Autopsia literaria

Desentrañar las claves que dan vida a una novela

Fue hace algunos días, al leer sobre la reedición de «Cartas a un joven novelista», del ahora omnipresente Mario Vargas Llosa, cuando recordé la historia que me contó un amigo hace algún tiempo. Sobre el libro dice el propio escritor que no es un manual para aprender a escribir, sino un ensayo sobre la manera cómo nacen y se escriben las novelas, basándose en su propia experiencia.

Lo que mi amigo me contaba es que mientras leía una novela en verano, subrayaba y tomaba notas en sus márgenes y en una libreta sobre todo aquello que después le ayudara a entender los entresijos de su esqueleto, obtener alguna luz sobre cómo escribir una novela y desentrañar las claves para dar vida a una historia.

Mi amigo anotaba cosas como “[el autor] descubre el lugar y su entorno”, “primera vez que se menciona el nombre del protagonista”, “referencia temporal”, “descripción de X”, “introduce la voz de un amigo”, “diálogo indirecto”, etc., o subrayaba frases que suponían detalles de interés en el devenir de la trama. En definitiva, cualquier marca que después ayudara a rastrear las intenciones del autor.

Pero si has llegado a leer hasta aquí, puedo ya entonces confesar que no existía tal amigo y que quien hacía de forense intentado realizar aquella especie de autopsia literaria era yo mismo. Y el cuerpo en el que hendía el bisturí con forma de lápiz era «El pintor de batallas», la novela de Arturo Pérez Reverte (@perezreverte). Debo decir sin ningún rubor que fue un vano intento por entender un mecanismo dotado de vida propia engendrado en la mente del escritor.

En Cartas a un joven novelista, Vargas llosa sintetiza el análisis de su discurso sobre la creación literaria, y ofrece alguna clave sobre ello también en términos forenses: “He intentado describir algunos recursos de que se valen los buenos novelistas para dotar a sus ficciones de ese hechizo al que caemos rendidos los lectores. Y es que la técnica, la forma, el discurso, el texto, o como quiera llamársele -los pedantes han inventado numerosas denominaciones para algo que cualquier lector identifica sin el menor problema- es un todo irrompible, en el que separar el tema, el estilo, el orden, los puntos de vista, etcétera, equivale a realizar una disección en un cuerpo viviente”.

PD.- Si no has leído El pintor de batallas, es un libro que merece la pena considerar. Mucho.

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