La trampa de leer «84, Charing Cross Road»

Igual que es necesario comer para vivir, así necesito yo leer para sentirme vivo. Sin embargo hay ocasiones en que uno, sin saber por qué, pierde un poco el apetito y lo que otras veces gozaba con una buena comida ahora le cuesta incluso sentarse a la mesa.Algo parecido me ha sucedido a mí, que las complicaciones de la vida cotidiana me han tenido apartado de los libros y distraido de la lectura.
Dicho todo lo cual, el último bocado que me llevé a la boca fue la lectura de «84, Charing Cross Road», (traducción de Javier Calzada para Anagrama) la novela de la norteamericana Helene Hanff (1918-1997), que resultó ser un libro con trampa. Aunque recomendado por varios lados, no conocía nada de su argumento ni de su autora, y por eso hablo de trampa entre comillas, porque no sabía las circunstancias de cómo fue escrito ni publicado, algo que sólo al final descubre el lector inadvertido como yo en el Post Scriptum incluido en el texto. Comienza el libro con una breve carta escrita en Nueva York en octubre de 1949, y lo que me pareció un recurso para el inicio se convierte en la estructura de toda la novela (si se puede llamar así), una sucesión de cartas cruzadas durante 20 años entre la autora y varios de los personajes que trabajan en Marks & CO., una librería de Londres donde Helen Hanff encarga los libros que no puede conseguir en otro lugar.
84, Charing Cross Road (Londres)
La relación epistolar tiene como protagonista principal, además de a la autora, a Frank Doel, encargado de Marks & Co., que se desvive por atender las peticiones de Hannf a pesar del tono que emplea en sus cartas, que pasa del respeto a la ironía y a un lenguaje desabrido por su propia espontaneidad, creándose entre ellos una especial complicidad. A lo largo de tantos años, entre ambos y algunos otros empleados de la librería se crean unos lazos de amistad forjados en la distancia a través del amor por los libros y por el deseo de que Helene Hanff viaje finalmente a Londres.
No diré que quedé decepcionado al saber que el libro es el resultado de una historia y una correspondencia real, pero como siempre ocurre cuando alguien pone demasiadas expectativas en algo es fácil sentirse defraudado. Creo que eso fue lo que me sucedió con la lectura de «84, Charing Cross Road». Así supe después que fue el libro que dió a conocer a su autora y que tuvo su versión cinematográfica en 1987 -al decir de algunos una de esas películas que supera al libro en el que se basa- protagonizada por Anthony Hopkins en el papel de Frank Doel y Anne Bancroft como Helene Hanff (en español titulada La carta final) y que fue llevada también al teatro, en el caso de España por Isabel Coixet hace algunos años.
La propia Helene Hanff no escapa a la sorpresa: “He pasado veinte años escribiendo piezas teatrales que nadie ha querido producir nunca, y he aquí que, en el momento en que estoy a punto de retirarme, alguien crea de pronto un espectáculo a partir de una correspondencia que inicié hace ahora treinta años”.
A la salida del estreno de la película en 1987, un periodista de la revista Newsweek declaró: 84, Charing Cross Road es uno de esos libros de culto que los amigos se prestan unos a otros y que transforman a sus lectores en otros tantos miembros de una misma sociedad secreta”.
P.D.- Mis últimas lecturas han sido de obras publicadas por Anagrama en su colección Panorama de narrativas, pero he de decir en mi descargo que toda relación con la editorial es pura coincidencia.
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11 pensamientos en “La trampa de leer «84, Charing Cross Road»

  1. Siento haber creado expectativas alrededor del libro, y que finalmente no se hayan podido cumplir. A mí su lectura me ha resultado muy placentera, aunque reconozco que no es una ópera prima. En todo caso, siempre quedan muchos otros libros de tapa amarilla (como, por ejemplo, "La calle de las tiendas oscuras" de Modiano), que seguramente dejarán un mejor sabor de boca.

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  2. Mi querido Javier: yo también lamento que la novela -si es que puede llamarse así- no cumpliera tus expectativas. ¿Trampa? Depende. Yo me acerqué a ella a sabiendas de todo, de que era una historia real, de que la propia autora se sorprendió con su éxito. Y me encantó. Es posible, sí, que cuando uno se genera demasiadas expectativas en torno a algo, se obtenga menos de lo que se esperaba, pero también es posible que nos acerquemos a algunas obras en el momento equivocado. Tal vez yo tuve la suerte de no encontrar el momento hasta unas deliciosas vacaciones, esos días en los que es posible olvidarse de todo a ratitos, centrarse en lo que una lee, creérselo todo, imaginar esas vidas alejadas por miles de kilómetros y tan cercanas en su amor por los libros… como este blog, que nos deja compartir estas cosas.No es una obra maestra, no, pero la historia encandila. Astrid: no he visto la peli, pero a lo mejor vale la epna que te lleves el libro a la playa… :-)Gracias por compartir.

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  3. No es culpa de nadie Offuscatio, ni estoy arrepentido de haberlo leído y puedo decir incluso que disfruté con su lectura, pero simplemente menos de lo que esperaba. Y es cierto, habrá otras lecturas de tapa amarilla como la novela de Modiano quenme sugieres. Queda apuntada; me encantó 'En el café de la juventud perdida'. Muchas gracias por pararte en esta Palabra Infinita.

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  4. Marta, digo trampa-entre comillas- porque no supe que se trataba de una historia real hasta el final. Quizá a ti misma te hubiera causado otra impresión la lectura si no lo hubieras sabido tampoco. Es el efecto que produce ver una película "basada en hechos reales", que nos llega más al corazón. Sobre el momento de leer los libros, te doy toda la razón. La situación en la que lees sí que puede cambiar completamente tu percepción y el disfrute sobre el texto.Mil gracias a ti por detenerte a leer y comentar en La Palabra Infinita. Un saludo.

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  5. Javier a mi me gustó mucho, pero tengo que decir que los libros de cartas me fascinan. Este libro tiene esa complicidad que se crea, esos paquetes que se mandan y ese encuentro que no sucede, una delicia.Se te echaba en falta.Un saludoTeresa

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  6. Pues a mi el hecho de que sea una historia real, que también descubrí al acabar el libro, fue el broche final a una historia que me encantó.Por cierto, yo también estoy pasando por una época floja de lecturas, y cómo lo echo de menos…

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