Una brizna de hierba seca

Eran jóvenes y guapas. Rabiosamente jóvenes y rabiosamente guapas. Con una sonrisa y un gesto muy lejos del sufrimiento y de la idea de la muerte. Pero su vida se apagó esta semana sin remedio, para recordarnos una vez más -en medio de un pasmo y un dolor intenso-, que somos frágiles como una brizna de hierba seca.
Madeline Linn viajaba en el avión (Continental Connection Flight 3407) que se estrelló en el estado de Nueva York, tenía 24 años y había sido jugadora de hockey en la St. Mary’s University de Winona. Eluana Englaro tuvo un accidente de tráfico en 1992, cuando tenía 22 años, que le dejó en estado vegetativo en un hospital de la localidad de Lecco, al norte de Italia. Murió 17 años después en medio de una agria polémica sobre el derecho a morir.

“Entonces, dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán. Por tanto, manteneos despiertos pues no sabéis qué día va a llegar vuestro Señor.
Ya comprendéis que si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, se quedaría en vela y no lo dejaría abrir un boquete en su casa. Pues estad también vosotros preparados, que cuando menos lo penséis llegará el Hombre”. (Mateo, 24 40-44).

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