El peregrino

peregrinos

Peregrinos medievales del Camino de Santiago.

De nuevo acudí a la estantería de los libros verdes -la colección de los Premios Ateneo de Sevilla- en busca de lectura. Y allí me encontré con «El peregrino», la novela de Jesús Torbado (León, 1943) premiada hace ya 20 años, en 1993. El título hace referencia obvia a lo que encontré dentro: la historia de su protagonista, el fracés Martín de Châtillon, que ya en el siglo XI emprende el camino que conduce a la tumba del Apóstol Santiago.

«Aunque este relato no pueda ser considerado una novela histórica, o no al menos como un documento temporal, preciso y exacto sobre algún suceso o momento histórico […] casi todo lo que se cuenta en él responde ciertamente a un ambiente, a un espíritu y a la verdad posible en torno a los orígenes del Camino Francés a Compostela», dice Jesús Torbado en la nota de autor final.

Ese ambiente y ese espíritu del Camino de Santiago es exactamente lo que me llevo de esta lectura. Descubrir con curiosidad que el camino era una forma de poblar aquellos territorios del norte de España, entre otras cosas a través de la fundación de monasterios y hospitales que daban cobijo a los peregrinos; que era, además, una vía donde el comercio y la picaresca en torno a las reliquias estaba a la orden del día, y donde la fe, las leyendas y el sentido religioso ocupaban todos los aspectos de la vida en la Edad Media.

Historia 16

El interés por el Camino y sobre todo la vida monacal -debo decir que muy anteriro a la lectura de El peregrino-, me llevó después a buscar entre las cerca de 200 revistas de Historia 16 regalo de mi padre, alguna que se ocupara de estos temas. Y hubo suerte: el nº 70 de Febrero de 1982 dedica a ello su portada -Los monjes que cambiaron Europa- y varios artículos bajo el epígrafe de Los orígenes del monacato (Los monjes de Oriente, Las comunidades célticas, Benito de Nursia y El monacato hispanovisigodo), escritos todos ellos por profesores de Historia Medieval de la Universidad Complutense de Madrid.

San_Benito_de_Nursia_2

San Benito de Nursia.

Por sus páginas he aprendido que si bien San Antonio Abad (250 – 356) está considerado como el padre del monaquismo, Pacomio, un admirador suyo que creyó en las ventajas de la vida en común, se convirtió pues en el padre del monacato en su forma cenobítica. Que ya en Roma Liberio organiza comunidades monásticas femeninas, entre la que destaca la de la noble Paula, que convierte su casa de campo en un monasterio. O que a San Benito (480 – 547) intentaron envenenarlo varias veces sus propios monjes, y que aunque fundó el monasterio de Montecassino, en Italia, no fundó sin embargo ninguna orden religiosa. Fue en Montecassino, construido en 529 y donde transcurrió el resto de su vida, donde Benito se aplica a la organización del monasterio y a la redacción de la Regla benedictina. O que en España Baquiario y Eteria sean considerados el  primer monje y la primera monja con nombre conocido, ambos de finales del siglo IV, aunque sea durante el siglo VII cuando el monacato adquiera una extraordinaria pujanza con las figuras, por ejemplo, de San Fructuoso, monje y obispo de Braga; San Leandro (540 – 600), también monje y obispo de Sevilla, y San Isidoro (560 – 636) sucesor de San Leandro en la sede de Sevilla. San Fructuoso y San Isidoro fueron además autores de dos de las reglas consideradas en realidad como tales, quizá junto también -con alguna reserva- a la denominada Regla Común.

En fin, una serie de lecturas encadenadas a consecuencia de El peregrino, una novela muy entretenida que haría bien en leer cualquiera interesado por la historia y, en mayor medida, los que como yo mismo sueñen con recorrer el Camino de Santiago en algún momento de su vida. En mi caso el Camino Francés, completo y continuado, sin más ayuda que el bordón, la concha y la calabaza.

P.D.- Increiblemente casual ha sido leer mientras esto escribía en uno de los blog que sigo –Cambiando de tercio-, la última entrada de su autor titulada De vuelta… Estaré atento porque irá contando algunas de sus sensaciones y vivencias tras concluir el camino. Como adelanto dice que ha sido «una experiencia rica, de reencuentro y, quizás, de reposicionamiento vital».

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