La potencia del libro como industria

Foto: Agencia EFE

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Leí con atención el post de El Ojo Fisgón (el blog de @martingomez78) sobre La crisis, el libro y la industria editorial publicado hace ahora un mes. Por su indiscutible interés, me ha parecido oportuno recuperar aquí al menos algunas de sus líneas principales.

Martín Gómez coincide en el diagnóstico avanzado ya por otros: la incertidumbre sobre la supervivencia de las empresas del sector del libro ante la avalancha de Internet, y que Internet se llevará por delante a dos terceras partes de las editoriales que hoy conocemos e incluso otras empresas relacionadas también con el mundo del libro (agencias literarias, librerías o proveedores de servicios editoriales, por ejemplo).

Entre las razones señaladas que provocan este escenario tan desolador, e independientemente de las que tienen su origen en la situación económica (contracción del consumo por la crisis y reducción de presupuestos y subvenciones), hay dos que llaman poderosamente la atención: los cambios en los hábitos de consumo de contenidos y la degradación del valor del libro. «Por un lado, gracias en gran parte a la omnipresencia tanto de los dispositivos móviles como de la conexión a Internet hoy en día estamos expuestos a una amplia variedad de tipos de contenidos fácilmente accesibles que compiten por captar y acaparar nuestra atención; y, por otro lado, el libro como fuente de acceso al conocimiento, de entretenimiento y de ocio se ha devaluado debido al atractivo, a la rapidez, a la ligereza o a la gratificación inmediata y efímera que otras opciones de bajo coste o gratuitas como los videojuegos, la música, los vídeos o las redes sociales pueden ofrecernos más fácilmente».

Esta situación tiene su correspondiente reflejo –escalofriante- en las cifras de la industria editorial. La caída de la facturación del sector del libro en 2013 fue del 11,7%, si bien desde 2009 acumula un descenso del 29,8% (‘Comercio interior del libro 2013’). A pesar de ello, como señala la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), «el libro sigue siendo la primera industria cultural, pese a la crisis» (‘Análisis del Mercado Editorial en España’) -aun cuando las ventas en 2013 registraron una caída del 9,7%- y España es «una de las principales potencias editoriales del mundo», según el Observatorio del Lectura y el Libro (‘El sector del libro en España 2012-2014′).

Este aspecto, las posibilidades del libro y de la industria editorial como impulsores y/o creadores de riqueza en España, es para mí un factor clave a la hora de proponer soluciones y realizar políticas de fomento en el sector editorial. Algo que, por cierto, un escritor como Antonio Muñoz Molina (entrevista en La Razón) tiene meridianamente claro:

Una de las industrias en la que España es competitiva mundialmente es la del libro.

«Me gusta el hecho de que se recuerde que me dedico a un oficio que puede servir de una manera muy etérea. Se te ocurre un libro, lo escribes, te comunicas con el lector, pero cada uno de esos pasos tiene que ver con un proceso industrial que incluye a muchas personas. Eso es muy importante recordarlo ahora que la gente habla de los intermediarios. Se dice que gracias a internet, por ejemplo, se va a poder prescindir de ellos, pero esos intermediarios no son parásitos sino una parte fundamental de este trabajo. […] En España se piensa siempre que la cultura es algo que no es práctico, pero es un puente fundamental de creación de puestos de trabajo aquí y en la Unión Europea. Crea más puestos de trabajo que la industria del coche».

Muñoz Molina también tiene ideas propias acerca de los formatos del libro:

Cuando se habla en España del libro electrónico o del libro de papel eso es secundario porque cada uno tiene su posición igual que lo tiene la radio o la televisión.

«Es irrisorio porque la cuestión es distinta, más simple y seca. Se trata de si las leyes servirán para proteger no solo los derechos de autor sino el hecho mismo de esa industria que se basa en lo que se basan otras muchas industrias. Es decir, ¿vamos a tener leyes que protejan la propiedad intelectual y el ecosistema del libro o no las vamos a tener? Y en segundo lugar, ¿vamos a tener políticas que sirvan para promocionar el libro o no vamos a tenerlas?».

Pero volviendo a los problemas del sector apuntados, las soluciones que propone el autor del post son cinco:

  • Achicar y aligerar la estructura de grandes grupos ie incluso editoriales medianas.
  • Mejorar el conocimiento y la relación con sus públicos.
  • Fortalecer la apuesta por lo digital y acelerar su reconversión.
  • Optimizar los procesos de producción.
  • Reducir el volumen de producción para ajustarlo a la demanda.
  • Bajar el precio de los libros.
  • Buscar fuentes de ingresos alternativas a la venta de libros.

La receta parece fácil. Que el plato cocinado con esos ingredientes ayude a funcionar el negocio del restaurante ya es otra cuestión.

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Un pensamiento en “La potencia del libro como industria

  1. ¡Hola!
    Hace poco en mi blog también hice un llamado a la reflexión con respecto al futuro de la industria editorial, pero la discusión se desvió y se fue por la ya muy sobada contienda entre el libro electrónico y el de papel.
    El artículo de Martín Gómez y tus comentarios con respecto al mismo me parecen muy pertinentes. Me gustaría tan sólo apuntar un par de comentarios con respecto a este tema.
    La producción de libros impresos en papel, con las nuevas tecnologías de impresión a demanda, evitará que las editoriales, autores independientes y librerías mantengan un mínimo de inventario. Esto puede ser aprovechado por estas tres “entidades” y beneficiar así la industria en general.
    Esa pléyade de personas que se utiliza para publicar un libro, sea de papel o electrónica, se verá definitivamente reducida. Sin embargo, hay procesos que son necesarísimos: un corrector de estilo, el diseño del libro, la maquetación, son irremplazables si se quiere mantener la calidad en el material publicado.
    Creo que estamos ante una reconfiguración del mercado editorial.
    Lo que en verdad me preocuparía es que la cantidad de lectores disminuyera.
    Saludos.

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