Conversación en La Catedral

Biblioteca Vargas Llosa. Editorial Alfaguara.

El primer recuerdo que tengo de Conversación en La Catedral es de mediados de los ochenta, en Navacerrada, el pueblo de la Sierra de Madrid donde pasábamos los veranos. Un amigo de mis padres, M.P., apareció en una de aquellas vacaciones con un libro grueso de Mario Vargas Llosa con aquel título tan sonoro -a mí me lo pareció, como si las voces de esa conversación se elevaran hasta lo más alto de la nave central o del crucero-.

Pero lo que me quedó grabado con más fuerza fue ver en sus ojos el regocijo que su lectura le iba a proporcionar, como si no hubiera mayor placer que dedicar las vacaciones a leer un buen libro. Desde entonces -y ya han pasado cerca de treinta años- en la recámara de mi cerebro siempre quedó la idea de leer aquella novela. Por fin, Conversación en La Catedral ha sido mi primera lectura del año, la única en el mes de enero, y que curiosamente terminé el día en que mi hija pequeña cumplió su mayoría de edad.

Vargas Llosa publicó esta su tercera novela en 1969, escrita con gran esfuerzo entre varias ciudades (París, Lima, Washington, Londres y Puerto Rico): «Ninguna otra novela me ha dado tanto trabajo -escribe el autor en el prólogo de esta edición-; por eso, si tuviera que salvar del fuego una sola de las novelas que he escrito, salvaría esta». «La casa verde», que también leí recientemente, fue su segunda novela, y «La ciudad y los perros», cuyo cincuenta aniversario se cumplió el año pasado, la primera, que aún no he leído.

Coversación en La Catedral es una gran novela, y no sólo por el número de páginas (setecientas ochenta y dos). Aparte de los meritos literarios que indudablemente tiene, de lo que haya significado en su carrera de escritor o en la historia del boom latinoamericano, es una obra que cualquier lector que se precie debería considerar aunque sea tantos años después.

Si cuando terminas de leer esta larga conversación, el personaje del joven Zavalita -periodista que escribe en La Crónica de Lima- todavía te da vueltas en la cabeza y su historia de alejamiento y desencanto te ha conmovido, es que hay algo especial en ella, ese poso que dejan los libros que no se olvidan con el paso de los años. “¿En qué momento se había jodido el Perú?” se pregunta Zavalita en las primeras líneas de la novela. Dice Vargas Llosa:

Ese clima de cinismo, apatía, resignación y podredumbre moral del Perú del ochenio (1948-1956), fue la materia prima de esta novela, que recrea, con las libertades que son privilegio de la ficción, la historia política y social de aquellos años sombríos.

Aún siendo esa la materia prima, Conversación en La Catedral no es una novela histórica ni política sino de personajes; además de Santiago Zavala, de quien conversa con él en el bar La Catedral -Ambrosio-, del ministro Cayo Bermúdez, de Queta, de la familia de Zavalita, y de muchos otros que son cada cual una pieza imprescindible y sincronizada de un mecanismo novelado que demuestra porqué Vargas Llosa es un magnífico narrador.

Es una novela que no está en las mesas de novedades de las librerías pero que sí supondrá una grata novedad para quien como yo se acerque por primera vez a ella. Merece la pena.

Editorial Alfaguara
Biblioteca Vargas Llosa
ISBN: 978-84-204-0941-2
Madrid, 2011
872 páginas

P.D.- Y de Mario Vargas Llosa (a quien volveré sin duda) a Albert Sánchez Piñol y «La piel fría».

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4 pensamientos en “Conversación en La Catedral

  1. Tu recuerdo de la infancia me ha hecho rememorar uno mío. Había por casa un libro con la portada rota y al que le faltaban muchas hojas: “Momo” de Michael Ende. Entonces me quedé con ganas de leerlo y no lo hice hasta 20 años después. Me gusta saldar mis cuentas pendientes y aún hoy tengo varias con libros infantiles que trataré de cumplir.
    Respecto a “Conversación en la catedral” sé que de este año no pasará, ¡la leeré! Con tu frase “no es una novela histórica ni política sino de personajes” me has despejado toda duda. Unos buenos personajes suelen dar lugar a una novela que queda en el recuerdo.

    PD: Es curioso que me llamen mucho más las primeras novelas de Vargas Llosa que el resto de su obra. Mis objetivos respecto a él son básicamente ésta y “La ciudad y los perros”.

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  2. Pingback: «Yo confieso», de Jaume Cabré, premio Palabra Infinita de Lectura 2013 | La Palabra Infinita

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