Una extraña casualidad literaria

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Fotograma de ‘Lolita’ basada en la novela de Vladimir Nabokov | Gettyimages

Una extraña casualidad podría ser –a mí me gusta- el título para una novela, pero lo es únicamente de esta entrada. Y lo es además literaria por evidenciar un extraño fenómeno: que mis cuatro últimas lecturas consecutivas compartieran (¿casualidad o destino?) el mismo tema. Ustedes lo comprenderán enseguida si digo que fueron de alguna forma cuatro Lolitas -sí, las de Nabokov- donde los protagonistas, de edad y sexo distinto, mantienen una «extraña» relación.

Las cuatro novelas fueron, por orden de llegada:

La comparación con «Lolita» puede parecer forzada pero es cierto que en todas ellas hay mucha sensualidad y algo perturbador, aunque los enfoques sean muy distintos y por supuesto aparezcan también otros temas. Algo así como la misma música pero con distinta letra. Sin embargo todas ellas son altamente recomendables (palabra de lector): disfruté muchísimo con Irving (un descubrimiento para mí), igual que con Eugenides– ambos norteamericanos-. La primera novela de la alemana Krien -la que más se acerca a la Lolita de Nabokov– se lee -yo la leí así- con la boca abierta y el alma en vilo; por cierto, de plena actualidad porque su autora sitúa la historia en un pequeño pueblo del Este de la Alemania recién reunificada. Y el irlandés Banville escribe una novela intimista y de alta tensión desde la primera línea:

Bill Gray era mi mejor amigo y me enamoré de su madre. Puede que amor sea una palabra demasiado fuerte, pero no conozco ninguna más suave que pueda aplicarse.

Todo fue casualidad porque, antes de comenzar a leer, nada sabía de sus temáticas ni de sus autores. Aunque como hace muchos años escuché a Groucho Marx, y quedó desde entonces extrañamente grabado a fuego en mi memoria de pez:

Casualidad llaman los tontos al destino.

 

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6 pensamientos en “Una extraña casualidad literaria

  1. Durante más de 30 años, John Irving ha sido mi autor favorito. Puede llegar a cansarte su obsesión por los osos, los tatuajes y todas las variantes de sexualidad conocida. Pero siempre descubres en sus novelas: el amor que procesa a Dickens (que comparto), que es un hombre cariñoso que idolatra a su familia (nadie como él para plasmar la relaciones padre-madre/hijos) y con un gran sentido del humor (inolvidable la escena de los dibujos volando por el jardín)

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  2. Como estoy cuidando un examen voy a seguir comentando.
    Antigua luz, de John Banville (Alfaguara), un descubrimiento. Yo solo había leído sus novelas negras. Todo el que haya leído su discurso en los premios Príncipe de Asturiasentendera lo magnífico escritor que es.

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    • Es curioso, porque después de terminar de leer Una mujer difícil pensé que me había perdido mucho: por lo menos los 30 años que tú lo has disfrutado. Y es cierto que me llamó la atención lo bien que sabe plasmar las relaciones familiares. Tendré que perseverar tanto con Irving como con Banville en sus dos facetas.

      Muchas gracias por pasar por el blog incluso en momentos sensibles como los de cuidar un examen. Igual alguien aprovechó el descuido…

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