Las «Esquirlas» de Ismet Prcic

Esquirlas_Ismet_PrcicDurante la década que duró la Guerra de Yugoslavia (1991-2011) murieron más de 100.000 personas y hubo cuatro millones de desplazados. Uno de ellos fue Ismet Pricic, que abandonó su ciudad de nacimiento, Tuzla, cuando tenía 19 años. Pricic vive ahora con su mujer en Portland, Oregon, y «Esquirlas» (Blackie Books, 2013) es su primera novela, traducida al español por Carlos Milla e Isabel Ferrer.

La huida de aquel adolescente de aquel espanto es el material autobiográfico e inflamable que utiliza Prcic para construir su novela, entrelazando fragmentos de su propio diario con la historia de Mustafá Nalic, su alter ego. Mustafá es un joven bosnio de familia musulmana que obtiene permiso para abandonar Bosnia junto a los integrantes de su compañía de teatro para acudir como invitados a un festival de teatro en Edimburgo. En su escapada logrará llegar a San Diego, California. Allí está a salvo de la guerra, pero no libre de sus recuerdos ni del peso de su conciencia: «Tengo una doble mentalidad para todo: la cara A(mericana) y la cara B(osnia)», reconoce Prcic en su diario, que en las últimas páginas del libro nos da la clave definitiva:

A mí nunca me obligaron a comer testículos humanos ni a disparar a otro ser humano ni a ver cómo se comían los cerdos a mis conciudadanos. No. En lugar de eso, huí. Esa es mi «historia». Dejé atrás a mi madre, a mi padre, a mi hermano, a mi primer amor. Eso es todo. No hay más.

Pero Prcic no se recrea en la descripción de los horrores de la guerra, que utiliza como melodía de fondo del relato, sino que nos abre su corazón y sobre todo nos muestra la desconcertante lucha de quien siente la obligación de sobrevivir. Es el testimonio de quien podríamos haber sido cualquiera de nosotros o de nuestros hijos en una guerra sucedida hace tan solo 20 años, a una distancia de apenas dos mil kilómetros de donde escribo yo ahora, y que vimos por televisión sentados cómodamente en el sofá.

Ismet Prcic ha escrito un relato simplemente bello y estremecedor al mismo tiempo, «un singular conjunto de recuerdos, confesiones y ficciones». Yo lo he leído gracias a la recomendación de Óscar, mi librero de Benedetti, y gracias por supuesto al acierto de Blackie Books (@blackiebooks) al descubrirlo para los lectores en español. Por eso después de leer Esquirlas también yo me siento en la obligación de recomendarla por ser una de esas novelas «imperdibles» que, estando ahí -fuera del circuito-, se pierden para siempre si nadie las descubre para uno.

Mi pistola sabe a cubertería antigua, mati, pero la boca del cañón sabe a Bosnia.

P.D.- También sobre la Guerra de Yugoslavia leí hace algunos años una novela igualmente recomendable: «El Ministerio del Dolor», de la escritora croata Dubravka Ugresic.

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