todo encajaba y había sueños en donde nada encajaba y el mundo era un ataúd lleno de chirridos.

Como señaló Ana María Moix en El País, 2666 es «una gran novela de novelas», larga  y contundente añado yo -de las que te ayudan a crecer como lector- que bien merece de un verano para disfrutarla. A mí me lo pareció.

Editorial Anagrama
Colección Compactos
ISBN: 978-84-339-7318-4
Barcelona, 2011
1128 páginas
24€

P.D.- Guardo entre las páginas de la novela una pequeñita hoja de la higuera que, sin saberlo, perfumaba mis horas de lectura.

Nueva sintonía

Como ocurre a veces en la televisión, un mismo programa, con los mismos contenidos y el mismo presentador, cambia de cadena, y los telespectadores que lo seguían tiene que acostumbrarse ahora a sintonizar el programa en esa nueva cadena. Algo así sucede con La Palabra Infinita, que desde ahora tendrás que sintonizar aquí:

https://lapalabrainfinita.wordpress.com

El contenido será el mismo (libros, lecturas, escritores y literatura) aunque es cierto que los cambios de decorado mueven en ocasiones a ciertos cambios también sobre el contenido. Con muy pocas variaciones, este cuaderno de notas digital continuará expresando -de vez en cuando- las ideas de su autor.

Espero que sintonices La Palabra Infinita y te guste la programación. Al menos es gratuita.

Bienvenido si es tu primera vez y muchas gracias si ya has sintonizado antes. Por supuesto, vuestras opiniones serán siempre bien recibidas.

Intermedio

La última entrada de La Palabra Infinita tiene fecha de 1 de julio, y ya es tiempo de volver. Un verano de por medio con viaje de ida y vuelta y algunas lecturas. Algo así como un intermedio o un “visite nuestro bar” de los cines de antes.

Supe que iba a morir

Comienzo una nueva novela cuya primera frase dice así:

“Cuando empecé a enfermar, pronto supe que iba a morir”.

¿Qué me aguarda en las trescientas páginas restantes?

La Corona de Laurel

Una cita profesional en la Asociación de la Prensa de Madrid -de la que soy socio desde hace muchos años- me proporcionó un regalo inesperado y dedicado: ‘La Corona de Laurel’ (Periodistas en la Real Academia Española) de Bernardino M. Hernando, editado por la propia APM (Madrid, 2007).

Como dice el autor en su “declaración de intenciones”, “el ambiguo y florido título de este libro, ‘La Corona de Laurel’, queda aclarado por el notarial subtítulo, ‘Periodistas en la Real Academia Española’. El recorrido descriptivo y crítico que pretendemos nos llevará inevitablemente a la historia española de los tres últimos siglos, a la historia del periodismo y a la de la propia Academia. Huelga asegurar que no se nos pasa por la cabeza tarea tan ciclópea como la de engarzar estas tres historias. Este libro no es una historia de España ni del periodismo ni tampoco de la Real Academia Española (RAE)”.

Libros que vienen de Oriente

Los Reyes Magos trajeron ayer de Oriente su cargamento de regalos. Para mí, como hacen desde hace mucho tiempo, han dejado el mejor de todos: libros para leer durante el resto del año. Envueltos en papeles de diferentes colores, estos fueron los libros que me encontré junto a los zapatos ayer por la mañana:

‘Viejas historias y cuentos completos’ de Miguel Delibes.
‘Lolita’ de Vladimir Nabokov.
‘Muerte en Persia’ de Annemarie Schwarzenbach.
‘Guerra y paz’ de Liev Tolstói.
‘El guardián entre el centeno’ de J.D. Salinger.
‘Estambul (ciudad y recuerdos)’ de Orhan Pamuk.

Y también para 2008, dos libros regalo de mi cumpleaños (octubre) y de mi santo (dicembre) respectivamente:

‘Jesús de Nazaret’ de Joseph Ratzinger.
‘Primavera con una esquina rota’ de Mario Benedetti.

¿A ti te han traido algún libro los Reyes Magos? ¿Has leido alguno de los que me han regalado?

Palabra Infinita

Solemnidad de la Natividad del Señor / The Nativity of the Lord

Lectura del santo evangelio según san Juan 1. 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo”». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Gospel from John 1. 1-18

In the beginning was the Word, and the Word was with God, and the Word was God. He was in the beginning with God. All things came to be through him, and without him nothing came to be. What came to be through him was life, and this life was the light of the human race; the light shines in the darkness, and the darkness has not overcome it. A man named John was sent from God. He came for testimony, to testify to the light, so that all might believe through him. He was not the light, but came to testify to the light. The true light, which enlightens everyone, was coming into the world. He was in the world, and the world came to be through him, but the world did not know him. He came to what was his own, but his own people did not accept him. But to those who did accept him he gave power to become children of God, to those who believe in his name, who were born not by natural generation nor by human choice nor by a man’s decision but of God. And the Word became fleshand made his dwelling among us, and we saw his glory, the glory as of the Father’s only Son, full of grace and truth. John testified to him and cried out, saying, “This was he of whom I said, ‘The one who is coming after me ranks ahead of me because he existed before me.’” From his fullness we have all received, grace in place of grace, because while the law was given through Moses, grace and truth came through Jesus Christ. No one has ever seen God. The only Son, God, who is at the Father’s side, has revealed him.

El cielo en llamas

Termino de leer ‘El cielo en llamas’ (Editorial Gadir, Madrid 2007) de Mário de Sá-Carneiro (Lisboa 1890 – París 1916), uno de los grandes clásicos de la literatura portuguesa. ‘El cielo en llamas’ es una colección de relatos cortos y novelas breves “en la que confluyen todas las obsesiones y temas recurrentes de Sá-Carneiro”.

“Su alma era entonces vidrio partido y chatarra leprosa”

Ciertamente no es un libro de fácil lectura, o quizá un libro que hay que leer en las mejores condiciones de tranquilidad y sosiego. Puede que por eso, no siempre bajo esas condiciones, me haya resultado duro de leer en ocasiones. Y recordado, bastante, a la escritura del argentino Manuel Mujica Lainez (Buenos Aires 1910) en las atmósferas que recrea, mezcla de realidad y fantasía, y en la utilización de personajes misteriosos y profundos. El lenguaje es rico y de una plasticidad especial: “Su alma era entonces vidrio partido y chatarra leprosa” o “Se sentían demasiado grandes para detenerseen la vida”. Y también “Miro tras de mí las horas silenciosas y evoco todos los personajes de mi vida, los pocos cuerpos que casualmente poseí, porque los desconocía…., e incluso aquellas personas, ignoradas, que sólo durante un instante se cruzaron en mi existencia… ¿Y no será el recuerdo de estas últimas el más hermoso, y también el más secreto?”.
Probablemente un libro para volver sobre él en horas más calmadas y con la conciencia mejor preparada.

La portada del libro está ilustrada con ‘Los árboles azules’, pintado por Paul Gauguin en 1888.