El hombre que dijo adiós

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«Lo más extraño del regreso de mi esposa de entre los muertos fue la reacción de la gente».

Así comienza «El hombre que dijo adiós» (Lumen, 2013), la última novela de Anne Tyler (Minneapolis, 1941). Tyler es licenciada en literatura rusa por la Universidad de Columbia (Nueva York)  y antes de dedicarse por completo a la escritura trabajó como bibliotecaria.

Ese comienzo ya anuncia claramente lo que nos encontraremos después, aunque he de confesar primero que sin saber nada sobre el argumento lo que realmente me llevó a leer esta novela fue un título con fuerza (mérito de la autora) y una cubierta muy atractiva y bien resuelta (mérito del editor). ¿Son razones suficientes para embarcarse en la lectura de una autora desconocida? Creo que sí y, parafraseando otra cita, diré que «los caminos del lector son inescrutables»…

Aaron es un hombre de treinta y tantos que pierde a su mujer, Dorothy -ocho años mayor que él-, en un desgraciado accidente natural en su casa de Baltimore. Ella era médico y él trabaja de editor en la editorial de su familia. Un año después de su desaparición, Aaron ve y siente la presencia de Dorothy a su lado. Aunque la novela no va de zombis -nada más lejos de la realidad- cuando pasas de  la primera frase y continúas leyendo, crees de alguna forma que vas a ser capaz de admitir la posibilidad de que los muertos regresen a la vida. Es el mérito de la autora, jugar a hacernos dudar sobre si lo que ve y siente Aaron es una realidad física o simplemente una consecuencia del duelo que produce la pérdida de un ser querido. Cerca del final, Tyler pone la solución en boca del propio protagonista:

Dejen que les aclare sin más dilación que no estaba loco. O digámoslo con otras palabras, era plenamente consciente de que ver a una persona muerta era una locura. En el fondo, yo no creía que los muertos regresaran a la tierra (¿regresar de dónde?) y nunca, ni siquiera de niño, pensaba que existieran cosas como los fantasmas. Pero pónganse en mi lugar. Evoquen el recuerdo de una persona a la que hayan perdido y a quien van a echar de menos hasta el final de sus días, y luego imagínense que se topan con esa persona en un lugar público.

Creo no haber desvelado nada crucial como para que alguien deje de leer El hombre que dijo adiós, pero esta duda que esconde el dolor es el motor de la historia que mueve al lector hasta el final. Una historia reducida a los márgenes de la hermana del protagonista y los compañeros de trabajo en la editorial y en la que Aaron hace un recorrido y un balance sincero de su matrimonio.

Escrita en primera persona, Anne Tyler consigue que nos identifiquemos claramente con el protagonista viudo y que nos sumerjamos en la narración a través de una escritura y un ritmo muy cuidados que de alguna forma me recordó a la canadiense Alice Munro.

Anne Tyler (Minneapolis, 1941)

Anne Tyler

Creo que acerté plenamente. Una historia y una forma de contarla que merece sin duda una oportunidad para leer a Anne Tyler aunque, por otra parte, no necesite más reconocimientos. Ha publicado 18 novelas, entre ellas Ejercicios respiratorios, Premio Pulitzer en 1989; El turista accidental, llevada al cine y galardonada con el National Book Critics Circle Award en 1986, o Reunión en el restaurante nostalgia, que obtuvo el PEN/Faulner Award en 1983. El título original de la novela que nos ocupa es The Begginer’s Goodbye, y la traducción al español es de Ana María Buil.

P.D.- Descubro ahora mismo con sorpresa y cierto alborozo -mientras termino de editar esta entrada-, que Anne Tyler y un servidor compartimos fecha de nacimiento: un 25 de octubre; eso sí, con poco más de 20 años de diferencia a mi favor.

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4 pensamientos en “El hombre que dijo adiós

  1. Le he echado un ojo, pero no sabía muy bien que hacer. Ahora, sin embargo, me has dado un motivo para volver a la Feria del Libro y hacerme con un ejemplar. Otro punto que no puedo dejar de comentar es la mención a la elección del libro; ayer mismo en Página2 comentaban la importancia del diseño de las portadas y yo, ingenuamente, pensé que era un tema algo secundario. Bueno, lección aprendida. Saludos,

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    • Espero al menos que no te defraude… Sobre el diseño de las portadas diría al menos que no es un asunto trivial, no solo porque creo que es un factor que mueve a la compra -y por tanto de interés para las editoriales-, sino porque ofrece un ‘producto’ mejor al lector. No es lo mismo tomar un buen vino en un vaso de plástico que en una copa de cristal bueno. El vino es el mismo, pero… Un saludo.

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  2. Es que una portada atractiva y un título con fuerza hacen mucho. Es imposible que se deje pasar el libro que aúna las dos cosas. Y no me he estrenado con esta autora, pero voy a tener que hacerlo, que por lo que cuentas, me parece que la voy a disfrutar.
    Besotes!!!

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  3. Tiene muy buena pinta. En cuanto al tema de las portadas, nunca he comprado una novela por su portada, pero sí es cierto que una portada y un título sugerente me hacen coger un libro y leer la sinopsis. Sin duda, son aspectos claves para engatusar al lector. Otra cosa es que, luego, la historia los acabe de seducir o no.
    Saludos

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