Literatura paliativa

Fotografía: Carolina Cebrino © 2015

SERGIO DEL MOLINO Fotografía: Carolina Cebrino © 2015

Para quien lee con asiduidad -pero también para quien escribe- la literatura, y los libros en general, pueden tener un efecto terapéutico: el disfrute que recibimos de la lectura puede ayudar al tratamiento de ciertas enfermedades o, al menos, a entretener o hacer olvidar sus perjuicios sobre la salud. Y en ocasiones son un remedio paliativo, una forma de superar -o al menos intentarlo- el enorme dolor por la pérdida de un ser querido. Este último podría ser un caso de literatura paliativa, cuyo protagonista es Sergio del Molino (Madrid, 1979) y La hora violeta (Literatura Random House, 2013). Su relato comienza exactamente así:

Este libro es un diccionario de una sola entrada, la búsqueda de una sola palabra que no existe en mi idioma: la que nombra a los padres que han visto morir a sus hijos. Los hijos que se quedan sin padres son huérfanos, y los cónyuges que cierran los ojos del cadáver de su pareja son viudos. Pero los padres que firmamos los papeles de los funerales de nuestros hijos no tenemos nombre ni estado civil.

Eso es la Hora violeta, la crónica de un padre que escribe sobre el dolor y la angustia del matrimonio que ve morir a su hijo. Es un libro duro, claro, pero donde la literatura encuentra el modo de paliar -si eso es posible- el horror de la pérdida para quien lo escribe, y también para quien lo lee conteniendo la respiración.

Mi hijo Pablo tenía diez meses cuando ingresó en el hospital, y estaba a punto de cumplir dos años cuando arrojamos sus cenizas.

«La muerte de un hijo atenta contra los principios biológicos de la vida», señala otro escritor, Ricardo Menéndez Salmón, autor de Niños en el tiempo (Narrativa Seix Barral, 2014). «Es algo realmente difícil de tolerar, una injusticia casi cósmica».

Sergio del Molino, y también Francisco Umbral en Mortal y rosa (escrito igualmente durante la agonía y muerte de su hijo), han podido utilizar la literatura para sacudirse el dolor o apartarlo al menos gritando a través de la escritura. Dice Sergio del Molino que «Mortal y Rosa es, con mucho, el libro más bello, hondo y suicida que he sufrido». Y añade: «Nunca imaginé que fuera a entender tan intensamente Mortal y rosa sin recurrir a la literatura, ni que algún día lo usaría como un espejo demasiado claro y profundo para mirarlo mucho rato sin sentir las retinas inflamadas».

Sin embargo, otros escritores como James Salter (Nueva York, 1925) no han podido escribir sobre ello: «Yo, desde luego, no puedo usarlo como material narrativo. No puedo escribir de la muerte de mi propia hija [Allan falleció electrocutada en la casa del escritor en Aspen. Salter encontró su cuerpo]».

P.D.- Puedes seguir el Blog de Sergio del Molino aquí.

Anuncios

Un pensamiento en “Literatura paliativa

  1. Fantástico post. Probablemente ésta sea la experiencia más difícil de afrontar para cualquier padre. Pero además del cariño físico, son las palabras inteligentes y amigas la mejor ayuda para reconciliar —si es que ello es posible— a los destrozados progenitores con la vida.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s