Three cups of tea

Alterné la lectura accidentada de ‘Cementerio de pianos’ con la lectura de un libro en inglés con la intención de reforzar el idioma. Bueno, pues he terminado de leer ‘Three cups of tea’ (Penguin Books, 2007) que compré por Internet después de ver una publicidad en la web de The New York Times. Y lo que empezó como un ejercicio práctico de idioma ha concluido como una sorpresa muy interesante, no sólo por la satisfacción de haber leido mi primer libro en inglés sino también por la forma en que está escrito y, lo más importante en este caso, por la historia real que contiene.

Este New York Times Bestseller está escrito por su protagonista, Greg Mortenson, y por el periodista David Oliver Relin, y relata la aventura de Mortenson que tras el fracaso en la ascensión del K2 en el noroeste de Pakistán, descubre que los niños de las remotas aldeas de aquella región no tienen donde recibir su educación escolar. Ese es el punto de partida de su lucha por financiar y construir escuelas en Pakistán y Afganistán.

“Here (in Pakistan and Afghanistan), we drink three cups of tea to do business; the first you are a stranger, the second you become a friend, and the third, you join our family, and for our family we are prepared to do anything, even die”.
Haji Ali, Korphe Village Chief, Karakoam Mountains. Pakistan.

Leer este libro, aún con las dificultades del idioma, me ha regalado tres cosas: en primer lugar, la admiración por la tenacidad, la entrega y la generosidad del personaje frente a los que vivimos instalados en la comodidad de nuestras vidas, incapaces de hacer algo por los demás. En segundo lugar, la curiosidad que precisamente ha despertado en mí conocer algo más sobre esos dos países, Pakistán y Afganistán, desde hace varios años sumidos en la pobreza, el terror y la guerra. Y, en tercer lugar, el inmenso valor -hasta hacer de ello la herramienta más poderosa- que Greg Mortenson concede a la educación de los más jóvenes, y sobre todo de las niñas, para luchar contra la ignorancia, que es el origen de la pobreza y de la violencia en aquella región.

Me pregunto qué será ahora, cuando ha vuelto la peadilla de la guerra, de los niños de aquellas pequeñas aldeas donde Greg Mortenson levantó escuelas y despertó la ilusión por un futuro mejor.

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