La desmemoria del amante bilingüe

Juan_Marse_el amante bilingüe

Edición de Seix Barral.

Fue toda una sorpresa encontrar, en la última página de «El amante bilingüe», la fecha del día en que terminé de leer la novela… 22 años antes. Elegí aquella novela de 1990 de Juan Marsé entre los títulos de la colección de los Premios Ateneo de Planeta, encuadernados en verde, y la volví a leer tantos años después sin sospecharlo, en una mala pasada de mi memoria, corta como supongo que puede ser la de un pez. Lo que aparecía escrito a lápiz de mi puño y letra en aquella última página era lo siguiente: «1 de Febrero de 1991 en la parada de autobús de “El caballo de Acero”».

Más que una sorpresa fue una conmoción reconocerme en aquel tiempo, en aquella esquina entre las calles de Alcalá y Menéndez Pelayo de Madrid, en la puerta de esa tienda de bicicletas que creo que todavía existe, con 22 años menos, cuando mi primer hijo tenía apenas cuatro meses. La historia de Juan Marés y el Faneca (alter egos del propio Marsé) y Norma Valentí, el charnego y la joven catalana de buena familia, que yo debía recordar -aunque es cierto que pensaba en ellos como los protagonistas de la  gran novela de Marsé, Últimas tardes con Teresa-, pasaron a un segundo plano.

Leer dos veces el mismo libro de forma inadvertida me ha hecho pensar que me hago mayor. Algo que en realidad no me preocupa porque, efectivamente, nos sucede a todos lo queramos o no y lo verdaderamente importante es cumplir años. Pero me deja un gusto amargo, como si hubiera visto a un viejo amigo y no hubiera sido capaz de reconocerlo.

Da igual, son cosas mías. Si no han leído a Marsé, háganlo. Últimas tardes con Teresa, La muchacha de las bragas de oro, Rabos de lagartija o este amante bilingüe son los marsés que yo he leído. Dibuja a sus personajes con tiralíneas y los rellena de vida para hacerlos absolutamente reconocibles y cercanos al lector:

Seguía sin ser hermosa, pero conservaba, a sus treinta y ocho años, una esplédida figura y aquel aire de calculado extravío, una voz colorista y una sugestión ligeramente gaudiniana, como de cerámica troceada: un capricho en los rasgos, una ondulación en las formas. Tenía los ojos largos y separados, la nariz recta y los pómulos altos, levemente constelados de pecas. Y, sobre todo, la boca carnosa y pálida, sin sangre, de muñeca.

Marés sentía desintegrarse día a día su personalidad. Puesto que el astroso músico callejero era también, en el fondo, un personaje inventado, empezó a ser expoliado: algunas mañanas no era capaz de articular una palabra en catalán, tocaba el acordeón con el parche en el ojo y con patillas, y parecía ausente.

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4 pensamientos en “La desmemoria del amante bilingüe

  1. A mí me ocurrió algo parecido cuándo me devolvieron un libro dejado once años atrás; tenía escrito mi nombre en la primera página con una caligrafía que ya casi no era la mía. La nostalgia de un mismo nace de detalles así más que de recuerdos precisos o antiguas fotografías.
    Leeré a Marsé, ahora que mi segunda hija tiene dos meses.

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  2. No he leído nada de Marsé aunque en casa tengo hace más de una década “La historia de la prima Montse”, probaré a ver. Leer dos veces el mismo libro, con tantos años de diferencia, me parece una experiencia fascinante porque seguro que lo que en él encontramos es totalmente distinto a lo que vimos la primera vez. Yo he releído algún libro diez años después, y lo que entonces no comprendía, ahora lo comprendo, por lo que lo disfruto mucho más o, simplemente, de forma diferente.

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