Un libro y un smartphone

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Sí, nada más: un libro y un smartphone. Los dos objetos imprescindibles para lanzarte a la calle y recorrer el mundo. El primero, el libro, para ocupar los espacios que deja la actividad loca de una sociedad que avanza a la carrera, sobre todo en las grandes ciudades. Un objeto que te acompaña y te aísla al mismo tiempo para volver a reencontrarte contigo mismo. Para dejarte seducir por otras historias y otras vidas que nunca vivirás salvo en sus páginas. Sentado en un café, a la sombra de un castaño en el parque o entre las sábanas antes de dormir.

El otro, el teléfono inteligente, sirve —como una versión moderna de la clásica navaja suiza— para hacer todo lo demás. Reservar un restaurante, guiar tu coche hasta él, despertarte por la mañana, hacer una foto, ver un vídeo, escuchar la radio, reconocer una canción, desplegar el mapa de las constelaciones, reservar un vuelo, enviar y recibir mensajes, consultar el tiempo, hacerte un selfie en la Muralla China, estar informado, alumbrar en la oscuridad, gestionar tu agenda y tu cuenta bancaria, pagar en los comercios y, además de hablar —por supuesto—, compartir tu vida con familia, amigos y desconocidos.

Sí, con un libro y un smartphone eres imbatible.

Espera un momento, ya sé lo que estás pensando (¡qué antiguo!). Parece mentira que no me haya dado cuenta: claro, el libro también lo puedes llevar «dentro» del teléfono, y con él puedes leer igual en una café, en el parque o en la cama.

—Es verdad— te respondo. Pero también te digo que no es lo mismo llevar la foto de tu novia en el teléfono que estar con ella en un café, en el parque o en la cama, mirándola a los ojos y viendo su sonrisa.

Y termino con una pregunta: si tuvieras que elegir, ¿qué llevarías contigo a una isla desierta, un libro o un smartphone?

P.D.- Que nadie se me enfade: donde dice «novia» puede leerse también «novio».

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Un pensamiento en “Un libro y un smartphone

  1. Querido Javier:
    Si es una isla desierta, no habrá electricidad ni cobertura, de modo que el smartphone durará lo que dure su batería, es decir, aproximadamente un día, y servirá para bien poco, y luego se convertirá en un cacharro del que habrá que deshacerse en un hipotético «punto limpio» de la isla.
    Por el contrario, si la pregunta es metafórica y suponemos que el smartphone funciona con normalidad en la isla con una wifi y una energía llovidas del cielo, hasta yo —que soy un editor de libros en papel— me llevaría el smartphone. Y es que para una estancia larga me vendría bien la «navaja clásica suiza».
    Siento no dar la respuesta romántica, pero es que no me la creo ni yo.

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