«Cabaret Biarritz», teoría y práctica de una novela

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Editorial Destino. Barcelona, 2015. 456 páginas.

La tentación siempre está ahí, al acecho. Oculta y esperando pacientemente el momento de actuar. Eso es escribir, la eterna tentación de tanta gente; incluso –sí, también- la mía. Uno es débil, qué le vamos a hacer (je suis perdu…). En cualquier caso, creo que nunca asistiría a un taller de escritura de los muchos que últimamente han florecido -como ahora las setas en otoño-, para aplacar, imagino, ese frenesí escritor que recorre todo el planeta y hacer caja al mismo tiempo. Y no lo haría por la soberbia de pensar que yo no lo necesito (escribir ficción literaria no es lo mismo que redactar, ya lo he dicho alguna vez más en este blog), ni por dudar de la capacidad y las skills (que palabro tan bueno para no decir habilidades) de quienes los imparten, sino porque soy un convencido –y no invento nada nuevo- de que la mejor escuela de escritura es la lectura.

«No era fácil escribir historias», dijo Vargas Llosa en su discurso al recibir el Premio Nobel. Y sin embargo afirma que quienes le revelaron «los secretos del oficio de contar» fueron los escritores a los que leyó en su juventud: «Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo».

Fue la curiosidad, y la suscripción mensual que mantengo con Nubico, lo que hizo que me encontrara con un manual de los que tanto abundan también para los aprendices de escritor. Se llama «Escribir ficción» (Guía práctica de la famosa escuela de escritores de Nueva York), publicado en 2003. Se refiere al Gotham Witer’s Workshop, que empezó siendo una clase que se impartía en un cuarto de estar en el Upper West Side de Nueva York y que, después, ha crecido hasta convertirse en escuela on-line: www.writingclasses.com (We teach the craft of writing in a way that is clear, practical, and inspiring).

En Escribir ficción se tratan los temas habituales: personajes, trama, punto de vista, descripciones, diálogo, escenarios, ritmo y voz, tema o incluso el negocio de escribir (volverte loco por escribir y por los dividendos). Esta última sección, y algunos otros aspectos de la obra, «ha sido modificada adaptándose al mercado en lengua española» por la editorial Alba.

Pues sí, lo leí. ¿Puedo empezar ya a escribir como lo hace un (buen) escritor? No, creo que escribiría exactamente igual a como lo hacía antes de leerlo. ¿Ha sido una pérdida de tiempo? No, en absoluto. Algo me llevo, entre otras cosas la lectura de «Catedral», un relato de Raymond Carver que se incluye como apéndice, y que utilizan los autores para ilustrar con ejemplos algunas de las cuestiones que se plantean en el libro.

Pero lo que me interesa en esta ocasión es uno de esos aspectos, concretamente el del punto de vista:

«Las cosas se ven de una manera diferente depende de quién las está mirando y desde qué perspectiva las mire. El punto de vista, al igual que los microscopios y los telescopios, nos puede revelar cosas que de otra manera pasarían desapercibidas».

Uno de los puntos de vista que señala Valerie Vogrin es el de la primera persona con una visión múltiple, como el que normalmente utiliza la técnica epistolar. «Por lo general hay un único narrador que utiliza la primera persona pero también puede haber narradores múltiples. En los cuentos cortos, limitados por su espacio, contar con más de un narrador seguramente afectaría a la capacidad del autor para crear una historia conexa y coherente. Pero un novelista que trabaje con suficiente espacio podría decidir que su historia mejoraría si hubiese más de un testigo describiendo los acontecimientos de su relato».

‘Cabaret Biarritz’ mezcla magistralmente investigación criminal y parodia social. EL PAÍS

Esto es precisamente lo que piensa y hace José C. Cavales, autor de «Cabaret Biarritz» -Premio Nadal 2015-, aunque es seguro que él no necesitó leer el manual del Gotham Witer’s Workshop. Al contrario, deberían utilizar su novela como el máximo exponente de esa técnica: un acontecimiento -el cadáver de una joven de Biarritz aparece sujeto a una argolla del muelle- contado años después por una treintena de personas de distintos estratos sociales que de manera más o menos directa estuvieron relacionadas con la joven. Ese carácter polifónico, de coro con voces de muchos registros, es lo que hace verdaderamente valiosa la novela. «Una de las principales virtudes del punto de vista de visiones múltiples en primera persona es la implicación intelectual del lector, que no le permite sentarse y dejar que le cuenten qué es lo que debe pensar y sentir».

«Es el lector el que debe relacionar las cosas por sí mismo y eso constituye una interesante experiencia de lectura».

Esa implicación intelectual del lector es más que evidente (puedo dar fe de ello) en el caso de Cabaret Biarritz, si bien la técnica narrativa que emplea –nada fácil por cierto- no sea por supuesto su único mérito, ni la garantía de que la novela funcione por sí sola. Sin embargo, funciona a la perfección, y el resultado es una interesante trama criminal insertada en la glamourosa sociedad de la localidad francesa de Biarritz durante un verano de los felices años veinte.

Sin conocer con antelación absolutamente nada de la novela (es la manera de que no haya expectativas que frustrar), y sin que la cubierta me sedujera especialmente (sí, yo soy de los que me dejo influenciar por detalles como ese en mi decisión de lectura, y esta me pareció edulcorada en exceso), encontrar el libro en mi iPad por gentileza de Nubico Premium (mi suscripción mensual de 8,99 €, IVA incluido), y con la garantía del «sello» Premio Nadal, me decidieron a embarcarme en su lectura. Y no me arrepiento, al contrario. Ahora la teoría ya la conocen, quien borda la práctica es José C. Cavales.

Mi recomendación es que pasen y lean ‘Cabaret Biarritz’.

Para saber más: Aquel espantoso verano, es el título de la reseña que escribió Francisco Solano en El País.

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2 pensamientos en “«Cabaret Biarritz», teoría y práctica de una novela

  1. No pretendo ser puntilloso y menos aún utilizar un lugar común, pero la mejor escuela de escritura es la lectura… después de la vida. Es más, te reto por curiosidad a que me encuentres escritores interesantes que no hayan tenido unas vivencias —aunque hayan sido íntimas— igualmente interesantes.

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  2. Pingback: «La buena reputación», y los líos de familia | LA PALABRA INFINITA

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