Tokio blues

Comencé 2007 leyendo ‘Tokio blues, Norwegian Wood’ (Tusquets editores), una novela escrita por el japonés Haruki Murakami en 1987. Por entonces había aparecido en las librerías ‘Kafka en la orilla’ -un libro de 2002, pero no quería conocer su escritura sin pasar por el que había sido su auténtico éxito (Tokio blues) y por el que había sido reconocido como un autor de culto.

Y no me defraudó. Fue una sorpresa maravillosa. Es una novela de iniciación, de la adolescencia de unos personajes (Watanabe, Naoko, Kizuki, Midori) que buscan su sitio en el mundo a finales de los años sesenta en Tokio.

“La muerte no se opone a la vida, la muerte está incluida en nuestra vida”

En un momento, al final casi de la novela, Watanabe, el protagonista, ofrece una de las claves del libro: “Maduraré. Me convertiré en un adulto. Debo hacerlo. Hasta ahora había deseado permanecer eternamente en los diecisiete o dieciocho años. Pero ya no lo pretendo. Ya no soy un adolescente. Tengo sentido de la responsabilidad”. Y desde luego habla del amor, del sexo, de la amistad (“tampoco entendía por qué me había escogido como amigo. Yo era una persona corriente a quien le gustaba estar a solas leyendo o escuchando música, no tenía nada que pudiera llamarle la atención a alguien como Kizuki”) y de la muerte (“aquella misma noche …… se había suicidado y, a partir de entonces, una corriente de aire helado se había interpuesto entre el mundo y yo. Me pregunté qué había representado ……. para mí. No hallé respuesta. Lo único que sabía era que, con su muerte, había perdido para siempre una parte de mi adolescencia. Podía percibirlo con toda claridad. Pero discernir qué significado podía tener o qué consecuencias podía conllevar era algo que no alcanzaba a ver”). También sobre la muerte reflexiona después Watanabe: “La muerte no se opone a la vida, la muerte está incluida en nuestra vida”.

Además, y fue una más de las razones que me llevaron a su lectura posterior, el protagonista comenta que “Yo iba correctamente vestido, me había afeitado aquella misma tarde y, además, estaba absorto en la lectura de La montaña mágica, de Thomas Mann”. Sumergirse en ‘Tokio blues’ es dejarse llevar por una lectura absorbente y sorprendente que yo recomiendo vivamente. Puede que ahora sea ya el tiempo de leer ‘Kafka en la orilla’, ‘Crónica del pájaro que da cuerda al mundo ‘ o ‘After dark’.

Me gustó ‘Tokio blues’ también porque pude imaginar algunas de las calles o percibir a alguno de los paisajes y aromas que yo mismo descubrí en aquella ciudad hace algunos años (la foto de Tokio la hice yo en aquellos días del mes de junio de 2003).

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3 pensamientos en “Tokio blues

  1. Tambien tengo en el pueblo, Kafka en la orilla y El pájaro que da cuerda al mundo. Es increible pero consigue no repetirse. Su imaginación es portentosa y su peculiar universo te atrapa de tal manera que yo me he leido sus libros de un tirón aunque intentaba controlarme para prolongar el placer de la lectura. Mirentxu

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  2. Me cautivó Tokio blues y sí que tengo ganas de leer más cosas suyas, pero prefiero espaciar las lecturas de un mismo autor para no darme un atracón (a lo mejor es una regla estúpida, sobre todo si no se repite). Te contaré. Y una alegría “verte” por estos lares…

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  3. Pingback: Volver al Murakami del chico sin color | La Palabra Infinita

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